OPINIÓN

Crítica del final de 'The Good Place': Todos tenemos que encontrar nuestra razón de morir

Cuatro temporadas después, Michael Schur ha cerrado con maestría una serie que ha sido capaz de ahondar en lo más profundo del ser humano: su miedo a la muerte.

Por Fernando S. Palenzuela El 3 de Febrero 2020 | 13:43

La muerte es uno de los mayores miedos a los que se enfrenta la humanidad. El final de la vida genera tal nivel de incertidumbre que, durante toda nuestra historia, nos hemos visto abocados a especular sobre qué pasará, qué habrá al otro lado de la luz o quién estará ahí para recibirnos y refugiarnos. Necesitamos saber y conocer, pero la incógnita que siempre nos va a acompañar es qué ocurre tras la muerte. Y eso precisamente es lo que da sentido a la vida.

Kristen Bell, William Jackson Harper, Ten Danson y D'Arcy Carden en 'The Good Place'

'The Good Place' ha llegado a su final con un magnífico capítulo en donde da una respuesta a este más allá con el que todos alguna vez hemos fantaseado, a esa vida eterna a la que muchos querrían aspirar porque pensar en no vivir genera una gran ansiedad. Las series que tratan qué ocurre tras la vida suelen presentar un escenario y solución propios, pero no avanzan hasta el punto de cuestionarse si vivir para siempre es lo que realmente querríamos. Michael Schur lo consigue y, además, regala una enseñanza que se puede aplicar en nuestra existencia.

Schur se ha convertido en un verdadero arquitecto al más puro estilo que el personaje que lleva su nombre en la serie. Durante cuatro temporadas, ha construido una ficción que, con sus más y sus menos, ha resultado bastante solvente. Las dos primeras temporadas resultaron muy potentes, especialmente por los sorprendentes giros que le dieron la vuelta a lo en un principio establecido. Y aunque la tercera flojeó al perder cierta esencia, se encauzó por un camino que continuó en la cuarta y última. Sus vaivenes terminan por justificarse al mantener una dirección clara, pues nunca ha descarrilado hacia una trayectoria que no le correspondía, sino que su historia desde el inicio hasta el final se ha mantenido clara. Y al final la serie es como la vida: tienes mejores y peores momentos, pero lo importante es el sabor de boca que se te queda cuando llegas al final de ella.

La muerte como sentido de la vida

Durante cuatro temporadas, Eleanor, Michael, Chidi, Tahani, Jason y Janet han buscado el modo de darle un sentido a la existencia humana con un sistema de puntos que fuera eficaz y donde las personas pudieran ser evaluadas con justicia. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando pasas el examen y llegas al lado bueno? Te espera la vida eterna, pero no hay nada que le dé la emoción suficiente al hecho de vivir. Vivir merece la pena porque morimos, porque tiene un final. Es como si mantuviéramos el árbol de Navidad todo el año, carecería de emoción que llegara diciembre y la hora de ponerlo. Vivimos con intensidad lo que nos gusta porque sabemos que no es eterno y que se va a agotar, por eso mismo el final de 'The Good Place' es tan sobresaliente, porque plantea que la vida eterna no es la solución y que al final, como humanos que somos, nos aburriría saber que tenemos todo el tiempo del mundo para vivir.

Eleanor abraza a Tahani bajo la mirada de Janet en 'The Good Place'

Por ello mismo, y siendo testigos de la desidia con la que pasan sus días en el Good Place los afortunados, Michael y compañía se dan cuenta de que es necesaria una meta con la que saber que tu existencia tiene un fin cuando te sientas realizado y que has logrado cumplir todos tus objetivos. El más allá plantea la oportunidad de cumplir todo aquello que se te quedó pendiente, especialmente si no has tenido la suerte de vivir hasta sentirte satisfecho con tu paso por la Tierra, pero sabiendo que, cuando comiences a sentir que no te queda nada más de lo que disfrutar de manera plena, puedes cruzar la puerta en paz.

La última lección vital

Durante cuatro años, 'The Good Place' nos ha dado una lección de vida tras otra, sobre todo en su recta final, donde ha ido adquiriendo un punto más filosófico. Ha ido creciendo y evolucionando como un ser humano, aprendiendo de filosofía y volcando sus conocimientos hacia el público. Hace tiempo que dejó de ser una sitcom más para innovar al presentar situaciones cómicas al mismo tiempo que intentaba que lo que ocurría en sus tramas pudiera ser extrapolable a los espectadores que seguían lo que le pasaba a sus personajes. Y lo hacía con maestría, combinando la risa con esa punzadita en el corazón al ir comprendiendo un poco mejor nuestras propias preocupaciones.

El final de 'The Good Place' te agita y te rompe por dentro por la veracidad con la que narra lo que es estar cerca de la muerte en un sentido u otro, y es que refleja a la perfección lo que supone perder a alguien a quien amas. Sin embargo, y aunque duela, también tiñe de esperanza el paso definitivo a la muerte. Los personajes han encontrado su razón de morir tras sentirse completos y no debe haber sentimiento más satisfactorio en la vida que darte cuenta de que ya está, que has logrado hacer todo aquello que querías y ser la mejor versión de ti mismo a la que podías aspirar.

Eleanor y Chidi en 'The Good Place'

Pero ya no solo el punto en el que sabes que es hora de marcharte, sino especialmente ese momento en el que te das cuenta de que tienes que dejar irse a la persona a la que amas. Eleanor aprende esta dura lección al comprender que Chidi necesita irse y que ella no es una razón para retenerlo. Y es que es más duro dejar que otros se vayan a hacerlo tú, pues somos egoístas por naturaleza. Sin embargo, el personaje de Kristen Bell aprende la lección y descubre que precisamente amar es dejar que la persona a la que quieres sea feliz con sus decisiones.

Esta es la primera lección que aprendemos en el último episodio de la ficción de NBC, pero no la única. Eleanor ve cómo sus amigos han encontrado su modo de ser felices a su manera, ya sea persiguiendo sus sueños o marchándose para siempre, y ella comienza a cumplir los suyos propios. No cabe duda de que Eleanor es, junto con el de Ted Danson, el personaje que mejor ha evolucionado en estos años. Atrás quedó esa mujer de Arizona egoísta que solo buscaba su propio beneficio. Eleanor dedica sus últimos Jeremy Bearimy a vivir por los demás, encontrando el modo de que Michael pueda ser humano y de que Mindy St. Claire consiga salir de esa tierra intermedia.

Eleanor se convierte en un sinónimo de generosidad en su recta final y es esa misma bondad la que le hace darse cuenta de que ya se siente realizada. Es esa misma bondad la que pone un broche final lleno de esperanza a la humanidad con la escena que cierra la serie. Lo importante no es en realidad ganarte un sitio en el Good Place con tus buenas acciones, sino ayudar a que el mundo sea un lugar mejor. Cada buena acción trae consigo otra y, al final de esa vida que nos aterra que termine, lo que buscaremos será sentir que hemos hecho todo el bien que ha estado en nuestra mano y que hemos llenado de amor el mundo que nos rodea. Ojalá todos seamos capaces de evolucionar como estos seis personajes y sentirnos realizados en nuestro último día de vida.