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OPINIÓN

Crítica Eurovisión 2018: Pros y contras de una gala a la que le faltó entender que es un espectáculo de tv

La gala organizada por la RTP y la UER convence pero evidencia que todavía tiene carencias que resolver.

Cristian Quijorna Domingo 13 Mayo 2018 01:50

Meses escuchando canciones, viviendo eurodramas, polémicas y analizando cada una de las puestas en escenas al minuto. Es innegable que el Festival de Eurovisión es todo un acontecimiento televisivo y es que son millones las personas que lo siguen en sus televisiones y miles los eurofans que se han desplazado estos días hasta Lisboa para vivir en directo el mayor espectáculo musical de nuestro continente.

Amaia y Alfred en el 'Festival de Eurovisión 2018'

Amaia y Alfred en el Festival de Eurovisión 2018

Para nosotros, los españoles, no era un Eurovisión más. Tras el éxito que 'OT' ha tenido en su regreso a TVE (equiparable al fenómeno vivido con la primera edición), dos de sus concursantes fueron elegidos para representarnos, algo que ha provocado que sean muchos los fans del formato de talento que han decidido volver a seguir Eurovisión para ver como actuaba la, para muchos considerada, "nuestra pareja". Todos queríamos ver a Amaia y Alfred para descubrir si al igual que en España, ellos iban a enamorar a Europa con "Tu canción".

Elegancia y entretenimiento sí pueden convivir

Pero, ¿qué se han encontrado esos espectadores en esta gala? La cadena portuguesa RTP ha decidido apostar por una gala sobria, en la que no ha habido grandes bombazos y que ha cumplido pero en la que ha faltado mucho más espectáculo televisivo. Señores, Eurovisión es un gran talent-show, un gran formato musical y sí, se echa de menos mucho más que 26 actuaciones de representantes europeos y actuaciones especiales relacionadas con el país anfitrión.

Le falta sentido televisivo

Echamos de menos más grandes bombas televisivas, momentos que sorprendan e impactan mucho más por parte de la organización y es que más allá de las propuestas de cada uno de los países, es también necesario que la cadena que amadrina Eurovisión ponga de su parte para conseguir un espectáculo variado, que explore más allá de las raíces del propio país, que sepa jugar mucho más con el formato musical y televisivo que representa. Eurovisión es música, es diversión y es necesario que lo demuestre.

El escenario del Altice Arena durante el 'Festival de Eurovisión 2018'

El escenario del Altice Arena durante el Festival de Eurovisión 2018

Variedad de estilos: clave en la noche

La variedad de estilos existentes en esta Final ha ayudado a que fuese una gala entretenida ya que hemos encontrado desde rock, hasta pop comercial, baladas o canciones con claras influencias de los países que representaban. Innegablemente se ha conseguido aglutinar música de estilos muy diversos y sin duda es algo totalmente acertado, es necesario que todos los estilos tengan un escaparate tan importante como lo es Eurovisión.

Un acertado orden de actuaciones

El orden elegido por la organización del Festival también ha sido fundamental para que la noche haya sido entretenida. Se ha empezado por una impactante actuación de Ucrania (con piano ardiendo incluido) y se ha guardado a dos de las favoritas para la recta final (Chipre e Israel han arrasado entre el público al final de la noche). Por su parte, la mitad de la tabla ha sido propiedad de Francia, la tercera gran favorita. Era perfecto situarla ahí, se mantenía el interés por verla y se lograba enganchar al espectador hasta el final, esperando a que llegasen Netta y el "Fuego" de Eleni Foureira.

César Sampson, representante de Austia en el 'Festival de Eurovisión 2018'

César Sampson, representante de Austia en el 'Festival de Eurovisión 2018']

Presumir de país: Objetivo cumplido

La RTP tenía claro que esta era la ocasión perfecta para mostrarle al mundo cómo era portugal y por ello no se ha dudado en apostar por varias actuaciones en las que la música portuguesa era la protagonista. Además, en las postales de todos los países se han mostrado platos típicos portuguesas, cocinados en reconocibles lugares del país. Bien hecho, es una oportunidad única para mostrarle al mundo entero cómo es el país, para invitarle a visitarlo y sin duda, la televisión pública portuguesa era consciente de ello.

Eleni Foureira, representante de Chipre en el 'Festival de Eurovisión 2018'

Eleni Foureira, representante de Chipre en el 'Festival de Eurovisión 2018

Un escenario que no es minimalista

Uno de los objetivos de este Eurovisión 2018 era focalizarlo todo en el artista, en la canción, llegar a lo que consiguió Salvador Sobral en su día y para hacerlo se eliminaron elementos como las ya características pantallas LEDs. ¿Objetivo cumplido? ¿Ha sido una Gala más intimista? Para nada. Lejos de propuestas minimalistas (Almaia precisamente fue de las pocas que optó por algo así), una vez más un derroche de luces, fuegos, y puestas en escenas que llenas de artificio con las que llamar la atención, han sido protagonistas de la noche. Y ojo, no es algo negativo, Eurovisión también es eso, pero lo que no podemos pretender es prometer un Festival diferente, no.

No era un escenario minimalista, era un decorado de grandes dimensiones en el que cualquier puesta en escena transmitía una sensación faraónica. Sí, se ha logrado un gran show, muchos países han llevado impresionantes juegos lumínicos e incluso han aportado diferentes plataformas y elementos externos para aprovechar mejor el escenario, pero no ha sido una edición centrada solo en las canciones. Eurovisión es un pack, es una unión de absolutamente todo y aquí ha quedado demostrado. ¿El problema? La RTP no ha logrado plasmar con acierto el espíritu Salvador Sobral, porque sí, él hizo algo minimalista y mágico y tenía pantallas LEDS detrás, señores.

Netta, representante en el 'Festival de Eurovisión 2018'

Netta, representante en el Festival de Eurovisión 2018

Tony Aguilar y Julia Varela, un claro sí

Hemos tenido en cuenta las puestas en escena, el escenario, el ritmo, las canciones, pero es también fundamental hablar de ellos, de los narradores de la Gala en nuestro país, Tony Aguilar y Julia Varela. Ella volvió a repetir y una vez más, ha sido un acierto su trabajo. Comedida pero espontánea y divertida, ella sabe perfectamente conseguir que la narración funcione, no aburra pero tampoco abrume al espectador. Por su parte, él cogió con éxito el relevo del recordado José María Íñigo y lo hizo con acierto, demostrando porque es uno de los locutores de radio más valorados en el sector. Aportó interesantes datos, consiguió transmitir feeling con Varela y sin duda se ganó el puesto el año que viene. Ambos consiguieron darle un toque mucho más rejuvenecido, desenfadado y natural a una retransmisión que es ya toda una tradición en nuestro país.

Conclusiones: La música volvió a brillar... con peros

En definitiva, este Eurovisión 2018 ha convencido. Hemos encontrado grandes actuaciones, impresionantes puestas en escenas, se ha logrado mantener la expectación hasta prácticamente el último minuto y se ha conseguido hacerlo sin apenas aburrir y demostrando que sí, Portugal es capaz de organizar un Festival de esta magnitud y no morir en el intento. El mayor talent-show musical del mundo, esta vez en Lisboa, ha vuelvo a demostrar por qué sigue funcionando aunque ha evidenciado de nuevo sus problemas y dejado claro que necesita cambio en el futuro, ahora es el turno de Israel para conquistar a Europa. ¿Algún día logrará hacerlo nuestro país?

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