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Foro Águila Roja

Confía en mí

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Confía en mí

 
Confía en mí
#0 05/06/2012 - 21:17
¡Hola, Aguiluchas!

Vuelvo a colgar este mensaje, porque no sé qué ha pasado. Se ha perdido en el ciberespacio... Je,je,je... Bueno, os decía en el anterior que estoy escribiendo esta historia de Gonzalo y Margarita, que he titulado Confía en mí. Una frase que el Amo dice habitualmente. Al principio pensé en centrarme sólo en el CR, pero después me he picado y como le dije a Mar, iré introduciendo personajes para dar más intensidad a la trama. ¡Jó parezco una guionista de la serie! Je,je,je... Iré colgándola poco a poco. Espero que os guste y que disfrutéis tanto como yo al escribirla. Me he basado en algunas imágenes que nos pusieron de la ansiada 5ª temporada, pero el resto es todo, todito de mi imaginación. A ver si los lionistas se pasan por aquí y cogen algunas ideas... Je,je,je. Bueno, allá va... Besitos y con Dios. MJ.

Ya sé lo que pasó. Hay mucho texto y no lo podía colgar... Bueno, aquí os dejo las primeras líneas. Besitos a tod@s. MJ.
Re: Confía en mí
#1 05/06/2012 - 21:19
CONFÍA EN MÍ

Aquella madrugada, la melancolía irrumpió en la alcoba de Margarita Hernando, como casi todas las noches en las que los desvelos y los sueños rotos palpitaban a su alrededor. Suspiró y se incorporó en el lecho. El dolor aún latía por sus venas, a pesar del tiempo transcurrido, de la distancia que ella se había impuesto, a pesar de los dolorosos recuerdos… No podía olvidarle. Salió de la habitación y subió los peldaños que le conducirían al altillo de la casa. Abrió la portezuela por la que se salía al tejado. Se sentó, arrebujándose en su mantilla e intentó alejar aquellos pensamientos que tanto le martirizaban. Sin embargo, la luna la miró y le habló con su plateada y envolvente voz:
-Nunca podrás olvidarle, Margarita…
-¿Por qué? –le preguntó ella, temblándole el labio inferior.
-Porque tu alma y la suya son una.
Un sollozo escapó de su garganta y su mano derecha acarició con ternura su abultado vientre. ¡Su hijo crecía ajeno a su tristeza! El hijo de Gonzalo, aunque él nunca lo sabría…
Diez meses antes, en la Villa corría un incesante rumor acrecentado por insensatos y borrachos. Según contaban en las plazas, en los corrales de comedias y en las posadas, Blake, el odiado pirata que había osado desafiar al imperio español, había regresado de los infiernos para acabar con el reino de su majestad, el rey Felipe IV.
En el barrio de San Felipe, los temerosos vecinos hablan y se persignan con el miedo anidando en sus pupilas. Blake había sido ejecutado por los hombres del Comisario, sus huesos debían de estar pudriéndose en alguna tumba, entonces… ¿Por qué le habían visto cerca del Prado de San Isidro o en las mediaciones de la Plaza Mayor?
-Dicen que sus cabellos ardían como el fuego y que vomitaba serpientes por la boca… -comentó Cipri, santiguándose varias veces.
-A mí me dijeron que un vecino de la Villa se perdió en el bosque, y que ese demonio inglés le sacó las tripas cuando le tocó la barriga… -manifestó Tomás, el hijo del herrero-. Esta mañana tenía que haber ido por allí, pero…
Gonzalo de Montalvo miró a Sátur y ambos se sonrieron. Si supieran la verdad… Realmente, Blake había vuelto a la Villa, pero con una única intención: recuperar a su esposa. Ahora Mariana y él navegaban rumbo a Las Antillas donde establecerían su hogar.
El cambio que se produjo en Margarita fue evidente cuando Gonzalo le contó quien era en realidad la que ellos llamaban Claudia, y la relación de amistad que había mantenido en el pasado con el esposo de ésta. En un principio, Margarita le recriminó su poca confianza, sus silencios, los malentendidos… Pero después comprendió su actitud, y se disculpó con su cuñado porque ella también había actuado mal, mostrándose arisca e impertinente con aquella mujer. Ambos se perdonaron y la tranquilidad tornó al hogar del maestro.
-Los fantasmas, Cipri, no existen –dijo Gonzalo posando sus manos en los hombros de su amigo-. A los muertos se les entierra y ya está.
-¿Y ya está? Entonces… ¿Y esas historias que cuentan por la Villa sobre aparecidos? Mucha gente los ve, Gonzalo.
-Eso sólo son patrañas, Cipri. En cuanto a Blake… ¿No lo ejecutaron?
-Sí, pero…
Sátur intervino en la conversación.
-Haz caso a mi amo, Cipri. El Bleis está bien muerto y enterrao. Lo otro son chismes de viejas.
-¿Va a venir, padre? –gritó desde el callejón Alonso.
-¡Ya voy, hijo! Bueno, me tengo que ir. Los niños me esperan en la escuela.
-Yo voy a acercarme al puesto del Basilio, que ayer me prometió que me guardaría las patas y los pescuezos de cuatro gallinas para hacer caldo. Alonsillo, su cuñá y usted, amo, se van a chupar los dedos. –Rió, provocando la sonrisa en Gonzalo.
-Después te veo, Sátur. –El criado asintió-. Y vosotros estad tranquilos… -habló, mirando a Cipri y a Tomás-. No creáis todo lo que se dice por ahí. A más ver.
-A más ver, Gonzalo –le contestaron Cipri y el hijo del herrero.
Cipriano se rascó la cabeza, y luego suspiró.
-Pues yo sí que creo en aparecidos… -murmuró, volviendo a santiguarse.
En el palacio de la marquesa de Santillana, Catalina y Margarita recogían la alcoba de la noble. El ama de llaves dejó las sábanas de hilo francés encima del lecho y después habló a su amiga:
-Pero vamos a ver, alma de cántaro, ¿no te explicó ya Gonzalo quién era esa mujer?
-Sí, Cata. Pero…
-Pero, ¿qué?
-Que no hay confianza entre nosotros. ¿Por qué no me dijo antes que entre Claudia y él no había nada? Yo creí que ella era su nueva mujer y…
Re: Confía en mí
#2 05/06/2012 - 21:20
-Los celos te recomían, ¿verdad?
Margarita asintió.
-Gonzalo se lo guarda tó pa dentro…
-Sí, siempre ha sido así.
-Escucha, Margarita… -Catalina asió por un brazo a su amiga-. Yo estoy segura de que Gonzalo siente algo por ti, pero no se atreve a decirte nada.
-No, Cata. Lo nuestro murió hace muchos años y, además, puede que ni siquiera me amara. A veces cuando uno es joven se confunde con los sentimientos y…
-Pero, ¿qué dices, mujer? Si él estaba coladito por tus huesos.
Margarita le sonrió.
-Y ahora… ¿No te has dado cuenta de cómo te mira? Sus ojos echan chispas cada vez que entras en la casa. –Catalina acarició con ternura el rostro de Margarita Hernando-. A pesar de todo lo que os pasó… -Hizo una pequeña pausa-. Cuando uno ama de verdad, eso se guarda aquí. –Se señaló el corazón.
La joven suspiró.
-Cata, recuerda la carta que tenía la marquesa. Gonzalo me devolvió nuestra prenda de amor…
-¡Tú no sabes qué decía esa carta!
-Lucrecia…
-Esa víbora por hacerte daño es capaz de cualquier cosa. Habla con Gonzalo.
-Ya lo intenté una vez, Cata, y no quiso.
-La vida, Margarita, pocas veces da una segunda oportunidad y a los pobres ná de ná. Así que sé valiente y díselo a Gonzalo. –El ama de llaves abrazó y besó con cariño a su amiga-. Lucha por lo que quieres…
-Gracias, Cata.
Los ojos de la costurera se humedecieron por la emoción. Lucrecia de Santillana entró en ese momento en su habitación. Las miró con su habitual suficiencia.
-¡Catalina! ¡Margarita! Os pago para que hagáis bien vuestro trabajo y no para que estéis todo el día de cháchara.
-Disculpe, señora. Es que Margarita…
-¡No me interesan vuestras penas, Cata! Ve a las cocinas y pon orden allí. –Hizo un gesto de asco-. Aquel lugar parece una taberna de mala muerte.
-Sí, señora… -musitó Catalina bajando la mirada al suelo.
Re: Confía en mí
#3 05/06/2012 - 21:22
El ama de llaves hizo una reverencia a Lucrecia, y luego se marchó de la alcoba. A continuación, la marquesa de Santillana abrió uno de los arcones y sacó un vestido. Se lo entregó a Margarita Hernando.
-Mañana tengo un compromiso muy importante, así que quiero que lo arregles. Hasta que no lo termines, no te podrás ir a tu casa, ¿entendido?
-Sí, señora.
La cuñada de Gonzalo de Montalvo hizo una genuflexión de respeto y asió el pomo de la puerta.
-Margarita…
La costurera se giró y sus oscuros y penetrantes ojos quedaron fijos en los de la marquesa de Santillana.
-Espero que te esmeres.
-Lo haré, Lucrecia.
La noble suspiró. Cogió un dulce de una bandeja de cristal de Bohemia y le dio un pequeño mordisco.
-Puedes marcharte –le dijo, tras hacer un gesto de despido con su mano libre.
Margarita acató su orden.


Continuará...
 
Re: Confía en mí
#4 05/06/2012 - 23:03
Ehhh pues esta muy bien,me engancha la trama de Richard,escribe pronto que la leere cuando pueda !! (esque estoy con examenes)
 
Re: Confía en mí
#5 06/06/2012 - 08:18
maravilloso, MJ, sencillamente maravilloso, es que me los estoy imaginando tal cual...
 
Re: Confía en mí
#6 06/06/2012 - 11:02


Emocionada e intrigada estoy, yo quiero más ....
Re: Confía en mí
#7 06/06/2012 - 16:26
¡Hola, Chicas!

Me alegro mucho que os haya gustado el inicio de la historia. Prometo más... Je,je,je.

Mitchie, estudia y prepárate esos exámentes y saca unas notas estupendas, que tiempo tendrás para leer, ¿vale? En cuanto al Richard y Marianica la plasta, pues me los he quitado de encima en las primeras líneas... Tan jarta estamos de la muchacha... Je,je,je. Besos, guapa.

Selene, guapa. A mí esta pareja me emociona lo mismo que a ti. Ojalá mis pensamientos se trasladaran a la pantalla y les viéramos en la misma o parecida tesitura. Por cierto, te he enviado una solicitud de amistad en Facebook. Creo que eres tú porque la persona que he visto allí tiene el mismo avatar y además es amiga de Gede. Besos, guapetona.

Kaley, cielo, ahora mismo pongo la continuación. Me alegro que a ti también te guste. Y si estás en FB, pues hazmelo saber y te solicito la amistad, ¿ok? Besitos a las tres. Con Dios. MJ.
Re: Confía en mí
#8 06/06/2012 - 16:28
Confía en mí

Alonso entró en la casa. Su padre leía un libro sentado a la mesa y Sátur removía el caldo que había cocinado con un cucharón de madera. Gonzalo levantó la vista y le sonrió.
-Hijo, ¿dónde has estado?
-Por ahí con Gabi…
-Seguro, amo, que haciendo trastadas –habló el criado guiñándole un ojo.
-¡Claro que no! –exclamó el pequeño dejando el zurrón encima de la mesa-. ¡Qué bien huele, Sátur! –dijo, acercándose al hogar donde hervía la olla.
-¡Pues claro, cómo no va a oler bien! Este caldo está hecho con fundamento y mucho amor. –Rió, provocando la risa en el niño.
El maestro les observó con una sonrisa en los labios.
-Sabes, Sátur, esta tarde hay una verbena en la Plaza Mayor. Iremos, ¿verdad?
-¡No me digas, Alonsillo! ¡Qué buenos recuerdos me vienen a la cabeza! Si tu padre te da permiso, yo os acompañaré a Gabi y a ti.
-Padre...
-¡Ya veremos!
Alonso hizo un gesto de súplica a su progenitor.
-Tienes que cambiar la paja de los colchones, dar de beber a los caballos y hacer los deberes de la escuela…
-Lo haré todo. Te lo prometo, padre. Pero déjanos ir a la verbena… Por favor…
-Está bien.
-Gracias, padre –le dijo, arrojándose en sus brazos.
Gonzalo y Sátur se sonrieron. El criado habló nuevamente:
-¿Y tienes el pañuelo?
Alonso se giró y miró a Saturno García.
-¿Qué pañuelo…?
-¡Anda, no sabes lo del pañuelo!
-Pues no. –Se encogió de hombros.
-En estas verbenas los mozos llevan un pañuelo de mujer atado al cuello.
-¿Por qué?
-Esa es la costumbre, Alonsillo. Así las mozas saben que estás soltero y que buscas novia.
El postillón rió y el niño le imitó.
-Yo no tengo ninguno, Sátur.
-Pues se lo pides a tu tía.
-¡Eso haré! –exclamó Alonso alegre.
-Margarita aún no ha regresado del palacio de la marquesa, así que tendrás que esperar –manifestó Gonzalo.
El niño asintió. En ese instante, llamaron a la puerta y Alonso fue a abrir. Catalina irrumpió en la sala y les saludó cariñosamente. Después dijo:
-No esperéis a Margarita hasta bien entrada la noche.
-¿Y eso? –le preguntó Gonzalo poniéndose de pie.
-La marquesa, que le tiene que coser un vestido para un no sé qué…
-Entonces… ¿Cómo voy a conseguir el pañuelo?
-Bueno, hijo, no pasa nada. Te pones uno de Sátur o mío y…
-Pero, padre, tiene que ser de mujer…
-¿Qué pañuelo? –inquirió Catalina sin saber a qué se referían Gonzalo y su hijo.
-El que se ponen los muchachos en las verbenas para buscar novias.
-¡Ah, ya! –Rió Catalina-. Yo sólo tengo uno para mi Murillo. Sin embargo, estoy segura de que a tu tía no le molestará que le cojas uno, Alonso.
-¿Puedo?
Re: Confía en mí
#9 06/06/2012 - 16:29
Gonzalo suspiró.
-Está bien, pero ten cuidado con las cosas de la tía Margarita y déjalo todo en su sitio.
Alonso subió los escalones de dos en dos y se dirigió al cuarto de Margarita Hernando.
-Estos chiquillos… -murmuró Saturno García con la risa flotando a su alrededor.
Poco después, Alonso apareció en la sala. Traía consigo dos pañuelos doblados.
-Creo que a la tía no le importará dejarle uno a Gabi, ¿verdad?
Su padre asintió. Catalina, que se había sentado en una silla y había estado charlando con Gonzalo y con Sátur, se levantó dispuesta a irse.
-Bueno, me voy que tengo que hacerle la comida a mi Murillo.
Alonso abrió el pañuelo de color rojo, y se le cayó un objeto que había estado resguardado entre sus pliegues.
-¡Ten cuidado, hijo! –exclamó Gonzalo cogiéndolo al vuelo.
El rostro de Gonzalo de Montalvo demudó por la sorpresa. Durante unos segundos no pudo hablar. Contempló ensimismado el medallón de la flor de lis.
-¿Qué es eso, padre?
Gonzalo miró a su hijo y con la voz entrecortada le contestó:
-Es un medallón…
Catalina habló al niño:
-Anda, Alonso, me haces un favor y le dices a la Faustina que necesito una cántara de leche y que se la pago mañana.
-Claro, Cata.
Él salió de la casa. Sátur, que no sabía nada de la prenda de amor, observó a su amo con gesto interrogante. Gonzalo se sentó a la mesa, y acarició el medallón con ojos llorosos.
-Nunca contestó a mi carta… -murmuró tras suspirar.
Catalina se sentó a su lado y Sátur la emuló, pues la curiosidad se personó en el hogar de los Montalvo.
-Margarita no sabía que existía esa carta.
-¿Cómo? -El maestro enarcó las cejas con asombro.
-Un momento… -Habló Sátur con gesto de incomprensión-. Si no me explican de qué va este asunto, yo no me entero de ná…
Catalina hizo un ademán para que se callara.
-¿Y el medallón? ¿Por qué lo tenía ella?
-¿Qué carta? ¿Qué medallón? –Insistió Saturno García mirándolos a ambos.
El ama de llaves de la marquesa de Santillana no le contestó y Gonzalo, tampoco.
-Lucrecia se quedó con la carta y con la prenda de amor, Gonzalo. Como si todo fuera suyo.
-¿Qué ese medallón es una prenda de amor? ¿De quién? –volvió a preguntar el criado.
-¡De Gonzalo y de Margarita! –le gritó Catalina, enojada-. ¡Y cállate ya, Sátur, que no me dejas explicarle a Gonzalo la cuestión, hombre!
-De… ¡Ah, ya! Me callo, soy todo oídos… -le respondió el postillón acomodándose en la silla.
Catalina volvió a hablar:
-Un día Margarita halló la carta en la alcoba de la marquesa y también el medallón. Lucrecia es tan maliciosa, Gonzalo, que estoy segura de que lo hizo adrede para que ella los encontrara. ¡Vamos, que pongo mis dos manos ahora mismo en el fuego!
Gonzalo de Montalvo tenía sus ojos fijos en la flor de lis; la acariciaba con ternura recordando el momento en el que Margarita se la entregó.
-Yo confíe en Lucrecia…
-Pues confiaste en el diablo, Gonzalo –dijo Catalina santiguándose varias veces seguidas.
-¿Por qué lo hizo?
-Con la intención de que su cuñá y usted se separaran para siempre… ¡Mala pécora! –profirió Sátur tras escupir.
-¡Mala pécora y envidiosa! –exclamó la madre de Murillo asiendo la toquilla que se le acababa de resbalar por los hombros.
Gonzalo miró a sus dos amigos y a continuación, le preguntó al ama de llaves:
-Margarita… ¿La leyó?
-No, Margarita nunca supo que le escribiste hasta ese día. Le pidió explicaciones a la marquesa, pero ésta le dijo que tú no querías saber nada de ella, y que por eso le devolvías la prenda de amor. La carta la rompió.
El maestro cerró los ojos y suspiró. El dolor se había adueñado de éstos al volverlos a abrir. Catalina puso su mano derecha en uno de los fornidos brazos del héroe de la Villa, y trató de consolarle igual que hacía cuando Murillo la necesitaba.
-Es mentira, ¿verdad, Gonzalo?
Él sólo pudo asentir.
-¡Lo sabía! –prorrumpió alegre su vecina-. Margarita debe…
-No hagas ni le digas nada, Catalina.
-Pero… -comenzó a decir la madre de Murillo pestañeando.
Re: Confía en mí
#10 06/06/2012 - 16:31
-Yo lo haré.
Una sonrisa afloró en la comisura de los labios femeninos.
-¡La señora tiene que saber la verdad, amo! Ustedes han sufrido demasiado y no es justo que sigan así.
-¡Eso mismo digo yo! Margarita siempre te ha querido, Gonzalo, y yo sé que tú… -Catalina se calló porque Alonso acababa de entrar en la casa.
-Dejé la cántara de leche en tu casa, Catalina. Murillo pregunta por ti.
-Gracias, mi amor. -Cata le dio un beso y Alonso rió-. Bueno, me tengo que ir que mi Murillo tiene que comer. A más ver.
-A más ver, Catalina –le respondió Gonzalo de Montalvo-. Y gracias por todo.
-Con Dios, Cata –habló Sátur risueño.
Ella les sonrió antes de cerrar la puerta de la entrada. El criado se acercó al hogar y removió el caldo. Después le preguntó a Gonzalo:
-¿Qué le va a decir a Margarita, amo?
-Ya lo pensaré, Sátur.
-Pues no tarde mucho que a su cuñá se le va a pasar el arroz y ya me dirá… ¡Qué la mujer necesita una alegría pa el cuerpo!
-Sátur… -Le riñó con el ceño fruncido y los brazos en jarra.
-¿Qué le pasa a la tía? –le inquirió su hijo con cara de preocupación.
-No le pasa nada, Alonso. Tu tía está bien –le contestó cogiéndole por los hombros.
-¿No me miente, padre?
-No, hijo. –Le sonrió abrazándole-. Confía en mí.
-¿Por qué te iba a mentir tu padre, Alonsillo?
-Es que vosotros a veces me ocultáis cosas y…
-Si alguna vez Sátur, tía Margarita o yo te hemos ocultado algo, es para no preocuparte.
-¡Ya no soy un niño, padre!
-Lo sé, hijo. Has crecido y me siento muy orgulloso de ti.
Alonso de Montalvo sonrió a su progenitor, que le devolvió la sonrisa.
-Confío en ti, padre.
-Te quiero, hijo.
-Yo también a ti, padre.
Gonzalo besó a Alonso y luego le alborotó los cabellos en un gesto de complicidad. Sátur, sonriente, puso los cubiertos, las escudillas y la olla encima de la mesa.
-Bueno, bueno… Pues ahora se van a tomar este caldito y van a pensar que están en el Paraíso. –Río el postillón.
Gonzalo y Alonso soltaron varias carcajadas y después se sentaron a la mesa dispuestos a saborear la comida que Sátur les había preparado.

Continuará...


Besitos, guapas. MJ. Con Dios.
 
Re: Confía en mí
#11 06/06/2012 - 18:14
Mj, me tienes en ascuas, que bonito escribes, de verdad, a mi también me has trasladado al hogar de Gonzalo, es como si estubiera viendo todo lo que relatas con lujo de detalles. Gracias gupetona.

Nos pones más ?, jajaja
Re: Confía en mí
#12 06/06/2012 - 19:25
Muy bien MJ,haber si nos das mas alegrías que la serie.
 
Re: Confía en mí
#13 06/06/2012 - 20:42
Me he escapado un ratillo para leerla,sigue asi que se esta poniendo interesante ;} con dios bss
 
Re: Confía en mí
#14 07/06/2012 - 08:43
mmmmmm estoy que me como los muñones de la intriga ¿qué pasará? sigue, sigue... que me encanta...
 
Re: Confía en mí
#15 07/06/2012 - 09:47
Tenemos un embarazo y una sucesión de echos, no me quedan uñas, jajaja
 
Re: Confía en mí
#16 07/06/2012 - 11:21
Kaley no te quedes sin uñas ni dedos que los necesitas para teclear... MJ ¡¡dale al play!!
 
Re: Confía en mí
#17 07/06/2012 - 12:03
jajaja,vale, hemos quedado en que nada de perder miembros, jajajaja
Re: Confía en mí
#18 07/06/2012 - 14:08


MJ precioso de verdad, llevaba dos o tres días sin entrar en el foro y me encuentro con tu relato,me lo he leído de tirón. Ahora ya estoy intrigá como todas las demás.

¡¡Felicidades!!.
Re: Confía en mí
#19 07/06/2012 - 16:29
¡¡¡¡Niñasssssssssssssssssssss, que me estáis poniendo colorá... Je,je,je!!!!

Bueno, de verdad, me alegro que os guste el relato, que como os he dicho anteriormente, sigue y sigue y se está convirtiendo en una novela.

Kaley, me encanta tu avatar. A mí me gustaría poner uno de la parejita, pero no sé cómo hacerlo. Así que si me lo explicas, te lo agradecería. Y eso de perder los miembros, ni mijita... ¡¡¡¡Eh!!! Je,je,je. Besitos, guapetona.

Mitchie, una escapadita, pero pequeña. Ante los estudios... Que con el tiempo que nos queda para ver la serie... ¡Parezco tu madre! Bueno, diez minutillos y luego a seguir. Besos, guapa, y mucha suerte para esos exámenes.

Selene, la intriga sigue, aunque la parte que ahora os voy a colgar a mí, personalmente, me emociona mucho. Me encantaría que en la serie se viera algo parecido. Espero que te guste y también a las demás. ¡¡¡¡Qué romántica somos!!!! Besos, guapa.

Meular, enseguida le doy al play... Ja,ja,ja. y Campello, me alegro que te guste el relato. Por lo menos nos entretenemos, ¿verdad? Vosotras leyéndolo y yo escribiendo. Me apasiona escribir. Besitos a las dos.

Bueno, chicas, sigo con Confía en mí. Os la pongo en el siguiente post. Besos y a más ver. MJ.
Re: Confía en mí
#20 07/06/2012 - 16:31
Confía en mí

Sátur y Alonso dormían cuando Margarita llegó a la casa. Gonzalo la esperaba junto al fuego. Se puso de pie al verla.
-Buenas noches, Gonzalo.
-Buenas noches, Margarita.
El cansancio se reflejaba en el hermoso rostro femenino. Gonzalo se acercó hasta donde ella estaba y le sonrió.
-Vaya día, ¿no?
-Sí. La marquesa es muy puntillosa y hasta que no se quedó contenta con los arreglos que le hice al vestido, no dejó que me marchara.
-Lo siento.
-Me pagan por coser, Gonzalo.
-Lo sé, pero me molesta que ella se aproveche de ti.
Margarita le miró azorada. Gonzalo asió su mano derecha y acarició sus callosos dedos con ternura. Se miraron a los ojos hechizados por el momento. Un tronco crujió y la magia se esfumó por las rendijas de las ventanas. Gonzalo carraspeó y ella soltó lentamente su mano.
-Sátur preparó un caldo esta mañana, te lo voy a servir.
-No te preocupes, Gonzalo. Comí algo en palacio. Estoy tan cansada que lo único que quiero es dormir.
-Claro…
-Gracias por esperarme.
Gonzalo asintió.
-Hasta mañana.
-Hasta mañana, descansa.
Margarita se giró y le sonrió. La costurera comenzó a subir los peldaños de la escalera que conducía a su habitación, pero la voz del maestro la detuvo.
-Me gustaría hablar contigo sobre un asunto que es muy importante para los dos. Pero ahora duerme, mañana será otro día.
Margarita le respondió:
-Si quieres…
-No. Estás agotada. Ya hablaremos.
-Está bien. Buenas noches, Gonzalo.
-Buenas noches, Margarita.
Se quedó mirando la escalera aun cuando ella ya no estaba. Gonzalo suspiró y sacó del bolsillo de su chaqueta el medallón de la flor de lis. Lo acarició y se dijo que su vida tendría otro sentido a partir de mañana. Subió a la guarida y allí comenzó a escribir una carta.

-Date prisa, Alonsillo –habló Saturno García.
-Ya voy, Sátur…
El niño salió de su cuarto.
-Vamos, siéntate y cómete las gachas. Después te acompañaré a misa.
-¿Mi padre?
-Salió muy temprano de la casa.
-¿Y no te dijo a dónde iba?
Sátur se encogió de hombros.
-Pues no, no me dijo nada. Pero, ¡come, chiquillo!
-¡Buenos días! –exclamó risueña Margarita Hernando.
-Buenos días, señora.
-¡Hola, tía!
-Enseguida le sirvo las gachas, Margarita.
-Gracias, Sátur. ¿Y Gonzalo…?
-Padre, ya se fue.
-¿Y eso?
-Pues eso le decía a Alonsillo. Me dejó una carta para usted y se marchó.
-¿Una carta para mí? –le preguntó, arqueando las cejas.
Sátur se limpió las manos en el mandil que siempre usaba cuando hacía las tareas del hogar, y después buscó en una de las estanterías la misiva que su amo le había entregado.
-¿Dónde la pusiste, Saturno? ¡Aquí está! –Rió.
 
 
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