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Así ha sido el 8x03 de 'Juego de Tronos': Una batalla de proporciones épicas y resultado inverosímil

La ficción de HBO cumple con el nivel de escala prometido en la batalla más esperada de la historia de la televisión.

Por Alejandro Rodera El 29 de Abril 2019 | 13:01

'Juego de Tronos' ha cerrado un fin de semana de emociones fuertes con un espectáculo audiovisual tremendamente ambicioso. Tras dos episodios más sosegados, en los que los guionistas de la serie de HBO se esmeraron por clausurar tramas de la manera más coherente posible, esta tercera entrega de la octava temporada ha devuelto a los personajes al campo de batalla. En esa llanura donde ya se ha vertido sangre previamente, millares de Espectros y humanos de diversas razas y orígenes han colisionado de manera histórica.

Arya Stark libera su rabia en el campo de batalla

Desde la inquietud de Sam y la mirada vigilante de Tyrion en el primer plano hasta la estampa de devastación del último, el episodio en cuestión, titulado "The Long Night", ha estado centrado íntegramente en esta Gran Guerra, anticipada desde el piloto de la serie. A lo largo de 77 minutos de tensión constante y oscuridad confusa, el director Miguel Sapochnik ha demostrado de nuevo su habilidad para entrelazar diversas tramas dentro del caótico campo de batalla, al mismo tiempo que se ha apoyado en los motivos musicales para alcanzar cotas de emotividad afiladas como dagas de vidriagón.

El cineasta curtido en la Batalla de los Bastardos ha dejado su inconfundible impronta en esta épica entrega, aunque también es cierto que ha sucumbido a vicios más propios de las grandes producciones cinematográficas. Al querer firmar la batalla más impresionante y de mayor escala de la historia de la televisión, 'Juego de Tronos' ha alternado los instantes más inverosímiles -ya que la fiereza de los Espectros ha fluctuado según el grado de protagonismo del personaje que tenían delante- con una interesante mezcolanza de terror, intriga y acción, que ha dado pie a estos momentos inolvidables.

Sansa y Tyrion asumen su rol menor en las criptas

La noche es oscura

La noche ha sido el elemento diferencial de la Gran Guerra. En una era en la que las pantallas de los teléfonos móviles se han convertido en las nuevas televisiones, muchos espectadores tendrán problemas para disfrutar el capítulo en su plenitud en una superficie de cinco pulgadas. Los propios creativos de la serie han jugado con esta oscuridad para presentar el regreso de Melisandre, que ha hecho alarde de las virtudes del Señor de la Luz para recubrir de fuego las armas de los dothraki. Ante la falta de iniciativa de los Espectros y los Caminantes, los salvajes seguidores de Daenerys, liderados por Jorah Mormont, han dado el pistoletazo de salida a la batalla, viéndose reducidos en un poético instante.

A partir de ahí, se han fijado las diversas tramas en las que se iba a dividir nuestra atención: las múltiples facciones en el campo de batalla, las criptas, la particular guerra de Arya, el cebo de Bran en el Bosque de Dioses y la expedición aérea de Jon y Daenerys para localizar y abatir al Rey de la Noche. La primera de ellas es la que se topa de inicio con los no muertos, cuyo inmenso número provoca la retirada hacia el interior de la fortaleza, no sin antes acabar con la vida de Edd frente a un aterrorizado Sam, que todavía tiene que estar preguntándose cómo ha terminado vivo. Y al igual que él, muchos otros personajes que se han visto superados de forma abrumadora, e incluso arrinconados contra la pared, como Jaime, Brienne y Podrick, han sobrevivido contra todo pronóstico y contra toda explicación racional más allá de que no se podía matar a ningún protagonista de peso en este capítulo.

En cuanto a lo acontecido en las criptas, cabe destacar la razonable química surgida entre Tyrion y Sansa. El tándem que antaño compusiera un matrimonio de conveniencia, ha culminado la madurez de su vínculo con una interesante reflexión: su relación es imposible debido a la lealtad jurada por Tyrion a la Madre de Dragones. Este espacio bajo tierra ha servido para alternar el fragor de la batalla con la expectación inquieta de las catacumbas. Hasta que se ha producido el esperado "despertar" de los sepultados Stark tras la invocación del Rey de la Noche. Sin embargo, esta temporal resurrección no ha dejado más que alguna muerte intrascendente, mientras que -de alguna manera difícil de comprender- ninguno de los personajes relevantes ha sufrido el más mínimo daño.

Daenerys y Jorah luchan juntos en la afueras de Invernalia

En el cielo y en la tierra

En cuanto a la trama aérea, Jon y Daenerys han aportado más bien poco al éxito final. En primera instancia han tratado de encontrar al Rey de la Noche, que les ha dificultado la misión levantando una cegadora ventisca. En ese ambiente de reducida visibilidad se ha producido la batalla entre los tres dragones y sus respectivos jinetes, cuya principal consecuencia ha sido el descenso de Jon tras la caída de Rhaegal. Una vez en el suelo, el legítimo heredero al Trono de Hierro ha tenido que dar rienda suelta a sus habilidades como espadachín, sumido también en un inverosímil momento en el que los Espectros se turnaban para atacarle, como si fuera el protagonista del "Assassin's Creed" de turno. Como no podía ser de otra manera, Daenerys ha llegado para salvarle, y su hazaña heroica ha desembocado en uno de los momentos más tensos del episodio: la escalada de los Espectros a los lomos de Drogon.

Al igual que su sobrino y amante, Daenerys ha salido con vida del ataque de los no muertos. Mientras que Jon se adentraba en la caldeada plaza de Invernalia en busca de Bran, Jorah acudía al rescate de su amor eterno. El caballero, que tantas veces había rozado la muerte antes, finalmente sucumbe a ella para proteger a Daenerys, que también se ha defendido lo que ha podido con una espada. Por su parte, Jon ve imposibilitado su avance ante la tenacidad de Viserion, que impide su paso al Bosque de Dioses, aunque extrañamente su fuego pierde potencia y la habilidad de derribar muros.

El frustrado avance del gran héroe de la serie encuentra sentido cuando posamos la mirada en la trama de Arya. La adolescente Stark comenzaba su primera batalla dentro de la fortaleza, aunque muy atenta al avance de las fuerzas enemigas. Una vez que la amenaza se hizo patente en su hogar natal, Arya dio buen uso a la lanza que le había elaborado Gendry, aunque no tardaría en perderla tras verse superada por los Espectros. De ahí se pasaba a un momento en la biblioteca que destilaba tensión pura, y que parecía salido de "The Last of Us", en el que la joven tenía que aplicar el ingenio para escapar sin romper el silencio ni llamar la atención. No obstante, es imposible huir de los no muertos, por lo que la llegada de El Perro y Beric es fundamental para que Arya salga con vida.

Bran se va de paseo astral durante la mayor parte del capítulo

Un cierre imprevisible

Los dos miembros de la Hermandad, más Beric que Sandor Clegane, tratan de ayudar a Arya. Esta labor termina con la muerte del primero, que bloquea el paso de los enemigos para permitir que la heroína se ponga a salvo. Entonces se produce el relevante intercambio de palabras entre ella y Melisandre, que conecta con su anterior encuentro en la tercera temporada, y que impulsa a Arya a cumplir su verdadero cometido. Todo confluye en el ya citado Bosque de Dioses, donde Theon ha acometido su labor final de proteger a Bran del Rey de la Noche. Mientras el torturado Greyjoy y su reducido grupo de luchadores cuidaban de Bran, el Cuervo de Tres Ojos volvía a perder la mirada para atestiguar -imaginamos que con una realización multicámara- todo lo que pasaba en la batalla.

Tras sembrar el caos con su ínfima intervención en el combate, el Rey de la Noche y el resto de Caminantes llegan finalmente a la localización donde se encuentra Bran. Allí, tan solo queda en pie Theon, que tras recibir un inusual mensaje de cariño del que fuera su hermano postizo, se sacrifica para ganar algo de tiempo. Y cuando todo parecía perdido y el maléfico Rey de la Noche se disponía a ejecutar a Bran, Arya aparece de la nada para clavarle su daga de acero valyrio al impasible villano, que se desvanece junto al resto de sus tropas. Un destino similar le espera a Melisandre, que es coherente con su autoimpuesta profecía y se despoja del colgante que mantenía su juventud para acabar con su vida.

Así llega a su fin este hito televisivo a nivel formal, que ha alcanzado un grado de ambición y escala inimaginable hasta ahora en la pequeña pantalla. Sin embargo, la ausencia de muertes de personajes de peso, aunque tanto Lyanna Mormont como el resto de fenecidos tienen despedidas a la altura, hace pensar que las consecuencias no han sido tan graves como se había prometido. En definitiva, los creadores de 'Juego de Tronos' han preferido optar por una efectista sorpresa final y reservarse las hipotéticas grandes bajas para más adelante, mermando el impacto de una Gran Guerra menos mortífera de lo necesario.