Re: Un paso adelante, 15 años atrás. RELATO LARGO
#5 
31/08/2012 - 11:57
Gonzalo se quedó perplejo, apenas podía pronunciar palabra. Ella continuó.
- Fuiste tú el que me robaste el alma, el que me robaste el corazón, desde entonces no puedo vivir ni un solo día sin pensar en ti, sin sentir cada noche la ausencia de tus besos, de tus palabras, de tus caricias, has sido y serás el único hombre de mi vida. Nunca te podré olvidar.
Juan es un buen hombre, y creía que con él podría ser feliz, pero es mejor así, yo no puedo quitarme tu huella de mi alma, tengo tus besos grabados a fuego en mi corazón, lo he intentado durante todos estos largos años, pero no lo consigo.
Gonzalo permanecía en silencio, embriagado de aquellas palabras y perdido en sus grandes ojos, Margarita continuaba hablando.
-Gonzalo yo todavía te amo, te amo tan intensamente como el primer día, y ya no puedo más, yo no puedo vivir así, ya no puedo.
En aquel momento en el que Margarita le hablo de sus sentimientos, de sus emociones más intimas, Gonzalo sintió como en el fondo de su alma renacían todos los recuerdos, las vivencias que habían compartido y que permanecían allí dormidos, aquellos deseos que tanto había intentado retener, silenciar, enterrar. Se quedó mirándola fijamente, era tan hermosa, la quería tanto, la deseaba tanto, sus ojos se dirigieron hacia sus labios, los sentía sin apenas rozarlos, un impulso descontrolado le subía de los pies a la cabeza, pero Gonzalo se resistía, la razón se imponía de nuevo entre ellos, como una barrera invisible. Pero aquellas palabras volvían a inundar su espíritu endurecido por el tiempo, pero esta vez era diferente, Gonzalo ya no quería luchar más contra sus sentimientos, tanto tiempo negando lo innegable, enterrando sus más profundos sentimientos. La había buscado en el rostro de cada mujer que había conocido en su deambular por el mundo, la buscó en toda mujer que se le acercaba, en toda mujer a la que había poseído, incluso la buscó en la madre de su hijo, pero ninguna como ella, Margarita fue, era y sería lo que más quería en la vida, entre ellos había habido mucho dolor, y ya era hora de enmendar el error que cometió al no buscarla cuando volvió de oriente, al no perdonarla en aquel momento, era momento de reparar lo que el destino les había hecho vivir.
Margarita ya no hablaba, permanecía en silencio mirándole con desasosiego. Gonzalo volvió a buscar sus ojos y se volvieron a encontrar de nuevo, el brillo de sus miradas impactaron en sus respectivas almas como un rayo chispeante de energía, lentamente los dos fueron cayendo en su gran pasión dormida, un deseo puro que nacía desde el fondo de sus almas, hasta fundirse en un profundo beso, un beso que al principio fue dulce y rebosante de amor, pero que poco a poco se transformo en una pasión desmedida. Gonzalo lentamente fue despojando a Margarita de su ropa sin dejar de besarla, ella se dejaba hacer, era feliz, no le importaba nada, solo quería sentirse querida, amada, deseada por su gran amor, Gonzalo.
Poco a poco se dejaron caer en aquel lecho, y se enredaron entre las sábanas junto con su delirio, entregándose ambos en cuerpo y alma a los placeres del amor. Gonzalo fue dibujando con sus labios el frágil cuerpo de Margarita, pliegue a pliegue, rincón tras rincón, saboreando aquel cuerpo que se curvaba y retorcía de placer entre sus fornidos brazos. Margarita sintió toda la fuerza y la pasión de Gonzalo como penetraban en ella, todo el amor y el deseo de tantos años reprimidos, acumulados en su interior salieron de lo más profundo del alma de Gonzalo, inundándola de placer, llegando a tocar el cielo con las manos.
Gonzalo, sentía como las suaves manos de Margarita le cubrían todo su cuerpo, llenándolo de sensaciones indescriptibles hasta ese momento, devolviéndole ese fuego que durante tantos años había buscado, había añorado, había deseado. Sintió como aquellas frágiles manos iban lentamente deshelando su alma y volviéndolo a la vida.
Ya no les importaba nada ni nadie, solo existían ellos dos, el uno y el otro, como se prometieran muchos años atrás, ahora les tocaba vivir y disfrutar de todo el tiempo robado por las Moiras, en el transcurrir de sus vidas.
Así transcurrió toda la mañana, entre caricias, besos y gemidos, hasta que quedaron rendidos el uno junto al otro, abrazados en silencio. Gonzalo acariciaba el cabello de Margarita y solo tenía palabras de amor hacia ella, y ella le regalaba una enorme sonrisa y le contestaba con un cálido beso.
Sátur llegó corriendo a casa de Gonzalo de Montalvo, el maestro de la villa, buscaba a su amo con desazón, y entró con velocidad en la alcoba, como hacía siempre, sin previo aviso.
-¡Amo! ¡Amo!-Tras franquear la puerta se quedó entre perplejo y complacido-¡Señora! Perdóneme usted, yo venía…Bueno yo…
-¡Sátur!- gritó Gonzalo mirando de soslayo a Margarita- ¿No sabes picar a la puerta?
-Amo, no hubiera entrado así si no fuera importante, tengo que contarle algo que…
-Está bien, Sátur, pero no puedes quedarte ahí, sal de la habitación y espérame que yo salgo enseguida.
-Bien, pues…le espero fuera- lanzó una sonrisa picara a Gonzalo.
-Disculpe de nuevo Señora, es que no me esperaba encontrarlos ahí… liaos.
-¡Sátur!- respondió Margarita visiblemente sonrojada.
-Bueno, bueno, yo mejor me voy.
-Sí, anda vete, porque la estás liando como siempre.- Comentó Gonzalo al ver a Sátur enredando como era de costumbre.