APUROS EN EL COI

El impacto económico que tendrá la cancelación de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

Los Comités Olímpicos de los países participantes ha presionado para que se produzca un aplazamiento a pesar de la reticencia del máximo organismo.

Por María P. Bonmatí El 24 de Marzo 2020 | 11:11

El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, explicaba este domingo 22 que cancelar los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 "destruiría el sueño olímpico de 11.000 atletas". Sus declaraciones venían después de que saltara la noticia de que el máximo organismo encargado de la competición se estaba planteando posponerla. Desde que estallara la crisis mundial del coronavirus, varios eventos multitudinarios ya han sido cancelados o aplazados, como es el caso de la Eurocopa o Eurovisión. El último bastión que quedaba en pie eran los JJ.OO. pero, dadas las circunstancias, la pregunta era evidente: ¿Por qué no se suspendían? O, mejor dicho, ¿es solo por los sueños de los atletas?

El presidente del COI, Thomas Bach

Las graves pérdidas económicas que puede conllevar una cancelación de estas magnitudes son vox pópuli. Sin embargo, después de que el COI anunciara el plazo de cuatro semanas para plantearse el futuro de los juegos, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, asumía la posibilidad de que estos se suspendieran. Poco beligerante se mostró el político, cuando lo primero que viene a la mente en este punto es el impacto que conllevaría sobre el turismo de Tokio, y mucho contrasta su actitud con la del líder del COI. Sin embargo, aquí hay que matizar que la importancia de dicha industria sobre la economía japonesa es todavía muy liviana y, según la oficina de estudios económicos CEIC, los gastos de turistas apenas fueron un 0,9% del PIB de Japón en 2018.

Por otro lado, aparece el desembolso que ya han realizado para la construcción de infraestructuras y, aunque no hay cifras oficiales sobre ello, a finales de 2019 los organizadores estimaron que alcanzaría los 11.500 millones de euros, divididos entre varios agentes: la ciudad de Tokio (5.037 millones), el Comité de Organización japonés (5.087) y el Estado central (1.265 millones). Sin embargo, desde los JJ.OO. de Moscú (1980), los cuales sufrieron un intento de sabotaje por parte de Estados Unidos -eran los años de la Guerra Fría-, se suele recurrir a seguros de riesgo por lo que pudiera pasar. Una crisis como la del coronavirus está cubierta.

Incumplimiento de contrato con la TV

Entonces, ¿cuál es el problema? El quid de la cuestión se encuentra, sobre todo, en los derechos televisivos, que se han convertido en una de las fuentes de ingresos más importante para el COI. Por ejemplo, la cadena estadounidense NBC pagó 4.380 millones por emitir en exclusiva para Estados Unidos las cuatro ediciones de juegos sucedidos entre 2014 y 2020 (Fuente: Juegos Olímpicos, Televisión y Redes Sociales). Es más, en 2014, saltó la noticia de que había extendido su contrato de exclusividad hasta 2032 por un valor de 7.750 millones de dólares.

Y, mientras los JJ.OO. ya han vendido los derechos de retransmisión, las cadenas han hecho lo propio con los espacios publicitarios. Aquí es donde entra una posible reclamación por incumplimiento de plazos por parte de todos los operadores, así como de otros agentes relacionados con la publicidad, lo que elevaría la cifra de gastos a un dato muy improbable de entrar dentro de una partida de seguros.

Además, al igual que ha ocurrido con la Eurocopa, que ha tenido que ser aplazada durante un año para no coincidir con otras competiciones y liberar el calendario, los Juegos Olímpicos de este 2020 tienen unas opciones muy limitadas de fechas. Mirando de nuevo hacia las cadenas, hay que poner el ojo en la NCB, que a finales de 2020 celebra la NFL, por lo que no querrá que se junten en el tiempo.

La Villa Olímpica, un factor olvidado

Otro problema derivado sería la Villa Olímpica, es decir, los apartamentos que se disponen para albergar a los miembros de las distintas delegaciones. Estos fueron vendidos ya a otros particulares, los cuales tenían previsto entrar a vivir antes de 2023, esperando previamente un proceso de readecuación. Al aplazarse la competición también se pospone el plazo de entrega, con el consiguiente incumplimiento de plazos y renegociación del contrato.

A pesar de las reticencias del COI, la presión de las delegaciones y la situación sanitaria internacional decantan la balanza a favor de que Tokio suspenda los Juegos Olímpicos. Se da la casualidad de que Tokio ya renunció en 1940 a ser la sede olímpica de verano por la política expansionista en China. Helsinki asumió entonces el rol de anfitriona, aunque finalmente la competición se vio suspendida debido a la Segunda Guerra Mundial, pasando a la historia como los "Missing Games".