De Avila, las patatas revolconas.

Las patatas revolconas requieren para su preparación, además de una buena calidad de tubérculo, un inigualable pimentón de la Vera, laurel y ajo. Se trata de cocer hasta sacar de las patatas un puré. Luego se le añade trocitos fritos de tocino, a poder ser bien crujientes.
La forma habitual de edificar este manjar típico consiste en freir los tacos de tocino, cuando quedan como torreznos bien crujientes, se retiran y en la grasa producida se añaden pimentón y ajos. Se sofrien y luego se añaden en la cazuela donde hayamos puesto a cocer las patatas (llevarán cociendo poco más de media hora). Luego se mueve todo con una cuchara hasta que nos dé por resultado un puré rojizo. Este se emplata en cazuela de barro y encima se colocan dispersos los torreznos.
Santa Teresa, responsable de traer las patatas a Ávila
Y si tenemos que buscar el origen de las patatas machaconas no nos podemos ir tan lejos como los orígenes medievales de la ciudad. Los pobres obreros que construyeron las murallas no podían saciarse con éste exquisito manjar, ni el pimentón ni las patatas habían llegado aún a España a principios del siglo XII. Así que si queremos saber quiénes fueron los primeros en comer este plato abulense tendremos que viajar hasta el siglo XVI.
Tanto el pimentón como la patata llegaron primero a la península y luego al resto de Europa de manos de los colonos que regresaban de las Américas. Cólon patentó en su diario el pimentón el 15 de enero de 1493. Pero la patata llegó mucho después. Los colonos la trajeron a España a mediados del siglo XVI, pero no la comían aún, simplemente la veían como algo curioso. Hasta 1571, cuando comenzaron los grandes periodos de hambruna, en España nadie había probado este tubérculo. Los primeros en hacerlo fueron las gentes pobres de Sevilla, y dado el éxito, pronto Sevilla se colmó de estas plantas de flores blancas, alivio para el hambre, exquisito manjar.
De Sevilla, la patata viajó directamente a Ávila, y el producto se extendió gracias a la santa mano de Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila para los amigos, patrona de esta ciudad que la vio nacer y crecer. Y sabemos que se extendió gracias a su santa mano porque la propia Teresa, como muestra de agradecimiento, envió una carta a la abadesa del Convento del Carmen de Sevilla, con fecha del 19 de diciembre de 1577, que rezaba lo siguiente: "Jesús sea con vuestra reverencia siempre, mi hija. La suya recibir, y con ella las patatas y el pipote y siete limones. Todo vino muy bueno, mas cuesta tanto el traer, que no hay para qué me envié vuestra reverencia más cosa ninguna, que es conciencia".
Y como en Ávila eran y son muy de echar pimienta a todos los alimentos, es muy posible que fuese en el convento de esta Santa donde se gestase la idea de las patatas revolconas... De lo que están seguros los historiadores es de que este producto tiene un origen muy humilde, y algunos apuntan a que tiene un origen pastoril. Desde luego fue durante largo tiempo la comida de los más pobres...