¿Cómo sería el cielo si existiera? Pues como es posible que nunca lo sepamos, el director de cine Daniel Sánchez Arévalo lo ha pintado para todos nosotros en el cortometraje "No vaya a ser que", protagonizado por Enrique San Francisco.
El vídeo empieza con el actor llenando unas copas con sidra, cava o champagne, y mientras bebe de la suya, se escucha la voz de un hombre que le pide que encienda las luces del árbol de Navidad. "Por Dios, que yo no he venido aquí a trabajar", se queja San Francisco. Será la última vez que refunfuñe, su último trago y la última Navidad que pase con los suyos. El actor muere electrocutado.

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Lo siguiente es la inmensidad del cielo azul. Un cielo cercano a la Tierra por el que todavía corretean las nubes. Al fondo, rodeado por esa neblina, se deja ver un hombre de voz grave y anciana. Y tras él, unas escaleras inmensas que seguro habrán convencido a muchos de que es mejor bajar al infierno que subir a los cielos.
Hemos dicho antes que sería la última vez que San Francisco se quejase, que sería su última copa. Qué va. Nada más lejos de la realidad. Sus primeras palabras para recibir a San Pedro lo devuelven a la Tierra por un instante. Todavía con el cava en la mano (recordemos que el cava conduce muy bien la electricidad, así que también murió electrocutado), recibe al portero de los cielos con la siguiente observación: "Qué inhóspito... ¡Ni un puto bar!".