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FORONOVELA: Cerrado

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Campanillanj
25/04/2011 20:11
Hola a todas las foreras !!!
Ha sido un laargo fin de semana sin bandolera. Lo que nos quedaba para sobrellevarlo era la historia conjunta de maki, pero nos ha tenido a pan y agua, así que se me ocurrió escribir una yo misma. Ahi os va un trozo, y si os gusta me lo decís y continúo subiendo trozos.
Gracias de antemano a todo aquel que se tome la molestia de leerlo.


Habían pasado ya varios días desde que Roberto saliera de prisión. Gracias a Miguel, que como siempre había ejercido su labor con rectitud y llevando siempre por bandera la presunción de inocencia, Roberto fue puesto en libertad. Él, Miguel fue desmontando una a una las pruebas que inculpaban al jornalero. Algunos, como Olmedo, se burlaban de él y le decían que era tonto; que Roberto era su rival por el amor de Sara; que mientras estuviera preso no sería un problema en su relación y que como se enfrentaba a la pena mayor, ya sería definitivamente historia. Pero Miguel no había podido permitirlo. Roberto no era santo de su devoción, pero sabía que era inocente; no le creía capaz de cometer semejante atrocidad. Además de todo, jamás podría ser feliz junto a Sara si no hubiera hecho nada por demostrar la inocencia de Roberto.
Después de que Roberto saliera en libertad, se había puesto en marcha una fiesta que se celebraría en la taberna en honor a Roberto. Todo el pueblo estaba contento con su puesta en libertad, pues todo el pueblo lo apreciaba a él mucho, y también a su familia. Y todo el mundo estaba ese día en la taberna festejando. También estaba Sara. Pero no estaba Miguel. El joven teniente había pensado que al no ser amigos, y al haber tenido todos los enfrentamientos que habían tenido, no era adecuado presentarse en esa fiesta. A pesar de la insistencia de Sara en que tenía que acudir, lo había pensado bien, y decidió no ir. No le preocupaba que Sara y Roberto se encontraran allí. Ya no tenía dudas de Sara. Sabía que lo amaba a él. Sabía también que quería a Roberto, pero como un amigo nada más. Él había decidido confiar en Sara y disfrutar de su amor sin temores ni preocupaciones. Había hecho caso a Morales y disfrutaba del amor.
Sara vio a Morales y se acercó a él.
- Morales ! ¿ Dónde está Miguel ? Me dijo que igual venía. Aunque no lo noté muy convencido.
- No milady. Al final ha decidido que no era apropiado y se ha quedado en el cuartel. Y eso que esta tarde tenía libre.
- Muy bien. Gracias Morales.
Y Sara se dirigió donde estaba Roberto y le dijo algo. El le contestó y Sara salió a toda prisa de la taberna. Se dirigió al cuartel y preguntó por el teniente Romero. Allí lo encontró Sara, sentado en su mesa mirando unos papeles.
- Sara ! ¿ Qué haces aquí ? Te hacía en la fiesta de Roberto.
- Si, allí estaba, pero para mí no era lo mismo sin ti. He venido a buscarte. Todo el mundo está allí. Menos tú, que eres el artífice de que él esté libre. Si hay alguien que tenga que estar en esa fiesta, además de Roberto, ése eres tú, Miguel.
- No Sara. yo sólo hice mi trabajo. Aún así, no estaría cómodo.
- Vamos miguel. Hasta Roberto ha preguntado por ti. Todo el mundo esperaba verte allá. Anímate.
- Bueno, pero voy sólo un rato. Sobre todo porque quiero estar contigo. Además esta noche tengo libre, así que me vendrá bien salir un rato. Espérame que voy a cambiarme y enseguida estoy contigo.
- Si quiere usted, teniente, puedo ayudarle a quitarse la ropa- dijo Sara picarona.
- Como le haga caso, señorita Reeves, no vamos a la fiesta ni a ningún otro sitio, se lo aseguro- Y le guiñó un ojo en un gesto que volvía loca a Sara.
- Ahora creo que la que no quiere ir a la fiesta soy yo, Miguel. Me iría contigo directamente a la posada de la Maña, a la cama, y no precisamente a dormir.
- Ufff, Sara. Mejor voy a cambiarme. Espérame – dijo dándole un pequeño beso en los labios.
Campanillanj
10/10/2012 18:06
Cuando Manuel entró en la taberna, estaban a punto de cerrar. El último cliente ya se iba. El ex bandolero se quedó en la puerta, parado, sin saber qué hacer. Si entrar, que era lo que había estado esperando toda la tarde, o marcharse.
- Pasa, Manuel- dijo Pepe- Te serviré un vaso de vino.
- No te preocupes- dijo Manuel- Si estabas cerrando, no quiero molestar.
- Tú no molestas- dijo Pepe poniéndole una mano en la espalda y haciendo que entrara.
De pronto, apareció Julieta que, al oír que su padre llamaba a Manuel, se arregló el vestido y salió rápidamente.
- ¿ Cómo ha ido ?- preguntó Julieta. Estaba feliz de verlo, pero no quería que su padre se diera cuenta de nada.
- Al final, lo he conseguido- respondió Manuel- Ha sido un tanto difícil pero lo he hecho.
- ¿ Qué es lo que has hecho ?- preguntó Pepe con curiosidad.
- Manuel ha estado bañando a Rafalín- dijo Julieta con una amplia sonrisa.
- No iba a dejar que fuera a la boda todo sucio. Me pareció buena idea. Ahora, no estoy arrepentido de haberlo pensado- terminó con una sonrisa.
- Pues sí que ha tenido que ser difícil- dijo Pepe- ¿ Has cenado ?
- No he tenido ni tiempo- respondió- A eso venía. A picar algo.
- Anda, niña- el tabernero miró a su hija- Sácale a este muchacho algo de comer.
Y Julieta se metió en la cocina. Poco después salió con un gran plato de comida.
- Ahora enseguida lo podréis ver- dijo Manuel antes de empezar a comer- Estará a punto de venir con Miguel.
- Pues yo estoy muerto- dijo Pepe- Así que les saludas y les dices que les veré mañana. Julieta, hija. Ya sé que tú también estás cansada, pero tendrás que quedarte a cerrar tú.
- Pero padre…- Julieta intentó parecer contrariada. Le miró frunciendo el ceño.
- Ni peros ni peras- Pepe fue tajante- Hoy cierras tú. Y tú- dijo mirando a Manuel mientras se quitaba el mandil y lo dejaba sobre la barra- No le hagas caso si te dice que te des prisa. Cena despacio.
- Gracias, Pepe- Manuel sonrió. El alcalde no se hacía una idea de la poca prisa que se iba a dar. Lo vió subir las escaleras y al poco, oyeron que la puerta de su habitación se cerraba.
- Estaba temiendo que ya no vendrías- dijo Julieta melosa sentándose junto a él.
- Te prometí que lo haría y suelo cumplir mis promesas. Sobre todo si la recompensa es de mi agrado. Estás más hermosa aún que esta mañana y que esta tarde- Manuel puso su mano en la mejilla de Julieta- Eres la mujer más bonita que conozco.
- Y tú eres todo lo que yo deseo, Manuel. Me encanta estar contigo- Se fue acercando más a él, hasta que sus cuerpos estuvieron casi pegados- He estado todo el día pensando en ti. En tus besos- le acarició los labios mientras lo miraba a los ojos como si quisiera entregarle toda su vida en una mirada.
Manuel sintió estremecer su cuerpo entero. Esa mujer lo había vuelto loco. Le hacía perder el sentido y la cordura. Su padre estaba en el piso de arriba y él sólo pensaba en tomarla entre sus brazos y besarla hasta dejarla sin aliento, y volver a besarla para que lo recuperara. Sólo deseaba amarla siempre y que ella le amara a él. Sus labios se posaron suavemente sobre los de ella, que enredó sus dedos en el pelo masculino. En una rápida maniobra, Manuel la levantó de su asiento sin dejar de besarla y la sentó sobre él. Y abrumado por lo que la joven inocente que tenía en su regazo le hacía sentir, la estrechó contra su cuerpo. La sentía temblar bajo sus besos y esperaba que ella no le sintiera temblar a él. Porque Manuel temblaba. El amor era un sentimiento nuevo y desconcertante para él, pero hermoso. La más hermosa sensación que había experimentado nunca. Dejó de besarla en los labios y fue pasando sus labios cálidos por su rostro y su cuello.
- Julieta- murmuraba mientras la besaba- Te quiero.
En el mismo instante en el que oyó salir esas palabras de su boca, Manuel se quedó quieto. Julieta, al sentir que dejaba de besarla le miró en silencio. Se había dado cuenta, por su reacción, de que lo había dicho sin pensar, pero aún así, su pecho se llenó de júbilo al escucharlas. Siempre había deseado escuchar esas palabras del hombre al que amara y, desde que conoció a Manuel, sólo ansiaba escucharlas de su boca. Por su parte, Manuel, tras escucharse se dio cuenta de que esas palabras le habían salido del fondo de su corazón y de que le gustaba decirlas. Le gustaba decírselas a Julieta. Sólo a ella. Porque sólo ella le hacía sentir ganas de decirlas. La quería. Había estado demasiado tiempo amándola en silencio. Ahora sólo deseaba que ella supiera que sus sentimientos eran profundos y sinceros.
- Te quiero- repitió sin dejar de mirarla.
- Y yo a ti- dijo Julieta mientras una lágrima resbalaba por sus mejillas. Fue a limpiarlas con su mano, pero Manuel la frenó. Y las limpió con sus besos.
- No llores, mi niña- dijo- No me gusta verte llorar. No me gusta verte triste.
- No estoy triste, Manuel. Estoy feliz. Nunca lo he estado más. Estoy emocionada. Oírte decir que me quieres era el más grande de mis anhelos.
Y fue ella la que rodeó el cuello de Manuel con sus brazos y le besó con pasión. Disfrutando estaban de ese beso cuando oyeron que llamaban suavemente a la puerta. Turbada, Julieta intentó recomponerse y fue a abrir. Eran Miguel y Rafalín.
Campanillanj
10/10/2012 18:07
- Hola Miguel. ¡ Rafalín !- exclamó- Estás muy guapo. Más que nunca.
- ¿ A que sí ?- dijo el muchacho- El Chato m´ha obligao a bañarme y mira cómo huelo, Julieta. Huelo a las flores que le gustan a mi Mantecao- Se acercó para que la joven le oliera.
- Hueles muy bien- dijo Julieta.
- Hablando de Mantecao, vamos a ir a buscarlo- dijo Miguel- Lo llevaremos a las caballerizas del cuartel.
- Va a hacer amigos- dijo Rafalín contento- Así ya nunca más estará solo.
- Manuel, te esperamos en la puerta del cuartel- dijo Miguel- Tú termina de cenar. Rafalín ya ha cenado.
- Siiii. La señora guapa m´ha dao unas cosas riquisisisísimas.
- Bien- dijo Manuel- Acabo de cenar y voy para allá. Dadme cinco minutos.
- Te damos diez- dijo Miguel, consciente de cuánto costaba separarse de la persona amada- Hasta mañana. Julieta.
- Hasta mañana- dijo la joven- Que descanséis.
Y Miguel se fue, llevándose a Rafalín con él. Manuel y Julieta se quedaron allí, junto a la puerta de nuevo cerrada. Volvieron a besarse.
- Me vuelves loco, ¿ lo sabes ?- dijo enredando entre sus dedos un mechón del cabello negro azabache de la joven- Sé que tengo que irme, pero me cuesta dejarte.
- Pero tienes que irte, Manuel. Ojalá no tuvieras que hacerlo, pero es así. Mañana volveremos a vernos.
- Estaré contando las horas con impaciencia. Ahora, haré un esfuerzo y me iré- volvió a besarla- Te quiero- la besó de nuevo- Adiós, mi amor.
- Adiós, mi vida- dijo Julieta sonriendo.
A Manuel le gustó escuchar esas palabras. Volvió a besarla y salió precipitadamente. Si no lo hacía así, sería incapaz de hacerlo y podría estar despidiéndose de ella hasta que volviera a hacerse de día.
Llegó hasta la puerta del cuartel. Allí le esperaban ya Miguel y Rafalín. Los tres fueron hacia la casa de Miguel y Sara. Manuel se quedó también a dormir allí. Tenía ganas de contarle al capitán lo feliz que se sentía, pero no quería hacerlo delante de Rafalín.
- ¿ Todo bien ?- le preguntó Miguel sonriendo. Ya conocía la respuesta. La cara del ex bandolero hablaba por sí misma.
- Todo perfecto, Miguel- respondió el joven.
- Me alegro- dijo el capitán- Entonces, me voy a dormir. Mañana será un día agotador. Que tengáis lindos sueños- sonrió con picardía.
- Hasta mañana, Miguel- dijo Manuel- Descansa.
- ¡ Hasta mañana, teniente capitán !- oyó decir a Rafalín que, tocaba admirado el colchón de la cama que Mary había preparado para él, al lado de otra para Manuel. El muchacho se echaba y se levantaba. Miguel se fue a su habitación y el Chato entró en la que compartiría con Rafalín.
Contra lo que pensaba, Miguel pensaba en Sara y en que ya Elvira le había entregado la sorpresa que tenía para ella. Con Sara sonriendo emocionada en su mente, no tardó en dormirse. También Rafalín se durmió pronto. Manuel, al contrario, Tardó en hacerlo. No podía apartar de su mente a Julieta y repasó con una sonrisa los maravillosos momentos que había vivido junto a ella ese día. Y en lo bien que le hacía sentirse amar y ser correspondido. Con la imagen de Julieta diciéndole “ Adiós, mi vida “, se durmió.
Campanillanj
10/10/2012 18:08
En casa del matrimonio Hermida, Sara se despidió de su abuela, de su padre y de Elvira. Sabía que ésta subiría para asegurarse de que dormía. Sería entonces cuando Sara aprovecharía para hablar con ella y decirle lo importante que era en su vida.
- Ahora te subirán la tisana, Sara- dijo Elvira sonriendo. Iría ella. Se moría de ganas de entregarle a Sara el regalo que tenía para ella y de ver su cara al descubrir que era el vestido de sus sueños. Aquel vestido que no pudo comprar cuando quiso hacerlo porque ella, Elvira, tenía que encargarse de mantenerla lejos de Arazana. Ahora era el momento de dárselo.
- Muchas gracias, Elvira- Sara sabía que ella llevaría la tisana, pero si no era así, iría a buscarla a su habitación- Hasta mañana- dijo mirando a su padre y a su abuela. Y se fue a su habitación. Poco después, oyó que llamaban a la puerta.
- ¿ Se puede ?- oyó preguntar a Elvira.
- Adelante- dijo Sara sonriendo.
Aún sonreía cuando Elvira entró con la tisana.
- Me alegro de que hayas subido tú la tisana, Elvira. Me gustaría hablar contigo. Tengo algo que decirte.
- ¿ Ha ocurrido algo ? ¿ Hay algo que te haya molestado ?
- En absoluto. Todo está perfecto- dijo Sara- Quisiera hablar de ti y de mí. Pero te pido, por favor, que no digas nada hasta que termine de decir lo que tengo que decirte.
- No te interrumpiré- dijo Elvira sentándose en la cama, temerosa de lo que Sara pudiera decirle. No sabía qué sería, pero por la cara de la muchacha a la que quería como a una hija, le indicó que era algo serio.
- Bien- comenzó Sara- Ayer por la noche, estaba hablando con Miguel. Él me dijo que hoy no podríamos dormir juntos porque da mala suerte. Yo no lo sabía. Entonces, yo comencé a hacer planes de forma atropellada. Le dije a Miguel que dormiría en casa de mis padres- vio la cara de sorpresa de Elvira al oírle y prosiguió- Miguel me dijo que era una pena que no hubieras estado allí para escucharme. Yo no le entendía, pero repitió mis palabras. Entonces me di cuenta de que te siento así. Siento aquí- se llevó una mano al corazón- que tú eres la madre que yo tenía que encontrar. Te has ganado mi cariño, mi amor, de una forma que jamás pude imaginar que se lo ganaría nadie. Te quiero. Nunca imaginé que nadie pudiera ocupar en mi corazón un lugar como el que ocupa mi madre, a la que perdí siendo pequeña. Pero tú lo has hecho. A Victoria no la conocí y como te digo, a la que siempre consideré mi madre no la pude disfrutar durante mucho tiempo. A pesar de que mi tío Richard se desvivió para que tuviera una vida feliz, yo siempre eché de menos la figura de una madre. Y después murió y me quedé sola, sin familia. Sólo tenía a Miguel y unos buenos amigos. Y entonces aparecisteis vosotros en mi vida. Mi padre y tú. Y me sentí afortunada. Conocer a mi verdadero padre y saber que era un hombre bueno y noble y que no me abandonó, sino que sufrió buscándome desde que supo de mi existencia fue un regalo de la vida. Y comencé a quererlo y lo adoro. Haría cualquier cosa por él. Para mí fue un regalo, como te digo. Pero no era un regalo que venía solo. Venía con otro regalo tan valioso como él: Tu. Los dos sois un regalo para mí y me gusta el regalo que la vida puso en mi camino. Sé que no soy tu hija y que tú no eres mi madre, pero me gustaría que actuaras como tal. Me gustaría que me vieras como una hija, porque yo te veo como una madre. Sé que me quieres, pero…
- Te he dicho que no te interrumpiría, Sara- dijo emocionada Elvira- pero no hace falta que digas nada más. Ya lo has dicho todo. Me has hecho la mujer más feliz del mundo. Más de lo que te puedas llegar a imaginar. Yo no he tenido hijos pero la vida me ha dado uno: Tú. No imaginas cuántas veces he deseado que tú fueras mi hija de verdad. No imaginas cuántas veces he soñado que lo eras y que me llamabas madre con una sonrisa. El amor que siento por ti es muy grande, Sara. Sería capaz de hacer cualquier cosa por ti, por tu felicidad. Incluso alejarme de ti con todo el dolor de mi corazón si tú me lo pidieras.
- Yo no te pediría eso jamás- ahora fue Sara la que interrumpió a Elvira- Tú eres muy importante para mí. Te necesito a mi lado. Juntas tenemos que vivir muchas cosas.
- Aún así, lo haría si me lo pidieras. Haría cualquier cosa. Durante mi secuestro, pensé mucho en ti y en tu padre. Cuando escuché que era a ti a quien querían hacer daño, me di cuenta de que no quería que te ocurriera nada. Me di cuenta de que habías aparecido en nuestras vidas y que nos llenarías de felicidad. Porque por fin tu padre podía dejar de atormentarse. Ya te había encontrado y nada nos impediría ser felices. Eras un regalo y estaba decidida, si salía de allí con vida, a ganarme tu cariño. Cuando estuvimos de viaje y te pude conocer más, me di cuenta de que, de haber tenido una hija, me hubiera gustado que fuese como tú. Exactamente como tú. Estoy muy orgullosa de ti, de la gran mujer que eres, Sara. Y ahora que me has dicho que te gustaría que fuera una madre para ti, que te gustaría que te viera como una hija, tengo que decirte que hace mucho tiempo que te veo así. Para mí eres una hija, Sara. Eres mi hija y la del hombre que amo. Nuestra hija. Puedes llamarme madre si quieres o no hacerlo, pero el hecho de que lo sientas así, de que me sientas como una madre, llena mi corazón de felicidad- a estas alturas del discurso, Elvira no podía ni quería aguantar sus lágrimas. Bajó la cabeza para que Sara no la viera llorar.
- No llores, madre- dijo Sara también con las lágrimas surcando sus mejillas. Al oírla, Elvira la miro y la vio sonriéndole. Se levantó de la cama donde estaba sentada y la abrazó. Y lloraron juntas.
- Tú tampoco, hija- dijo Elvira entre sollozos- No llores- Oyeron que llamaban a la puerta.
- ¿ Se puede ?- Era Abel.
- Si- dijo Sara aún emocionada.
Campanillanj
10/10/2012 18:10
Cuando Abel entró, vio una estampa que le llenó de dicha el corazón.
- ¿ Pero qué hacen las dos mujeres de mi vida llorando ?
Al escucharle, ambas rieron entre lágrimas.
- Ha pasado una cosa muy bonita- dijo Elvira limpiándose las lágrimas.
- ¿ Qué ha pasado ?- preguntó Abel con curiosidad- Yo sólo venía a ver cómo había ido con la sorpresa.
- No se la he dado- dijo Elvira- Me la ha dado ella a mí.
- ¿ Qué sorpresa ?- preguntó Sara.
- Una sorpresa que tengo para ti- dijo Elvira- Esperadme aquí que regreso en un santiamén- salió de la habitación después de darle a Sara un beso en la frente.
Regresó unos minutos después con una enorme caja. Por lo visto, Sara ya le había contado a su padre lo que habían hablado y sintió en su esposo el orgullo y la emoción que le embargaban.
- ¿ Qué es eso ?- preguntó la joven al ver la enorme caja.
- Ábrelo y lo descubrirás- dijo Elvira extendiendo el paquete hacia ella.
Sara recibió el paquete y lo dejó sobre la cama. Cuando levantó la tapa y lo vio, lo sacó emocionada.
- ¡ No puede ser !- exclamó- ¡ Es mi vestido ! ¡ El vestido que yo deseaba ! ¡ El vestido con el que yo soñaba casarme desde que lo ví !- miró a Elvira- Gracias, madre- dejó el vestido cuidadosamente sobre la cama y fue a abrazar a Elvira con su rostro de nuevo surcado por lágrimas de emoción- Gracias, gracias- miró a su padre- Gracias a ti también, padre.
- Yo no tengo nada que ver. Fue cosa de Elvira.
- ¿ Cómo lo conseguiste ?- Sara aún no se lo podía creer.
Elvira le contó brevemente cómo había hecho para que ella no pudiera comprar ese vestido y para hacer que la dependienta les enviara a Sevilla. Era la única manera de mantener a Sara lejos de Arazana
- Es un vestido muy bonito- dijo Abel- Vas a estar preciosa con él.
- Sí que lo es- dijo Sara- No imagináis la pena que me daba no poder casarme con él, porque era este vestido, o ninguno más. No podría comprar otro que no fuera éste.
- Pues ahora ya no tienes que preocuparte de eso- dijo Elvira- Desde el momento que te vi con este vestido puesto, supe que no podría verte con ningún otro, y que tú no estarías tan feliz con ningún otro que no fuera éste. Por eso lo compré para ti. Este vestido está hecho para ti.
- Gracias de nuevo, Elvira- dijo Sara- ¿ Ves por qué te quiero ? Por esta y por otras muchas cosas más. Sería imposible no quererte y sería imposible no sentirte como una madre.
- Pues ahora, voy a comportarme como una madre mandona y te voy a decir que ya es hora de que te acuestes. Tienes que dormir. La tisana se habrá quedado fría. Te traeré otra.
- No hace falta, gracias- dijo Sara- Me tomaré esta misma.
- Bien- dijo Elvira- Entonces, colgaré tu vestido y tú te acuestas en cuanto nos vayamos. Te quiero- le dio un beso en la frente- Descansa
- Que descanses, hija- le dio otro beso en la frente- Yo también te quiero.
- Hasta mañana- dijo Sara- Que descanséis. Os quiero.
Y con una sonrisa, Abel y Elvira, de la mano, salieron de la habitación de Sara, que en cuanto salieron, se puso el camisón y se acostó. Mirando el vestido, pensando en Miguel y en la maravillosa vida que le esperaba junto a él, no tardó en dormirse.
Campanillanj
10/10/2012 18:11
Hacía rato que Sara se había despertado. A pesar de sentirse extraña al no despertar junto a Miguel, estaba feliz. Había llegado el gran día. Se iba a casar con Miguel Romero, su gran amor. El único hombre al que había amado, amaba y amaría el resto de su vida. Se levantó y volvió a mirar el vestido que estaba colgado frente a ella. ¡ Era realmente precioso! Estaba deseando que Miguel la viera con ese vestido, como deseaba también verlo a él, esperándole en el altar, guapo como siempre, ataviado con su traje de gala, sonriéndole y haciéndole sentir, con su sonrisa, la mujer más especial del mundo. Sumida en sus pensamientos, no oyó que llamaban a la puerta hasta que volvieron a llamar.
- ¡ Adelante !- dijo la joven.
- Buenos días, hija- era Elvira que venía seguida por una comitiva de empleados cargados con el desayuno, toallas y un montón de cubos de agua para llenar la bañera que había en la habitación. Sara también vio a una señora a la que no conocía que llevaba un maletín. La miró extrañada. Elvira se dio cuenta- Te presento a Araceli. Es peluquera. Ella se encargará de peinarnos a todas.
- Encantada- dijo Sara
- Igualmente, Sara. Es un placer estar aquí. Soy una gran admiradora tuya- a continuación, le examinó el cabello y sonrió con aprobación.
- Gracias- dijo Sara.
- Bien- dijo Elvira- Ahora, mientras desayunas y te das un baño, Araceli me peinará a mí y también a tu tía y a tu abuela. Después, cuando estés lista, te peinará a ti. No te preocupes, vamos bien de tiempo. Todo estará listo y tú, preciosa.
Sara sonrió. Elvira le dio un beso en la mejilla y salió con Araceli. Una vez que se quedó sola, se quitó el camisón y acercando la infusión y un plato con fruta a una silla que estaba al lado de la bañera, se metió en ella. Mientras disfrutaba del baño, pensó en Miguel. ¿ Qué estaría haciendo ? ¿ Se habría despertado ya ? ¿ Estaría tan emocionado como ella ? Seguro que sí. Ambos habían esperado y deseado ese día durante mucho tiempo. Demasiado.

- Pero, ¿ cómo que no está ?- preguntó Paca a Mary. Habían llegado a casa de Miguel y de Sara. Quedaban apenas dos horas para la boda y el capitán no estaba en casa.
- ¿ Dónde se habrá metido este muchacho ?- se preguntaba Morales a sí mismo, aunque en voz alta.
- No lo sé, señores- dijo Mary- Sólo sé que no está. Nadie lo ha visto. Sus amigos todavía duermen, pero de él no sabemos nada.
- ¿ Sus amigos ?- preguntó Morales.
- Si- dijo Mary- El señor Manuel y el señor… ¿ Rafaelín ?
- Rafalín- corrigió Morales- En ese momento, ambos, Manuel y Rafalín bajaban por las escaleras.
- Buenos días- dijo Manuel
- ¡ Señó Morales !- exclamó Morales- Buenos días. He dormido en una cama blandita y esponjosilla como mi Mantecao.
- Muy bien, Rafalín. Después me lo cuentas. - dijo Morales- ¿ Vosotros sabéis dónde está Miguel ?
- ¿ No está en su habitación ?- preguntó Manuel extrañado
- No está en ningún sitio- respondió Paca- Nadie sabe nada de él
Manuel miró a Mary, que hizo un gesto negativo con la cabeza.
- El señor no está. Y falta comida y fruta en la cocina.
- ¿ Que falta comida ?- Morales estaba preocupándose por momentos. Una idea descabellada pasó por su mente- ¡ No se habrá fugado !
- ¿ Fugarse ?- dijo Paca mirando a su marido como si, de repente, se hubiera vuelto loco- ¿ Miguel ? ¿ El día de su boda con la mujer que ama y con la que ha deseado casarse desde el mismo momento en que la conoció ? Debes de tener fiebre, Alfonso.
- Sí- se defendió Morales- Ya sé que es imposible, pero ya me dirás dónde está. No faltan ni dos horas para la boda y no aparece.
En ese momento, Miguel apareció en la sala. Venia sonriendo, satisfecho y feliz.
- ¡ Buenos días !- exclamó- Hace un día maravilloso. Qué guapa estás, Paca.
- ¡ Capitán !- exclamó Morales- ¡ Por el amor de Dios ! Nos ha dado un buen susto.
- ¿ Susto ?- Miguel los miraba extrañado.
- Si. Estábamos preocupados porque nadie te había visto y no sabíamos nada de ti. Alfonso ha llegado a pensar que te habías fugado- dijo Paca divertida.
- ¿ Fugarme ?- dijo Miguel sorprendido- Estaría loco si lo hiciera. Hoy es el día más soñado de mi vida. Parece mentira, Morales, que hayas pensado eso. Tú más que nadie sabe cuánto he esperado que llegara el día de mi boda con Sara.
- Yo…- Morales no sabía qué decir- ¿ Dónde ha estado ? Ha desaparecido comida y usted no estaba por ningún sitio. A mí mismo me parecía increíble pero, ¿ qué quería que pensara ? También he pensado que lo habían secuestrado, pero no he querido asustar a mi Paca y a la muchacha- miró el reloj- Ahora, si no se da prisa, capitán, llegará tarde a su boda.
- Ahora mismo le subirán agua caliente para que se dé un baño, señor- dijo Mary- Su traje está preparado sobre la cama. Listo para que se lo ponga.
- Gracias, Mary- dijo Miguel.
- Nosotros nos vamos- dijo Manuel- Tenemos que ir a la posada a prepararnos. Espero que no le cueste tanto vestirse como bañarse. Vamos, Rafalín. Hasta luego
- Adiós a todos- dijo Rafalín despidiéndose también con la mano- Voy a ponerme más guapisisísimo aún.
Su comentario hizo reír a todos.
- Bien- dijo Miguel- yo voy a prepararme. No tardaré mucho. Tomaos algo mientras bajo.
- Tómate tu tiempo, Miguel- dijo Paca- Aún vamos bien. Y sobre todo, no te pongas nervioso.
- Gracias, Paca- Miguel la abrazó- Me alegro de que estés aquí. Me da que Morales está más nervioso que yo.
- Y tanto- dijo Paca- Me alegro de haber venido. Si no llego a hacerlo, Alfonso ya habría organizado una patrulla para buscarte.
- ¡ Exagerada !- dijo Morales con cariño. Todos rieron. Después, Miguel subió a su habitación. Necesitaba un baño caliente, aunque tuviera poco tiempo para disfrutarlo.
Campanillanj
10/10/2012 18:12
Sara salió de la bañera. Se puso una toalla en el pelo y con otra cubriendo su cuerpo, terminó de desayunar. Tenía que estar preparada para cuando Araceli fuera a peinarla. Buscó en la caja del vestido la ropa interior que, en su día, había elegido en Málaga para su boda. Elvira, siempre en todo, la había comprado también. Era muy bonito. Las cintas que ataban el blanco corsé eran azul claro, de manera que ya tenía algo nuevo, el vestido, y algo azul. Le faltaba algo prestado y algo viejo. Oyó que llamaban a la puerta.
- Adelante- dijo
Mercedes y Catalina, con una cajita en las manos, entraron en la habitación. Araceli ya les había peinado. Sólo les faltaba vestirse.
- Ya veo que lo tienes todo preparado- dijo Mercedes
- Si- dijo Sara- No quiero ponerme nerviosa buscando nada. Tengo a mano todo lo que voy a necesitar. Estaba haciendo recuento. Ya tengo algo nuevo- señaló el vestido
- ¡ Es precioso ¡ - exclamó Mercedes acercándose a él- Es maravilloso. Vas a parecer una princesa, Sara.
- Sí que lo es- dijo Sara- cuanto más lo miro, más bonito me parece.
- Bien- dijo Mercedes- Tienes algo nuevo. ¿ Qué más ?
- Algo azul- Sara levantó la ropa interior para que su tía viera las cintas del corsé.
- ¡ Santo Dios !- exclamó Catalina escandalizada al ver la ropa interior que Sara estaba mostrando.
- Una piedra, madre- dijo Mercedes divertida- Es ropa interior. Y muy apropiada, por cierto, para una noche de bodas. Cuando Miguel te vea con sólo eso cubriendo tu cuerpo, se caerá de espaldas- miraba de reojo a su madre. Disfrutaba escandalizándola- Tuviste dos hijas, madre. Eso significa que, por lo menos dos veces…
- ¡ Mercedes !- Catalina no dejó terminar a su hija- Entonces eran otros tiempos y desde luego, estas modernidades eran impensables.
- Tranquilízate, madre. Afortunadamente, los tiempos van cambiando y los camisones con agujeros son historia. La ropa interior cada vez es más pequeña, a la vez que más cómoda. No imagino al apuesto capitán Romero con un largo camisón y a Sara tampoco.
- ¡ Oh Dios !- exclamó Sara- ¡ Qué horror !
Sara y Mercedes rompieron a reír. Al final, Catalina acabó riendo con ellas.
- Bien- dijo la Marquesa- No hemos venido aquí para hablar de ropa interior. Verás, Sara. Quería hacerte un regalo- extendió la caja hacia Sara. Cuando la joven la abrió, vio una hermosa peineta de plata y pequeños diamantes incrustados y unas horquillas a juego- Eran de mi abuela, que las llevó en su boda. De ella, pasó a mi madre, que también las llevó en su boda. Y ambas tuvieron un matrimonio lleno de felicidad. No os asustéis- dijo al ver que Mercedes y Sara la miraban- Yo no me las puse el día de mi boda. Ojalá lo hubiera hecho. Esta joya de familia siempre ha traído amor y felicidad a la novia. Sé que en tu caso no hará falta. Miguel y tú os amáis profundamente y seréis felices con o sin esta peineta, pero me hace ilusión que la lleves, si quieres.
- La llevaré con orgullo- dijo Sara abrazando a su abuela- Gracias. Ahora ya tengo algo nuevo, algo azul y algo viejo.
- Te falta algo prestado- Mercedes sacó de un bolsito que llevaba una caja también de terciopelo. Se lo entregó a Sara. La joven la abrió y de él sacó una preciosa gargantilla y una pulsera, ambas de plata y diamantes.
- Es muy bonito, tía- dijo Sara tomando ambas joyas entre sus dedos con cuidado- Pero no puedo aceptar que me prestes esto. Imagínate que lo pierdo.
- Necesitas algo prestado, Sara y eso es muy apropiado. Me pareció que quedaría bien con la peineta y las horquillas de bodas de la familia. Por eso lo traje de Cádiz. Tienes que ponértelo. Si tiene que perderse, da igual quién lo lleve. Se perderá. Pero sé que eso no va a pasar. Sería importante para mí que lleves algo prestado mío. Esas joyas tienen mucho valor para mí. Me gustaría que las usaras. Sin miedo.
- Gracias- Sara abrazó a Mercedes- Muchas gracias
- Ahora, ya lo tienes todo- dijo la tía de Sara- Algo nuevo, algo azul, algo viejo y algo prestado. Lo que te va a faltar al final es tiempo. Nos vamos para que puedas prepararte. Araceli vendrá enseguida a peinarte.
Campanillanj
10/10/2012 18:14
Miguel salió de la bañera. Con una toalla alrededor de su cintura, paseaba descalzo. El suelo frío le hacía sentir que no era un sueño. Estaba preparándose para casarse con Sara. Había llegado por fin el día. Un sonido en la puerta le sacó de sus pensamientos.
- Adelante- dijo mientras se echaba un perfume de los varios que había comprado en Oxford.
- Capitán- era Morales- El barbero está aquí.
- Bien, pasad- Miguel fue hasta la cama y se puso los calzoncillos que ya había preparado antes del baño. Después, se sentó y dejó que el barbero le afeitara y le arreglara el bigote y las patillas. Agradecía a Elvira que hubiera enviado al barbero. Él se habría cortado más de una vez. Cuando el barbero terminó, se retiró, dejando a Morales y a Miguel solos.
- ¿ Tienes los anillos, Morales ?- preguntó el capitán.
- Si, capitán- respondió el teniente mostrándole la pequeña caja que contenía las alianzas y que el día anterior Miguel le había encomendado- No se preocupe. Todo saldrá perfecto.
- Morales- dijo Miguel- No me trates de usted. Somos amigos y vas a ser mi padrino de bodas. Vas a estar a mi lado en el altar mientras espero que llegue mi futura esposa. ¿ No te parece que es hora de que me tutees ?
- Usted es mi superior, Capitán.
- Bien, Morales, pero no estamos en el cuartel. En el cuartel haz lo que quieras, pero fuera prefiero que me tutees. Eres mi mejor amigo.
- Tú eres más que un amigo para mí, Miguel. Eres parte de mi familia y te lo digo con orgullo. Y estoy muy contento por ti y por Sara. Os merecéis toda la felicidad del mundo.
Miguel y Morales se dieron un fuerte abrazo.
- Ahora- dijo Morales- Es hora de que te prepares o serás el primer novio al que la novia tiene que esperar. Voy abajo.
- No tardaré- dijo Miguel.
En cuanto Morales salió, Miguel comenzó a vestirse. Poco después, ataviado con su traje de gala pulcramente limpio y planchado, con el sable y la hebilla del cinturón reluciente y los guantes inmaculadamente blancos, bajaba por las escaleras y llegaba a la sala.
- Estás guapísimo, Miguel- dijo Paca emocionada.
- El coche ya está listo- dijo Morales también emocionado. Miró su reloj.- Las doce menos cuarto. Es la hora.


En casa del matrimonio Hermida, Araceli ya había terminado de peinar a Sara. Sólo faltaba ponerle la mantilla una vez que se hubiera puesto el vestido.
- Estás muy guapa, Sara- dijo la peluquera
- Gracias, Araceli. Has hecho un buen trabajo. Me gusta- dijo Sara mirándose al espejo. En ese momento, entró Elvira.
- ¡ Estás preciosa, Sara !- exclamó Elvira al verla. Vengo a decirte que faltan veinte minutos. Tienes que ir poniéndote el vestido. Araceli te colocará la mantilla
- Tú también estás muy guapa, Elvira- dijo Sara. Y era cierto. Llevaba un vestido muy elegante azul con pequeños brillantes incrustados y distribuidos estratégicamente. Un elegante tocado del mismo color adornaba su cabeza.
- Gracias, hija- dijo Elvira- ahora, es hora de que te pongas el vestido.
Con la ayuda de Elvira y de Araceli, Sara se puso el vestido.
- Te queda perfecto, Sara. Te queda incluso mejor que la primera vez que te lo pusiste. Este vestido está hecho para ti.
Sara se miró en el gran espejo y le gustó mucho lo que vió.
- Ahora- dijo Araceli- Déjame que te ponga la mantilla, Sara. Te verás mucho mejor.
Y así fue. Una vez estuvo completamente vestida de novia, se volvió a mirar. Se veía hermosa.
- Hagamos recuento- dijo Elvira- ¿ Llevas todo ? Algo nuevo, algo prestado, algo viejo y algo azul ?
- Si- respondió Sara, que después de peinarse se había puesto ya la gargantilla y la pulsera.
- Pues ya estás lista, hija- sentenció Elvira. Miró el reloj- Ya podemos irnos. Es la hora.
Antes de salir, Sara respiró hondo. Bajó las escaleras. Abajo, Mercedes, Juan, Catalina y Abel esperaban para ver a Sara. Una exclamación inundó la sala cuando la vieron.
- ¡ Estás preciosa, Sara !- dijo Catalina emocionada. Abrazó con cuidado a su nieta.
- No puedo estar más de acuerdo, sobrina- dijo Mercedes- Eres la novia más hermosa del mundo.
- Jefa- dijo Juan sonriendo orgulloso- Pareces una reina. Estoy deseando ver la cara de tu capitán cuando te vea.
- Para eso, debemos irnos ya- dijo Elvira- Nos vemos en la iglesia.
Y Juan, Catalina, Mercedes y Elvira salieron de la casa. Irían en el coche de Juan, que estaba adornado con flores y tul blancos.
Sara y Abel se quedaron solos. El Gobernador entregó a Sara el ramo, compuesto íntegramente con rosas rojas. Sara lo miró emocionada. Las rosas rojas tenían un importante significado para ella y para Miguel.
- Hija- comenzó a decir Abel- No sé qué decirte. Bueno, sí. Quiero decirte tantas cosas que posiblemente acabarían viniendo a buscarnos para llevarnos a la iglesia. Antes que nada quiero decirte que estás hermosísima. Estoy muy feliz. Te voy a acompañar al altar y te voy a entregar, gustoso, a un hombre noble y bueno. Y que te ama profundamente y te hará muy feliz. Tanto como tú a él. Estoy orgulloso de ser tu padre y feliz y agradecido de que me permitieras formar parte de tu vida. Te quiero, hija.
- Yo también te quiero, padre. Te adoro. Y me alegro mucho de haberte encontrado. Me alegro mucho de que aparecieras en mi vida. Y para mí, es un regalo y un privilegio que me acompañes al altar.
- Ven aquí, hija. Déjame que te abrace- dijo Abel emocionado.
Sara se refugió en los brazos de su padre, tan emocionada como él.
- Tenemos que irnos- dijo después de un rato- Todos estarán esperándote.
- Vamos, padre- dijo Sara asiendo con su mano libre el brazo que su padre le ofrecía. Salieron de la casa.
Hacía un día espléndido. Un coche descubierto, arrastrado por cuatro blancos y elegantes caballos y adornado también con hermosos ramos de flores blancas rodeadas en un fino tul, les esperaba con un cochero elegantemente ataviado, en la entrada.
- ¡ Qué bonito !- exclamó Sara- Esto es como un sueño, padre.
- Te lo mereces- dijo Abel. Y ayudó a subir a Sara. Después subió él y emprendieron el camino hacia la iglesia.
Campanillanj
10/10/2012 18:15
Cuando el coche en el que viajaban Miguel, Paca y Morales llegó a las puertas de la iglesia, se asombraron de la cantidad de vecinos del pueblo que había esperando para ver a los novios. La boda había despertado mucha expectación. Al bajar del coche, Miguel fue recibido por una gran ovación y un fuerte aplauso. Todo el mundo estaba contento con la boda y quería compartir de alguna manera, la felicidad de dos de los habitantes más apreciados del pueblo. Era una pena no poder disfrutarlo con todos. Lo que no sabía Miguel era que Elvira había hecho llegar a cada casa del pueblo una cesta con alimentos varios. Miguel sonrió agradecido a la multitud y sonrió. Entró despacio al templo. Cuando lo hizo, quedó maravillado de cómo Elvira lo había organizado todo estupendamente. Preciosos ramilletes de flores blancas, envueltos en fino tul también blanco adornaban la iglesia. A los pies de la Virgen había preciosos ramos de flores también blancas. Fue recibido por una hermosa melodía interpretada maravillosamente bien un cuarteto de cuerda situado en una esquina del templo. Acompañado de Morales y del “ Canon “ de Pachelbel, llegó al altar.
- ¡ Qué preciosa melodía !- exclamó Morales
- Sí que lo es- respondió Miguel- No sé exactamente qué pieza es, pero sí te puedo decir que es música barroca. A Sara le encanta.
- No me extraña- dijo Morales- Es preciosa.
- Sí que lo es- sentenció Miguel. Paseó su mirada por el templo. Vio amigos muy queridos para él que le sonreían orgullosos y satisfechos. Sonrió al ver a sus compañeros. Gracias a los oficiales, que habían hecho venir a algunos agentes del cuartel de Villareja, sus propios compañeros podían asistir también a la boda. Vio también a la Maña que ya estaba emocionada, junto a Pepe y detrás de éstos, a las chicas de la posada. Miró su reloj.
- Ya debería estar aquí, ¿ no ?- dijo impaciente
- Relájate- aconsejó Morales- Las novias siempre se hacen esperar. Aún no ha venido nadie de casa del Gobernador, a excepción de los oficiales. Pero vendrán.
La música terminó. El padre Damián se acercó a Miguel y a Morales.
- Nunca había visto tanta gente ante la puerta de la iglesia- dijo- Se hablará durante mucho tiempo de esta boda. Miguel no pudo decir nada. La puerta se abrió y miró ansioso. No era Sara. Poco a poco fueron entrando y colocándose en los primeros bancos del lado izquierdo Elvira, Catalina, Mercedes y Juan. Todos, elegantísimos miraban sonrientes a Miguel.
- Estás muy guapo- leyó en los labios de Elvira.
- Gracias- dijo Miguel también en silencio.
Pasaron unos minutos. Miguel estaba ansioso por ver a Sara. Necesitaba verla ya. Había oído hablar tanto de ese vestido que estaba deseando ver a su preciosa mujer con él puesto. Pero no le importaba el vestido demasiado. Lo que necesitaba era verle a ella y que se celebrara, por fin, su deseada boda. De pronto, se escuchó un inmenso griterío, acompañado de sonoros aplausos, proveniente de la calle. Supo que Sara había llegado y que, en breve, estaría junto a él. Miguel sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Cada vez que oía un ruido, miraba a la puerta. Pero nunca era Sara. Se volvió a abrir y vio que, por parejas y muy elegantes, entraron Flor y Marcial y tras ellos, Julieta y Manuel. Los cuatro actuarían de testigos. A Sara le hacía ilusión que fueran ellos. Lo habían hablado durante el viaje a Arazana. Y a Miguel le pareció bien. Ahora sonreía, porque en ese momento ni siquiera sospechaban que Julieta y Manuel llegarían juntos a la Iglesia siendo novios, aunque muy poca gente lo supiera. Y tenía que reconocer que hacían muy buena pareja. Las dos parejas de recién llegados tomaron asiento. Elvira miró a Miguel. Estaba impaciente. Sonrió. Sin que nadie se diera cuenta, hizo una señal a uno de los músicos que dijo algo a los demás. Y entonces apareció. Entró despacio, del brazo de su padre. Miguel contuvo la respiración y las ganas de correr hacia ella y estrecharla entre sus brazos mientras la besaba. Estaba realmente hermosa. Más que nunca. Parecía un ángel. No podía apartar sus ojos de ella.
Campanillanj
10/10/2012 18:16
Sara estaba emocionada. Estaba siendo un día inolvidable. Ella, que se había despertado pensando que tendría una boda sencilla, estaba viendo que tendría una gran boda. Alguien, seguramente Elvira, se había ocupado de que así fuera. Y Sara estaba feliz, porque era lo más parecido, si no igual, a la boda de sus sueños. Era todo maravilloso. Miró a Miguel, que le miraba a ella. Aún en la distancia, se sintió acariciada por él, por su mirada. Le sonrió y cuando él le devolvió la sonrisa, no pudo menos que emocionarse. Estaba todo perfecto. Y quiso guardar en su memoria, para siempre, todo lo que le rodeaba. Echó un vistazo rápido por el templo. Desde la puerta, donde estaba con su padre vio, y se llevó una gran sorpresa al hacerlo, al capitán García y a Teresa. Ambos la miraban sonrientes y orgullosos. A su lado, Sara vio al capitán Muñoz, que tanto le había ayudado en su triste viaje a Oxford con su esposa. Roberto, Margarita, Juanito con su novia Chelo, Pepe, la Maña, las chicas de la posada a las que Sara nunca había visto tan tapadas que no pudo menos que sonreír. Vio a Satur y también a Doris, a James, a Mary y a Peter, que la miraban emocionados, a Rafalín, limpio y repeinado, siempre cerca de su amigo Manuel. Al lado de éste, Julieta. Estaba preciosa con el vestido verde que dijo que se pondría. Flor, Marcial, Juan, su tía, su abuela. Vio a Morales junto a Miguel y detrás al padre Damián y vio también a Paca, muy guapa por cierto. Y vio a Elvira, completamente emocionada y con los ojos brillantes aún sin empezar la ceremonia. Sonreía feliz y satisfecha de que todo estuviera perfecto. Sara quería guardar hasta el último detalle en su memoria. Las flores que adornaban la iglesia, incluso a los niños que les habían abierto la puerta. El cuarteto de cuerda que empezó a interpretar magistralmente el “ Aria de la suite “ de Bach . Era todo perfecto, pero no lo sería sin él. Miró de nuevo a Miguel, que seguía mirándole con esa mirada que le hacía sentirse especial. Sus miradas se encontraron y se sonrieron. Eran más que felices. Abel comenzó a andar despacio hacia el altar mientras la música seguía sonando. Llevaba a Sara a su lado pero ella no miraba el camino. Sólo tenía ojos para Miguel. No podía ni quería quitar los ojos de él, como parecía que él tampoco los podía quitar de ella. Nada más existía en ese momento. Sólo ellos. En la iglesia sólo se oía la música. Todo el mundo observaba emocionado y en silencio a los novios. Podían sentir el amor que desprendían Miguel y Sara. Todos sabían cuánto habían luchado por estar allí y así en ese momento y todos pensaban que habían nacido para estar juntos.
Miguel bajó del escalón en el que estaba y fue a esperar a Sara al pasillo. Abel y Sara llegaron hasta Miguel. Emocionado, el padre de la novia tomó la mano de Sara y la entrelazó con la de Miguel.
- Te entrego a mi hija orgulloso, confiado y sabiendo que la amarás y la protegerás siempre.
- Lo haré- dijo Miguel al que sería a partir de hoy su suegro. Después, volvió a mirar a Sara- Estás preciosa- dijo- Más de lo que nunca pude imaginar.
- Tú también- dijo Sara sonriendo amorosamente- Estás guapísimo.
Y ambos se dirigieron hacia los reclinatorios que ocuparían. Sara se arrodilló en el de la izquierda. Detrás, en el primer banco, tenía a sus padres y a su abuela. Miguel ocupó el de la derecha. Detrás, tenía a Paca y a Morales. Los oficiales habían preferido ocupar bancos situados detrás de la familia. Sara y Miguel, ya en sus sitios, no dejaban de mirarse y sonreírse. La voz del padre Damián los sacó de su universo particular.
- Queridos hermanos- dijo el sacerdote- Nos hemos reunido aquí con gran dicha, para unir en santo matrimonio a Miguel Romero y a Sara Reeves. He tenido el placer de casar, durante mi larga vida como sacerdote, a muchas parejas, pero tengo que decir que casar a Miguel y a Sara me hace especial ilusión. Así pues, para que Dios nuestro señor garantice con su gracia vuestra voluntad de contraer matrimonio y bendiga vuestro amor conyugal, os pregunto, ante la comunidad cristiana aquí reunida sobre vuestras intenciones. Miguel, Sara ¿ venís voluntaria y libremente, sin ser coaccionados, a contraer matrimonio ?
- Sí, venimos- dijeron Miguel y Sara.
- ¿ Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente durante toda la vida ?
- Sí, estamos decididos.
- ¿ Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente a los hijos y a educarlos según la ley de Cristo y de su iglesia ?
- Sí, estamos dispuestos.
Miguel y Sara volvieron a perderse en su mirada azul mientras escuchaban a Flor, que leía la 1ª Carta de San Pablo a los Corintios. No podían dejar de mirarse como no podían dejar de amarse. Sus ojos se atraían sin poder evitarlo.
- … El amor no pasa nunca- terminó Flor. Y volvió a ocupar su sitio.
- Como bien dice la lectura que acabamos de escuchar, el amor disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites- el sacerdote había empezado el sermón.
Sara, menos acostumbrada a misas, no podía concentrarse en las palabras del padre Damián. Su mente tenía vida propia y la llevó por una serie de innumerables y bellos momentos vividos junto a Miguel. Su primer encuentro, tras golpearle con una piedra, siendo aquella la primera vez que sus ojos se encontraron. Recordó su primer beso, su primera noche de amor, su excursión, la lluvia y el refugio, la primera vez que le pidiera matrimonio, la segunda, después de que ella pensara que lo había perdido para siempre tras su ruptura. Y recordó la última y definitiva, allá en Oxford, cuando fue a buscarla y le contó todo lo que había tenido que hacer por amor a ella. Recordó con una sonrisa la ceremonia que él había preparado y la noche que pasaron y esto le llevó a pensar en la maravillosa noche que les esperaba. Se sintió culpable por tener esos pensamientos en la iglesia, pero no podía evitarlo. No podía evitar pensar en algo que estaba deseando que pasara.
Miguel, por su parte, aguantaba estoicamente el sermón del sacerdote, aunque a la vez que escuchaba, no podía dejar de pensar en la inmensa suerte que había tenido al encontrar a Sara y de que ella le amara con la misma fuerza con la que él le amaba a ella. Se dio cuenta de que el padre Damián iba a terminar su sermón y de que les tocaba a ellos expresar su amor. Miró a Sara y se dio cuenta de que no escuchaba lo que el padre decía. La conocía demasiado bien como para no darse cuenta de que estaba sumida en felices pensamientos porque sonreía. Disimuladamente, hizo como que le colocaba bien la mantilla. Al sentir que Miguel la rozaba, regresó de sus pensamientos y lo miró agradecida. El sonrió mientras la miraba. Sara estaba ruborizada y él sabía exactamente qué pensamientos le habían puesto así. Sara le puso cara de “ no he podido evitarlo “ y él tuvo que aguantarse las ganas de reír abiertamente. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlarse.
Campanillanj
10/10/2012 18:18
- Así pues- dijo el sacerdote- ya que queréis contraer santo matrimonio, unid vuestras manos y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su iglesia- vio cómo Miguel y Sara se quitaban los guantes y entrelazaban su mano derecha. Miró a Miguel, que sería el primero en hablar. El joven capitán, sin dejar de mirar a su amada, habló con serenidad.
- Yo, Miguel, te quiero a ti, Sara, como esposa. Porque te amo desde la primera vez que te vi y no concibo mi vida sin ti. Por eso, deseo compartirla contigo y amarte siempre. Formar contigo una familia y hacerte feliz. Así, me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida.
Sara escuchó emocionada las palabras de Miguel y vio sus ojos brillantes de emoción. Respiró hondo. No era momento de llorar. No hasta que le dijera a Miguel, ante todos, cuánto lo amaba.
- Yo, Sara, te quiero a ti, Miguel, como esposo. No hay nada en el mundo que desee más que pasar mi vida junto a ti y formar contigo una familia. Te amo como nunca creí que se pudiera amar y deseo hacerte feliz, siempre. Tanto como tú me haces a mí. Por eso, me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad. Prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida- Sara no pudo evitar que una lágrima surcara cada una de sus mejillas. Miguel, bajo la atenta y emocionada mirada de todos, le limpió amorosamente las lágrimas. Fue un gesto sencillo pero tan lleno de amor que, la que no había dejado escapar una lágrima con las bellas palabras que ambos se habían dedicado, lo hizo después de presenciar aquel sencillo pero hermoso gesto. Elvira lloraba, Catalina lloraba, Paca lloraba, Mercedes lloraba, la Maña lloraba. Flor, Julieta, Margarita, Teresa, Chelo, las chicas de la Maña. Todas estaban emocionadas y felices de presenciar un momento tan hermoso y emotivo. Ninguna de ellas, además de algunos de los hombres presentes como Abel o Morales, pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.
- El señor confirme con su bondad este consentimiento tan hermoso que habéis manifestado y os otorgue su bendición- la voz del padre Damián denotaba también que estaba emocionado- Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.
Sara y Miguel sonreían felices.
- Bendigamos al Señor- dijo el sacerdote.
- Demos gracias a Dios- respondieron los presentes.
- ¡ Gracias, Dios !- se oyó sólo la voz de Rafalín. Su comentario despertó las risas de los presentes, incluidas las de Sara y Miguel. Esta pequeña anécdota hizo que Sara y Miguel terminaran de relajarse.
El padre Damián hizo un gesto a Morales, que se levantó y entregó la pequeña caja con las alianzas. Se volvió a sentar, satisfecho, junto a su Paca.
- El señor bendiga estos anillos que vais a entregaros en señal de amor y fidelidad- le entregó la alianza a Miguel que la cogió con cuidado.
- Sara- dijo Miguel poniendo en el dedo anular de Sara la alianza- Recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
- Miguel- dijo Sara una vez tomó el anillo que le entregaba el sacerdote. Mientras se lo ponía a Miguel, continuó- Recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dejó su mano entrelazada con la de Miguel.
- Por la autoridad que me ha sido conferida, yo os declaro marido y mujer- miró a Miguel- Puedes besar a tu esposa.
Miguel dio un suave beso a Sara. No era el beso que deseaba, pero estaban en la iglesia y tenía que guardar las formas. Continuaron lo que restaba de ceremonia con las manos entrelazadas sobre el reclinatorio. No querían soltarse. Sonreían felices. Ya estaban casados.
Después de las oraciones y las bendiciones, hubo un profundo silencio sólo roto por el cuarteto de cuerda que interpretó un fragmento de la “ cantata 147 “ de Bach.
Tras la comunión y la bendición final, todos rezaron el Padrenuestro
- Podéis ir en paz- dijo el padre Damián.
- ¡ Ere, ere, ere ! ¡ Qué bonito ha sío, Padre !- dijo Rafalín mientras aplaudía. Y todos aplaudieron. Les pareció una bonita forma de celebrar el esperado matrimonio entre Miguel y Sara.
El cuarteto de cuerda interpretó un fragmento del “ Regocijo “ de Haendel, al compás del que salieron todos los invitados a excepción de los testigos y los padrinos. Abel, Elvira y Morales y Paca, a la que Elvira pidió que se quedara, fueron los primeros en felicitar a la pareja de recién casados y salieron del templo. Todos querían esperar fuera a que salieran, ya convertidos en marido y mujer, Miguel y Sara. Flor, Marcial, Julieta y Manuel firmaron y después de felicitar a la feliz pareja, salieron. Los recién casados oyeron cómo les vitoreaban también a ellos y sonrieron.
- Ya eres mi esposa, señora Romero- dijo Miguel acariciando la mejilla de Sara con la mano que tenía libre. La otra la tenía entrelazada con la de Sara y no quería soltarla- Para siempre.
- Y tú mi esposo- dijo Sara- Para toda la vida. No voy a permitir que sea de otra forma.
- Y no lo será- afirmó Miguel- Estaremos siempre juntos- la besó suavemente- Ahora, será mejor que salgamos. Tengo unas ganas inmensas de besarte como deseo hacerlo.
- Vamos entonces- dijo Sara con alegría.
Y juntos recorrieron el pasillo que les separaba de la puerta y de sus familiares y amigos. Los niños les abrieron la puerta, de manera que no tuvieron que separarse. Una vez estuvieron fuera, la volvieron a cerrar. Sara y Miguel, agarrados por la cintura, vieron cómo los familiares, amigos y vecinos que habían esperado fuera a que acabara la ceremonia les lanzaban puñados de granos de arroz a la vez que gritaban “ vivan los novios “. Miguel cubrió con su cuerpo a su mujer, de manera que casi todo el arroz cayó sobre él. Una vez terminó la lluvia de arroz, costumbre que Sara desconocía, Miguel cogió a Sara de la cintura y, ante todos, la besó apasionadamente. De la forma en que había deseado besarla desde el mismo momento en que la había visto aparecer en la iglesia. El beso fue celebrado por los presentes con gritos de júbilo y aplausos. Tras el beso, comenzaron a caminar hacia los presentes que esperaban para felicitarles. Sus pasos fueron acompañados por una delicada lluvia de pétalos de rosas de todos los colores que las propias vecinas habían recogido, como muestra de cariño hacia la pareja.
arunda
10/10/2012 18:20
Gracias campanilla snif
señora romerosnif
Campanillanj
10/10/2012 18:20
Recibieron las felicitaciones, besos y abrazos de familiares y amigos. Todo el mundo estaba feliz y les expresaba sus mejores deseos. El capitán García se acercó a ellos acompañado de Teresa.
- ¡ Capitán !- Sara se echó a sus brazos emocionada. Sentía gran aprecio por él. Les había ayudado mucho y ambos, Miguel y Sara, sabían que les apreciaba de verdad. Gracias a él, el guardia civil y la ex bandolera habían vuelto a verse y a estar juntos tras su ruptura, cuando Miguel descubrió lo que había hecho Sara y se marchó a Cádiz- ¡ Qué grata sorpresa ! Me alegro mucho de que estéis aquí. ¿ Cuándo habéis llegado ?
- Llevamos varios días aquí- respondió el capitán- Cuando vosotros llegasteis al barco, nosotros estábamos viniendo hacia Arazana. Hemos aprovechado para conocer la zona y tengo que decir que nos ha encantado. Nos alojamos en la posada, donde, me temo, no te habrán dejado ni asomarte. Miguel quería que te llevaras una sorpresa.
- Me la he llevado- dijo Sara- Una feliz sorpresa- volvió a abrazarlo. Después, mientras el capitán García felicitaba cariñosamente a Miguel, a quien ya había visto tras su regreso, Sara saludaba a Teresa.
- ¡ Felicidades, Sara ! Estás preciosa. Nunca había visto una novia tan hermosa. Me alegro de haber venido. No me hubiera perdonado nunca perderme este momento. Mi cuñada te envía saludos. Os envía saludos a los dos. Sigue soñando con un teniente como el tuyo- terminó riendo- Pero ya le he dicho que no hay más. Con Miguel rompieron el molde.
- Mira que le he dicho mil veces que ya no eres teniente, pero dice que para ella siempre lo serás. No sé cuántas veces ha leído la novela de Sara.
- Pues estará encantada de leer la segunda parte- dijo Sara imaginándose a la hermana del capitán cuando supiera la noticia de que habría más teniente.
- No se lo diré- dijo Luis- Es capaz de volverme loco.
Todos rieron.
- Me parece que soy el último en felicitaros- oyeron la siempre alegre voz del capitán Muñoz.
- ¡ Carlos !- exclamó Sara.El capitán llegó hasta ellos.
- Con tu permiso, voy a abrazar a tu esposa, Miguel.
- Adelante- Miguel sonreía mientras observaba el emocionado abrazo de su esposa y el capitán.
- Felicidades, pequeña. Os dije una vez que me encantaría estar en vuestra boda y no pude resistirme. Cuando volví de Inglaterra, después de hablar con vosotros, pedí vacaciones. Sabía que no tardaríais mucho en volver. Y me alegro de haberlo hecho. ¿ Qué tal funciona el barco sin mí ?- preguntó aún sabiendo ya la respuesta.
- Sabes que tu sobrino lo hace de maravilla- respondió Miguel- No le habrías confiado tu barco de no ser así.
- Cierto- dijo Carlos- Ven aquí, muchacho y déjame que te abrace- abrazó a Miguel- Enhorabuena. Siempre supe que lo conseguiríais. Un amor como el vuestro no podía acabar de otro modo.
- Gracias Carlos- dijo Miguel agradecido- Ya te lo dije, pero te lo vuelvo a repetir. Me alegro de que estéis aquí.
Después presentaron a Sara a la esposa del capitán Muñoz, Rosalía. Era tan afable como él.
- Me alegro de conocerte por fin, Sara. He oído hablar mucho de ti. He oído hablar mucho de los dos. Ha sido una boda preciosa. Felicidades a los dos- abrazó a Sara y después a Miguel.
- Si- dijo Sara- Ha sido preciosa. Y toda una sorpresa. Yo creí que tendría una boda sencilla y, por lo visto, aquí estaban preparando una boda por todo lo alto. Y sé quién ha hecho posible todo esto- vio que Elvira y su padre les miraban. Hablaban con Morales y Paca. Sara les hizo una señal para que se acercaran. Tras pedir disculpas a la pareja, se acercaron al grupo de Sara y Miguel.
- Ella ha sido quien ha organizado todo esto- dijo Sara- Estoy más que segura.
- Yo sólo he hecho el trabajo- se defendió Elvira- La idea de una gran boda fue de Miguel. El envió un cable pidiéndonos que lo preparáramos todo y todo lo que quería para ti. La música, las flores que te gustan…
- Tú has hecho más de lo que te pedí- dijo Miguel- Y por eso te doy las gracias. Ha sido una boda perfecta- abrazó a Elvira.
- Esto se merece un trago- se oyó la voz de Pepe- Vamos a la taberna.
- Gracias, Pepe- dijo Rafalín. Se quedó pensativo- ¿ Yo puedo tomar un trago también, como todos ?
- Hoy sí- dijo Pepe después de pensarlo un instante y de ver que todos le decían que sí con la cabeza- Pero sólo uno, y pequeño.
- ¡ Ere, ere, ere !- exclamó el joven. Y fue el primero en ir a la taberna, gritando emocionado.
- ¡ Madre mía, la que nos espera !- dijo Manuel. Después sonrió- Será divertido.
Unos cuantos fueron enseguida detrás de Rafalín. Otros se quedaron hablando. Luis y Carlos, con sus esposas, fueron a hablar con los oficiales. Sara y Miguel se quedaron con Abel y Elvira. Sara volvió a abrazar a su padre, que la retuvo entre sus brazos.
- Estoy muy feliz, hija- dijo Abel- porque estoy seguro de que tú lo serás también.
- Gracias, padre- Sara le dio un beso y se quedó entre sus brazos. Elvira estaba de nuevo emocionada. Sara fue a abrazarla.
- ¡ Qué maravilloso es verlas tan unidas, suegro !- dijo Miguel
- Sí que lo es- dijo Abel sin dejar de mirar a las dos mujeres de su vida.
- ¿ Te molesta que te llame suegro ?- el capitán sonreía.
- Llámame como quieras- respondió Abel mirando sonriente a Miguel- Soy un suegro orgulloso de su yerno
Miguel y Abel se abrazaron.
- Ahora, vamos a tomarnos ese trago. Hay que brindar- dijo Elvira. Y los cuatro fueron hacia la taberna.
Al ver que los novios iban hacia allí, todos los que quedaban en la puerta de la iglesia fueron con ellos. Julieta y Manuel iban rezagados. El joven había visto a su novia emocionarse con la hermosa ceremonia y se prometió a sí mismo que algún día, le daría a Julieta una boda, si no igual que esa, parecida. Y él sería el novio más feliz del mundo.
Campanillanj
10/10/2012 18:21
- Estás preciosa, Julieta- dijo el joven agarrándola suavemente de la mano- Llevo todo el día admirándote y deseando besarte. Nunca he visto una mujer más hermosa que tú.
- Gracias, Manuel- Julieta sonreía y le miraba con amor- Tú también estás muy elegante y guapo. Y yo también llevo todo el día deseando besarte y refugiarme en tus brazos. Llevo deseándolo desde que me besaste ayer por última vez.
- Pues no sé si hoy será posible con tanta gente, mi amor, pero ten presente que cada vez que te mire lo estaré deseando. Te quiero, preciosa- la miró profundamente y le besó la mano antes de soltarla- Ahora, vamos a la taberna antes de que tu padre te eche de menos y yo termine de volverme loco y te bese aquí, en medio de la plaza.
- Vamos entonces- Julieta sonreía feliz.
Y ambos se dirigieron hacia la taberna. Ninguno de los dos se había dado cuenta de que Miguel y Sara los observaban sonrientes desde la puerta de la taberna. Todo el mundo estaba dentro menos ellos cuatro. Los recién casados sabían cuán difícil era para dos personas que se aman ocultar su amor ante los demás y aguantarse las ganas de acariciar a la persona amada. Sara y Miguel se miraron y no hicieron falta palabras. Decidieron darles un poco más de tiempo.
- Os están esperando, chicos- dijo Elvira que salía a buscarlos- No podemos brindar por los recién casados sin ellos.
- En un minuto entramos- dijo Miguel- Necesito un minuto a solas con mi esposa. Elvira sonrió y cuando iba a entrar vio que se acercaban Manuel y Julieta. Su sonrisa se hizo más amplia. Volvió a mirar a Sara y a Miguel, que le miraban como si le suplicaran unos minutos, no para ellos, sino para los jóvenes que se acercaban.
- Lo entiendo- dijo Elvira- Pero no tardéis. Por lo menos, intentaré tener a Pepe entretenido
- Gracias Elvira- dijo Miguel.
- Míralos- dijo Sara- ¿ No es bonito verlos ?
- La verdad, sí- respondió Elvira- Hacen una bonita pareja. Pero ahí hay algo más que una simpatía mutua, hijos- su cara se iluminó- ¡ Están enamorados !- exclamó
- Sí- susurró Sara- Se han hecho novios. Pero es un secreto.
- ¿ Novios ?- Elvira estaba sorprendida- ¿ Cuándo ?
- Ayer, cuando Manuel la acompañó a la posada. Hace tiempo que están enamorados, pero nunca se habían atrevido a confesárselo.
- Enternecedor- dijo Elvira- Voy a entrar, no vaya a ser que le dé a Pepe por buscar a su hija.
- Ahora entramos- dijo Miguel. Y miró a Manuel y a Julieta que ya estaban cerca. Le hizo a Manuel un gesto con la mano a la vez que le decía en voz baja que tenían cinco minutos. Manuel sonrió agradecido.
- Entremos- Sara cogió la mano que Miguel le tendía.
- ¡ Vivan los novios !- oyeron a Rafalín gritar en cuanto entraron.
- ¡ Viva !- corearon los demás. Y enseguida, ambos tenían un vaso de vino en la mano. Sara miró a Marcial, que le hizo señas de que podía beber un poquito.
- Quiero hacer un brindis- dijo Morales levantando su vino- Sé que no será tan hermoso como las palabras que los recién casados se han dedicado en la iglesia, pero cada uno hace lo que puede. Quiero brindar por esta pareja que se amó desde el mismo momento en que se miraron por primera vez. Me siento orgulloso de haber sido testigo de ese amor desde sus inicios y estoy muy feliz de verlos, por fin, casados. Ha sido una ceremonia bonita y emotiva. La más hermosa forma de sellar vuestro amor. Felicidades y gracias por demostrarnos a todos que el amor de verdad puede con todo. ¡ Por los recién casados !- brindó.
- ¡ Por los recién casados !- corearon todos alzando sus copas.
Manuel y Julieta oyeron desde fuera los gritos de celebración.
- Si Sara no sabía lo nuestro- dijo Manuel- lo sabe ya.
- No te preocupes, Manuel- dijo Julieta- Lo sabe desde ayer. Necesitaba contárselo a alguien y ella era la persona adecuada. Ella sabría comprenderme. Estaba esperando que regresara para confesarle que estoy enamorada de ti. Quería pedirle consejo, pero no tuve que hacerlo. Le conté que somos novios y que de momento es algo que queremos llevar en secreto. Se alegró mucho. Lo que yo no sabía era que Miguel lo sabía. Sara se lo habrá contado.
- No. A Miguel se lo conté yo- al ver la sorpresa en la cara de su novia, el joven sonrió- Pensé que él me entendería. Y no me arrepiento de habérselo contado. Ahora, aprovechemos el tiempo que nos han regalado. Este es un buen sitio. Nadie nos verá. Están todos dentro entretenidos- Estaban dentro de la posada, en la terraza, desde donde nadie que pasara por la calle los vería
- ¿ Un buen sitio ? ¿ Para qué ?- Julieta sonreía
- Para esto- Manuel miró a ambos lados. Efectivamente, nadie los vería y confiaba en que Miguel y Sara harían lo posible para que nadie saliera. Besó a Julieta suavemente mientras le rodeaba la cintura y apretaba su cuerpo contra el de ella y ella respondía a su beso. La joven le hacía perder el sentido. Tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para serenarse y dejar de besarla. La miró a los ojos- Te quiero, pero tengo que dejar de besarte. Si no lo hiciera, no podría parar y podrían descubrirnos. A mí no me importaría. Tengo las mejores intenciones para contigo, pero sé que, por el momento, tú no quieres que se sepa. Será mejor que entres, mi amor. Yo iré enseguida- Le dio un breve beso en los labios y se apartó para que ella pasara.
Julieta entró en la taberna. Manuel se quedó fuera serenándose. No podría entrar en ese momento. Dentro la celebración continuaba. Se fumó un cigarrillo y armándose de valor, entró. Enseguida tenía un vaso de vino en la mano que le dio, precisamente, la persona con la que tarde o temprano tendría que hablar. Pepe.
- Bebe, muchacho- animó Pepe.
Manuel lo miró. El tabernero le sonreía. Pero, ¿ Seguiría siendo amable con él cuando descubriera que estaba enamorado de su hija y que ella le correspondía ? Manuel tenía sus dudas. Su pasado le pesaría como una losa. Se bebió el vino de un trago. Había serenado su cuerpo. Ahora tendría que serenar su mente.
Campanillanj
10/10/2012 18:22
El banquete de boda se celebró en el jardín de la casa del Gobernador. Estaba delicadamente adornado con el mismo tipo de ramilletes que habían adornado la iglesia y los coches. Las mesas, redondas, estaban distribuidas por el jardín. La mesa de los novios, alargada y colocada frente al resto de las mesas estaba ocupada por los novios, en el centro, Abel, Elvira, Morales, Paca y Catalina. Muy cerca de la mesa de los novios, se sentaban Juan, Mercedes, Flor, Marcial, Rafalín, Manuel y a su lado, Julieta. Los oficiales ocupaban otra mesa junto al capitán García, Teresa, Carlos Muñoz y Rosalía. En otra, Roberto, Margarita, Juanito, Chelo, Carmen, Tomás y Cosme. La Maña, que había preferido no sentarse en la mesa de los novios, estaba junto a Pepe, Satur, Martínez, Aranda, Ramona e Isabel. Otros vecinos invitados a la fiesta estaban repartidos por las mesas. En otra, los empleados de Sara y Miguel charlaban animadamente con los empleados de Abel y Elvira. Ésta, que se había encargado de organizar todo teniendo en cuenta hasta el más pequeño de los detalles, había contratado personal para que les sirvieran y para que así sus empleados, que trabajaban con ellos desde hacía muchos años y a quienes apreciaba mucho, pudieran compartir con ellos el feliz día.
Todos lo estaban pasando estupendamente. Se oían gritos de júbilo y risas constantemente.
- ¡ Que se besen !- gritó Rafalín. Desde la primera vez que había oído que Juan lo gritaba y que todos gritaban con él, cada vez que terminaba un plato, el joven a quien todos habían adulado al verle tan limpio y arreglado, volvía a gritarlo, riendo orgulloso cuando todos le secundaban.
- ¡ Que se besen !- se oyó un clamor general. Sara sonreía ante la petición. No sabía cuántas veces les habían pedido que se besaran. Había perdido la cuenta pero estaba encantada. Miguel era su esposo y si por ella fuera, estaría besándole todo el día. Los recién casados se volvieron a levantar por enésima vez para darse un beso. Miguel rodeó la cintura de su esposa y la atrajo suavemente hacia él. Sara pasó sus brazos alrededor del cuello de su esposo y se fundieron en un beso interminable que provocó más gritos y vítores hacia la pareja. A partir de ese momento, las peticiones se multiplicaron. A petición de los presentes, tuvieron que besarse, ante todos, Abel y Elvira, Morales y Paca, Juan y Mercedes, Roberto y Margarita, La Maña y Pepe, Juanito y Chelo.
- ¡ Que se besen los testigos !- gritó Juan sabiendo que Marcial se apuraba cuando sentía que era el centro de atención. Marcial ayudó a Flor a levantarse y la besó. Hubo gritos divertidos. La mayoría sabían de la timidez de su médico y sonreían.
- ¡ Ay, Dios !- susurró Miguel a Sara- Espero que sepan hacerlo bien.
- Tranquilo, mi amor- susurró también Sara- Igual nadie lo pide.
En ese momento, alguien gritó lo que los recién casados temían que gritasen. Había sido Mercedes. Su idea fue acogida con agrado por todos. Manuel hacía gestos negativos con la mano, lo que provocó que lo pidieran con más ahínco. El joven miró a Julieta cuyo rostro estaba invadido por el rubor. Manuel no sabía qué hacer. Deseaba besarla con todas las fuerzas de su corazón pero sentía que, si lo hacía, todo el mundo se daría cuenta de sus sentimientos por la joven. Los gritos continuaban y pensó que si no la besaba, no terminarían nunca. Se levantó y alargó su mano para que Julieta se levantara. Con el sólo roce de su cuerpo, Manuel sintió que un escalofrío recorría su espalda. Sus labios se posaron sobre la mejilla sonrosada de Julieta dándole un suave beso.
- ¡ Venga ya !- exclamó Juan- Seguro que sabes besar mejor, Manuel. Así le besaría un hermano.
Manuel fulminó a su amigo con la mirada, pero sólo consiguió de él una mirada inquisitiva, a la que siguió una amplia sonrisa, como si de repente se hubiera dado cuenta de todo.
- ¡ En los labios, Manuel !- gritó Rafalín
- ¡ Dale un beso como Dios manda !- se oyó gritar a Roberto divertido.
- ¡ Ánimo, muchacho !- exclamó Morales.
Manuel miró a Sara y a Miguel, que le animaron a hacerlo sonriendo. Ante la insistencia de todos, que los miraban expectantes, el ex bandolero dio a su novia un suave y breve beso en los labios. De inmediato, rodeados de aplausos que celebraban el esperado beso, ambos se sentaron de nuevo. Nadie, salvo aquellos que tenían detrás, que eran los recién casados, Paca y Morales se dio cuenta de que, bajo la mesa, los dedos de ambos se entrelazaban y permanecían así largo rato, sumidos cada uno en sus pensamientos y ajenos a lo que acontecía a su alrededor.
- Mira, Alfonso- susurró Paca al verlos.
- Están enamorados- susurró Morales a su mujer- Pero es un secreto.
- Hacen una bonita pareja, la verdad- Paca volvió a susurrar.
- Sí que la hacen- sentenció Morales- Una bonita pareja. Espero que cuando Pepe se entere, se dé cuenta de que su hija es feliz con el muchacho.
- Dios te oiga- Paca suspiró. Conocía a Pepe y sabía que seguía pensando que su hija era una niña, aunque no lo fuera ya.
Campanillanj
10/10/2012 18:25
Después de partir y comer la tarta nupcial y de brindar de nuevo por los recién casados, empezó la música. Miguel ofreció su mano a Sara y ante la atenta mirada de todos, el capitán y su esposa comenzaron a bailar. Después de dejarlos bailar un rato solos, varias parejas se animaron a bailar también. Todos disfrutaban de la música que tocaban los músicos que Elvira había contratado para amenizar la tarde. Con la siguiente pieza, comenzaron los cambios de pareja. Todos querían bailar con los recién casados. Elvira se acercó con Abel y al verlo, tanto Sara como Miguel sonrieron.
- ¿ Me permites ?- dijo Abel.
- Por supuesto, suegro- respondió Miguel sin dejar de sonreír.
Y mientras Sara bailaba con su padre, despacio para que no se agotara, Miguel procedió a bailar con Elvira.
- Gracias. Elvira- dijo Miguel mientras bailaban- Has hecho el sueño de Sara realidad. Es la boda que soñaba.
- No tienes que darme las gracias, Miguel. Para mí ha sido un placer. No todos los días se puede organizar una boda para una hija.
- No sabes lo feliz que me hace que estéis tan unidas y que os queráis como madre e hija
- Sara ha sido una bendición para mí- dijo Elvira
- Y para mí, suegra. Es lo más hermoso que me ha pasado en la vida.
- Te quedan muchas cosas hermosas por vivir a su lado, Miguel. Muchas.
- Lo sé- dijo Miguel mirando a Sara, que en esos momentos, cambiaba de pareja y dejaba de bailar con su padre para bailar con Morales. Miguel sonrió al pensar en la ilusión que le hacía a su amigo bailar con su milady. Paca se acercó y Elvira dejó de bailar con Miguel para reunirse con Abel, que se sentaba.
- Estoy emocionada de verte tan feliz, Miguel- dijo Paca- Te lo mereces. Los dos os lo merecéis.
- Gracias, Paca- dijo Miguel- Y gracias por animarme y darme esperanzas en los momentos en los que pensaba que este día no llegaría nunca.
- Yo sabía que este día llegaría tarde o temprano. Estáis hechos el uno para el otro y veros juntos me llena de dicha. Estoy orgullosa de vosotros. Y sé de otro que también lo está- Paca miró sonriendo a su esposo.
- No sabes cuánto he deseado este momento, milady- dijo Morales mientras hacía girar suavemente a Sara.
- Me consta, Morales- dijo Sara riendo. Y con un Morales que sonreía orgulloso y satisfecho al estar haciendo algo que tenía tantas ganas de hacer, continuaron bailando.
- Espero que me permita bailar con Sara, Morales- dijo Roberto apareciendo al rato al lado de la pareja de baile.
- Faltaría más, Roberto- dijo Morales soltando a Sara- Yo voy a ver si mi Paca quiere bailar conmigo.
Morales se puso a bailar con Paca y Miguel con Margarita, mientras Sara lo hacía con Roberto.
- Ha sido una boda preciosa, Sara- decía Roberto- La boda que os merecíais.
- Gracias, Roberto- dijo Sara- Me ha alegrado mucho verte en la iglesia. Si no me equivoco, el próximo en pasar por el altar serás tú.
- Sí- afirmó Roberto- En unos meses me casaré con Margarita- sus ojos fueron hasta ella, que hablaba animadamente con Miguel mientras bailaban.
- Me alegro de verte tan feliz y enamorado, Roberto. Margarita es una gran mujer y te hará muy feliz. Hacéis una pareja muy bonita.
- Gracias, Sara. Yo sólo quiero hacerla tan feliz como ella me hace a mí.
- Y lo harás- dijo Sara- Seréis muy felices. Y ambos os lo merecéis.
- Por cierto, tengo que decirte que estoy muy orgulloso de ti, bandolera misteriosa- dijo Roberto- No he tenido ocasión de decírtelo antes, pero quiero que lo sepas. Hiciste muchas cosas buenas por el pueblo. Y me siento muy orgulloso de ti y me alegro de que las cosas hayan salido bien para ti. Arriesgaste mucho.
- Si- dijo Sara- Estuve a punto de perder a Miguel, que es lo que más quiero en el mundo, pero al final, no ocurrió. Él supo comprender mis motivos y aceptarme y perdonarme.
- Es un gran hombre- afirmó Roberto.
- Sí que lo es- dijo Sara mirando a su esposo orgullosa.
Mercedes se acercó para bailar con Miguel mientras Juan se acercaba a Sara y a Roberto, que se dirigió a buscar a Margarita para seguir bailando con ella.
- ¿ No crees que Sara debería descansar un poco ?- preguntó Miguel a la que a partir de ese día era su tía.
- No te preocupes, sobrino. La he estado observando, como también me he fijado que lo hacía Marcial. Son piezas más bien lentas y no está haciendo mucho esfuerzo. Cuando ella se sienta cansada, se tomará un descanso, estoy segura. De momento, déjala que disfrute y no te preocupes. Aunque siga bailando, tendrá fuerzas suficientes para su noche de bodas- Mercedes sonrió con picardía y rió abiertamente cuando vio que Miguel se sonrojaba- No te avergüences. No soy mi madre. Soy una mujer aún joven que sabe de las necesidades de dos personas que se aman.- sonrió al ver sonreír a Miguel.
Flor se levantó para entrar en la casa. Necesitaba ir al bañó. En el momento en que Marcial se levantaba para ir a bailar con Sara, Martínez se acercó a la mesa con intención de bailar con Julieta. La joven se sorprendió y miró a sus compañeros de mesa, sobre todo a Manuel.
Campanillanj
10/10/2012 18:26
- Sal a bailar, Julieta- dijo Marcial- Y diviértete.
- Claro- dijo Manuel. Había notado hacía rato que la muchacha miraba a los que bailaban y se había dado cuenta de las ganas que tenía ella también de bailar. No le hizo gracia, pero tuvo que animarla a hacerlo- Y pásalo bien.
- Julieta se levantó despacio y se fue a bailar con Martínez, bajo la atenta mirada de Manuel, que se quedó solo una vez que Marcial se fue también. Vio al médico tomar el relevo de Juan, que fue directo a la mesa.
- ¿ Qué haces aquí solo ?- Deberías estar bailando como todo el mundo.
- Ya sabes que, aunque haya aprendido a hacerlo, el baile no se me da muy bien. Sólo haría el ridículo- respondió el chato sin dejar de mirar a Julieta.
El marqués se sentó junto a él y siguió la mirada de su amigo.
- Te has enamorado de la muchacha, amigo- dijo Juan. En ese momento, Aranda ocupó el lugar de su compañero como pareja de baile de Julieta y Manuel sintió que tenía que marcharse de allí.
- Perdóname, Juan. Tengo que irme- se levantó de la silla y se fue hacia el interior de la casa.
Juan siguió mirando a Julieta que, como si sintiera la tristeza de Manuel, se volvió hacia él. Y su rostro hasta entonces alegre, se tornó triste cuando lo vio andar hacia la casa cabizbajo. Juan se dio cuenta de que la joven no se atrevía a dejar plantado a su pareja de baile para correr tras Manuel, que era lo que parecía que le apetecía hacer. Juan se levantó decidido a hacer algo. Fue hacia Julieta.
- ¿ Le importa que le quite a su compañera de baile, agente ?
- Faltaría más, señor Marqués- dijo Aranda soltando a Julieta. Al ir a su mesa, el agente fue interceptado por Ramona y los dos se fueron a bailar.
- Perdone, Juan- dijo Julieta- Iba a tomar un descanso.
- ¿ Para ir tras él ?- vio la cara de sorpresa de la muchacha- No te preocupes. No te entretendré mucho. Sólo lo suficiente para que nadie note que vas tras Manuel. Ahora baila, o todo el mundo nos mirará.
Y Julieta bailó con Juan, mientras pensaba que cada vez más gente se daba cuenta de sus sentimientos por el ex bandolero.
- Te gusta, ¿ verdad ?- preguntó Juan a la vez que hacía girar a la muchacha al compás de la música.
- ¿ Tanto se me nota ?
- No más que a él- respondió Juan- Ahora, sólo lo tenéis que reconocer el uno y el otro.
- No hace falta, Juan. Yo sé lo que Manuel siente por mí y él sabe cuánto le quiero.
Ahora, el sorprendido fue Juan. Una vez recuperado de la sorpresa, volvió a tomar la palabra.
- Vamos a sentarnos, Julieta. Aún no deberías ir- fueron hasta la mesa y se sentaron.
Mercedes se acercó y se sentó en la mesa con ellos.
- Julieta- dijo Juan- ¿ Podrías hacerme el favor que te he pedido ?
- Sí, claro- dijo la muchacha antes de ir hacia la casa.
- ¿ Qué le has pedido ?- preguntó Mercedes con curiosidad.
- En realidad, nada- respondió Juan- Pero Manuel está allí dentro y me ha parecido que ella quería estar con él. Están enamorados, Mercedes- susurró- Ahora hay que tener entretenido al alcalde.
- ¡ Ahh !- Mercedes sonrió satisfecha- Acaba de empezar a bailar con Sara, pero estaré atenta por si acaso. No dejaremos que entre, por lo menos hasta que uno de los dos salga.
Campanillanj
10/10/2012 18:28
Desde la casa, Manuel vio que Julieta se acercaba. Allí, donde él estaba, no había nadie más. Los empleados estaban ocupados en la cocina recogiendo todo y trabajaban ya para la cena. Esperó a su novia tras la puerta y una vez que la joven entró, la cerró con rapidez y atrapó a la joven entre sus brazos y la puerta. Y le dio un apasionado beso en los labios, que pilló a la joven por sorpresa, pero al que respondió de forma inmediata.
- No sabes cuántas ganas tenía de tenerte así- dijo después, mientras le daba pequeños besos por todo el cuello- Tenerte a mi lado sin poder tocarte ni abrazarte está siendo un suplicio para mí. Y verte bailar con ese miguelete ha terminado conmigo.
- ¿ Estás enfadado porque he aceptado bailar con Martínez ?- Julieta no daba crédito- Te recuerdo que yo no quería. Casi me habéis empujado a hacerlo. Tú mismo me has…
- Shhh- dijo Manuel poniendo un dedo sobre los labios de la muchacha- No estoy enfadado, por lo menos contigo. Estoy molesto conmigo mismo por no atreverme a sacarte a bailar antes que él. Tú puedes bailar con quien te apetezca, me guste a mí o no. Eres libre de hacerlo, si es lo que quieres. No tengo miedo a que te fijes en otro. Tengo plena confianza en ti. Sé que nadie se interpondrá entre nosotros porque te quiero y sé que me quieres y sólo…
- Claro que te quiero- ahora fue Julieta la que interrumpió a Manuel.
- Repítelo- pidió Manuel. Era la primera vez que Julieta le decía esas palabras que él tanto anhelaba escuchar.
- Te quiero- repitió la joven mirándole a los ojos, mientras rodeaba el cuello de su novio y le acariciaba la nuca- Te quiero.
Manuel, que no tenía palabras para expresar lo inmensamente feliz que se sentía, sólo pudo demostrárselo con sus besos apasionados y voraces y con sus caricias, a las que Julieta respondía con la misma avidez y necesidad. Manuel rozó uno de los pechos de la muchacha y la sintió estremecer entre sus brazos. Y se sintió feliz de despertar en ella esas sensaciones. Pero el estremecimiento de Julieta también le hizo volver a la realidad. Tenía que parar y controlarse, porque de lo contrario, no podría hacerlo nunca. Deseaba hacerla suya más que nada en el mundo pero esperaría lo que hiciera falta. Quería ir despacio y aunque le resultaba cada día más difícil, lo haría. Porque deseaba que la primera vez de Julieta fuera especial. Tanto, que cada vez que la recordara, asomara a su hermoso rostro una amplia sonrisa. Y él estaría ahí para compartir con ella ese feliz recuerdo, porque no iba a separarse de ella nunca.
- Julieta- dijo con la voz ronca por el deseo y mientras ella le besaba el cuello y lo rodeaba con una pierna para atraerlo más hacia él- Debemos parar. Alguien podría entrar.
- No me importa- dijo Julieta- Yo quiero estar así, contigo, toda la vida. No me importa nada más. No me importa que lo sepa todo el mundo.
- A ver, mi amor- Manuel tomó el rostro de la joven entre sus manos e hizo que le mirara- No es esto lo que quieres y tampoco es lo que yo quiero para ti. Hagamos las cosas bien. Si tú quieres que la gente lo sepa, yo seré el primero que se lo diga a tu padre. Pero hoy no. No es el momento, ni tampoco es el lugar. Yo gritaría al mundo entero que te quiero, pero no será hoy. Lo entiendes, ¿ verdad ?
- Sí, Manuel- afirmó Julieta- Lo entiendo y tienes razón. Me he dejado llevar por el momento. Me vuelves loca. Siento que cuando me besas, todo lo demás pierde importancia para mí.
- Sé cómo te sientes. A mí me pasa lo mismo, pero te dije que quería ir despacio y si continúo besándote, acabaré perdiendo el poco control que me queda. Será mejor que te serenes y vuelvas a salir, mi vida. No quiero que tu padre te eche en falta y venga a buscarte- Le dio un último beso en los labios- Anda, ve y diviértete.
- ¿ Harás un esfuerzo y bailarás conmigo ?- preguntó Julieta.
- Lo intentaré, pero bailo bastante mal.
- Estoy segura de que lo harás de maravilla- dijo Julieta- Pero tendré cuidado de que no me pises- sonrió. Dio un beso a Manuel- Te estaré esperando- dijo mientras salía.
Manuel se apoyó en la pared e intentó serenarse. No podría salir en un rato. Vio por la ventana que Julieta iba hacia donde estaban las mesas y los invitados bailando. Suspiró. Después de un rato, se armó de valor y salió de su refugio. Llegó hasta los invitados, que seguían bailando. Sara estaba sentada junto a su padre, descansando. La tarde iba cayendo y no era la única que descansaba. Se acercó hasta ella.
Campanillanj
10/10/2012 18:29
- ¿ Sería mucho pedir que bailaras conmigo, Sara ?- preguntó Manuel- Debo de ser el único que no ha bailado contigo.
- Será un placer- dijo Sara levantándose. Fueron hasta donde todos bailaban. Julieta los miraba sonriente, así como Miguel. Rafalín aplaudía. Su gran amigo estaba bailando.
- Deja de aplaudir que has hecho que todo el mundo me mire, Rafalín- dijo el chato en un susurro cuando pasaron por su lado. Rafalín dejó de hacerlo. No quería que Manuel se enfadara con él. Cuando vio que todo el mundo volvía a concentrarse en el baile, el ex bandolero se relajó. Buscó a Julieta con la mirada y la vio bailando con Miguel.
- Se te ve muy feliz, Manuel- dijo Sara- Me alegro mucho de la elección que has hecho, amigo. Ella es una buena muchacha y está muy enamorada. Como tú.
- Lo sé, Sara- dijo Manuel abriendo por fin su corazón a su amiga- Es lo mejor que me ha pasado en la vida. Y sólo quiero estar con ella hasta el final de mis días. Y hacerla feliz.
- Lo harás- dijo Sara- Estoy convencida. Y me alegro mucho. Me hace feliz veros juntos. Muy feliz. Pero estoy un poco enfadada contigo por no haber confiado en mí- Sara sonreía.
- No me atrevía, Sara. Siempre me tomas el pelo y no quería que eso pasara. Pero me alegro de que lo sepas. No acudí a ti, pero hablé con otra persona tan adecuada como tú.
- Hiciste bien- dijo Sara orgullosa- Y por lo que veo, los consejos de mi marido te fueron bien.
- Mucho, Sara. No sé si me hubiera atrevido a declararle mi amor si no hubiera hablado con él. Tu esposo es una excelente persona.
- Lo sé- dijo Sara- Y me alegro mucho de que tengáis una buena relación.
- Y yo- dijo Manuel- ¡ Quién me lo iba a decir !
Y ante este comentario, ambos rieron.
Un rato después, el capitán dejó de bailar y con Julieta de la mano, se acercó hasta su esposa.
- No te importará que cambiemos de pareja, ¿ verdad ?- preguntó Miguel sabiendo de antemano la respuesta- Hace mucho rato que no tengo a mi esposa entre mis brazos.
- Es toda suya- dijo Manuel. Y mientras Miguel y Sara bailaban, Manuel bailó con Julieta. Afortunadamente, nadie les prestaba atención porque todos miraban a los recién casados y Manuel se relajó.
- ¿ Te he dicho que estás preciosa ?- preguntó a la joven
- Si- respondió Julieta. Pero me encanta escuchártelo decir- sonrió y giró entre los brazos del hombre que ocupaba su corazón y sus pensamientos.
- Pronto servirán la cena- dijo Miguel a Sara- Si queremos llegar a Villareja antes de que la noche se cierre, no podremos quedarnos mucho rato.
- Me da pena irme, Miguel, pero tendremos que hacerlo. No es mi sueño pasar mi noche de bodas en un hotel de Villareja, pero estando contigo, cualquier sitio se vuelve maravilloso para mí.
- Será una noche maravillosa, mi vida- dijo Miguel- Confía en mí
- Sabes que lo hago, Miguel. Y sí. Será una noche maravillosa.
Vieron cómo los empleados ya se disponían a preparar las mesas para la cena y cómo los invitados dejaban de bailar. Sólo ellos y Manuel y Julieta siguieron bailando. Cuando el ex bandolero se dio cuenta de ello, dejó de bailar y, acompañado de su novia, volvieron con los demás. Todos miraban a los recién casados que, ajenos a todo, seguían abrazados y moviéndose lentamente al compás de la música.
- Soy tan feliz, Miguel, que no termino de creerme lo que está pasando- dijo Sara- Eres mi esposo.
- Y tú mi esposa, Sara- dijo Miguel- Para toda la vida. Créelo, mi amor. Es una maravillosa realidad- besó a Sara en los labios y miraron a los invitados cuando éstos rompieron el momento con un inmenso y sonoro aplauso. Dejaron de bailar y se reunieron con los demás.
- No vamos a quedarnos mucho rato- dijo Miguel en cuanto Elvira se acercó a ellos- Tenemos que ir hasta Villareja y no quiero que se haga muy tarde. Sé que los caminos son tranquilos, pero no me gusta mucho la idea de viajar de noche.
- No os preocupéis- dijo Elvira- Lo entiendo, pero tendréis que cenar algo.
- Si- dijo Sara- Cenaremos un poco y nos iremos.
- Bien, pues sentémonos cuanto antes- dijo Elvira- El tiempo es oro.
Un rato después, todos estaban cenando. Las risas y muestras de júbilo y acentuadas por el consumo del buen vino y demás bebidas servidas, se volvieron a repetir. Después de comer algo, Miguel y Sara se levantaron. Se hizo el silencio mientras todos los observaban.
- Gracias a todos por venir- dijo Miguel- Ha sido un día maravilloso e inolvidable y vuestra presencia nos ha llenado de felicidad. Muchas gracias a todos por compartir este día con nosotros. Ahora, con vuestro permiso, mi esposa y yo nos retiramos. Tenemos que ir hasta Villareja- sonrió al oír los gritos picarescos de algunos de los presentes- Supongo que entendéis que nos marchemos. Pasadlo bien- levantó su copa y brindó- ¡ Gracias !
Todos brindaron con él. Los recién casados fueron despidiéndose de todos uno a uno y recibiendo de nuevo las felicitaciones y los mejores deseos de todos. Después de despedirse y acompañados de un sonoro aplauso, se dirigieron, agarrados de la cintura hacia la casa, donde les esperaba el coche que los llevaría a su destino. Los demás continuaron celebrando.
arunda
10/10/2012 18:55
Campanilla la maña¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡la paca julieta y ex,bandolero
flor y el galeno¡¡¡¡¡¡¡roberto y tanta felicidad¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
miguel capitan¡¡¡¡¡¡¡y si no recuerdo mal sara embarazada este es un buen refugio
G-R-A-C-I-A-S¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡snif
Yulan
10/10/2012 22:24
Campanillanj,gracias me gusta mucho,continuara verdad?