Esquinado, impertinente, antipático. Ésta es una de las definiciones que el diccionario de la Real Academia de la Lengua da a la palabra borde. Y es que los bordes están de moda en televisión, con los chicos de 'Aquí hay tomate', el Dr. House y Mercedes Milá a la cabeza. Los bordes son gente que emana mala leche con más o menos gracia y bastante sinceridad. Pero casi siempre dan lugar a un buen espectáculo televisivo. ¿Quién no recuerda el he venido a hablar de mi libro de Paco Umbral? En el momento actual dos programas están capitalizando a la perfección a sus bordes residentes, 'Operación Triunfo' y 'Supermodelo 2006'.
'OT' lo tiene muy fácil, ya que tiene a dos bordes en pleno funcionamiento, Noemí Galera y Risto Mejide. Como Galera ya tuvo sus oportunidades de lucimiento el año pasado (y como resultado de ello no podrá ir de vacaciones a Canarias nunca más sin protección policial), tenemos que resaltar a ese borde revelación que es Risto Mejide, un creativo publicitario que aspira a que lo confundan con Bono de U2. A Risto, para el que eres producto o no eres nada (o la vida como un gran supermercado), le debe apetecer que lo contraten para verbenas de pueblo en vez de ir a sesudos congresos y seminarios profesionales. Lo de que los triunfitos tienen que montar giras de tres en tres porque en solitario la mayoría no llenarían un geriátrico queda como una perla difícil de superar.
Mientras, más allá de su insulsa premisa, la torpe colocación de marcas en decorados varios y los esfuerzos de Judith Mascó por demostrar que tiene gancho en pantalla cuando habla y no sólo desfila (algo coartado por unos encargados de vestuario a los que obviamente no cae bien), 'Supermodelo 2006' se ha convertido en un ejercicio de sadomasoquismo. Si cada vez que una de las concursantes se pusiese a llorar me tomara un sorbito de vino, la del miércoles sería la noche del coma etílico. Y es que aquí el personal llora ante cualquier signo de desaprobación por parte de los profesores o las compañeras. No es de extrañar que a tanta niña malcriada desesperada hasta la neurosis por gustar, la competitividad del mundo de la moda le pase después una factura elevada.
Aunque si yo hubiera tenido un profesor como Valerio Pino, también me hubiese puesto a llorar, aunque no sé si antes o después de, como en un memorable capítulo de la serie 'Ángel', meterlo en una caja de metal y tirarlo al fondo del océano. Valerio, que aunque italiano parece a ratos un clon de Boris Izaguirre, se excita sobremanera cuando nuestras heroínas cometen errores andando por la pasarela y se pone a chillar como de si de ello dependiera la continuidad de la especie humana. Las histerias de Valerio han llegado a ser tan ridículas que han convertido a 'Supermodelo 2006' en un programa cómico de nivel. La afirmación de que la comedia ya no funciona entre los espectadores carece de base: sólo hay que saber hacer gracia.
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