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OPINIÓN

Crítica de 'Black Mirror' (T5): Charlie Brooker firma la temporada más optimista de su obra maestra

Tras el experimento de 'Bandersnatch', la serie de Netflix regresa con una temporada completa, que retoma el formato original de tres episodios.

Alejandro Rodera Miércoles 5 Junio 2019 09:15

'Black Mirror' se mantiene como la serie más imprevisible y excitante de la actualidad con su quinta entrega, que nos sumerge en tres historias teóricamente independientes, con más finales felices de lo normal, pero unidas entre sí por la crisis comunicativa que amenaza a la sociedad contemporánea. Como es habitual, Charlie Brooker, creador de este concepto televisivo, recurre a diversos géneros y ambientaciones para plantear necesarios debates, que abordamos a continuación con la reseña de cada uno de los episodios que componen esta temporada.

"Striking Vipers": La bidimensionalidad masculina

Anthony Mackie y Yahya Abdul-Mateen II en 'Black Mirror'

Anthony Mackie y Yahya Abdul-Mateen II en 'Black Mirror'

'Black Mirror' no se hace de rogar y sirve en primer lugar su plato fuerte, influenciado nuevamente por el mundo de los videojuegos. En esta ocasión, la tecnología no hace acto de presencia hasta que pasan un par de escenas, dejando que las relaciones humanas cobren protagonismo en primera instancia. La irrupción del primer dispositivo tecnológico, una consola que reproduce un clon de "Street Fighter", sirve para comprender este medio como un nexo de unión entre los protagonistas del relato, Danny (Anthony Mackie) y Karl (Yahya Abdul-Mateen II), en su época universitaria.

Pasan los años y la relación entre ambos se enfría. El primero ha contraído matrimonio con Theo (Nicole Beharie) y el segundo presume de soltería y relaciones esporádicas. Finalmente, se produce el reencuentro entre los dos amigos en el cumpleaños de Danny, que cada vez se siente más aplastado por la losa de la rutina. Sin embargo, lo que podía plantearse como la tópica historia de un hombre hastiado de su matrimonio, que envidia la "libertad" de su mejor amigo, adquiere un cariz muchísimo más interesante cuando entra en juego el universo virtual.

Danny accede a ese mundo gracias al regalo de Karl: la última entrega de "Striking Vipers", el juego de lucha al que tanto tiempo dedicaron juntos. El avance tecnológico ha permitido que se rompan los límites de la visión lateral, típica de este género, y que los jugadores puedan ponerse en la piel de los míticos personajes, para sentir cada golpe, cada contacto y cada subidón de adrenalina. Al mismo tiempo que se desvanece la bidimensionalidad del videojuego, la capa de superficialidad que caracteriza a la relación entre los dos amigos, como sucede entre tantas amistades masculinas, también se fractura. Todo esto sucede en la mejor secuencia de toda la temporada, dirigida magistralmente por Owen Harris, que está a la altura del dinamismo estético de "Scott Pilgrim" y de la profundidad emocional de "San Junipero".

A lo largo del episodio se entretejen ambos mundos, el real y el virtual, y, lejos de presentarlo como un producto propenso a la adicción o a la evasión vacua, se muestra al videojuego como el medio definitivo en lo que respecta a la narrativa y la comunicación interpersonal. La pasión de Charlie Brooker por el entretenimiento digital juega a favor de este capítulo, que abraza el destacado papel que jugarán los videojuegos en el futuro. Pero "Striking Vipers" es mucho más que un potente giro de guion, es una valiosa reflexión sobre la masculinidad retraída, parca en palabras y sobre los retos de la monogamia en una sociedad acribillada por estímulos de todo tipo.

"Añicos": VTC Driver

Andrew Scott y Damson Idris en 'Black Mirror'

Andrew Scott y Damson Idris en 'Black Mirror'

"Añicos" aporta la necesaria dosis de thriller a la ecuación. El género predominante en la anterior temporada tiene en esta una presencia más reducida, pero muy bien concentrada en una historia que incluye un secuestro, un pasado turbulento y, cómo no, una crítica a la alienación tecnológica. Como aquel que ha despertado del letargo y ve que el resto del mundo sigue ensimismado, el conductor de VTC interpretado por Andrew Scott, Chris, estalla contra la red social más puntera y masiva y secuestra a uno de sus trabajadores, poniendo una única condición para liberarle: poder hablar con el CEO de la compañía.

Desde el momento en el que el conductor es acorralado por la policía, comienza un trepidante proceso de negociación a dos bandas, con las fuerzas del orden y con la propia compañía de Silicon Valley. Este proceso saca a relucir la cantidad de datos que facilitamos en internet, que son suficientes para mapear nuestra existencia en cuestión de minutos. Una vez más, no se criminaliza la adicción a la tecnología, pero sí que se avisa de los peligros que van ligados a ese uso intensivo.

En este caso, la reflexión acerca de cómo depositamos gran parte de nuestras vidas en una memoria digital tiene el poder suficiente como para que los constantes clichés del género no sean un lastre. Brooker y el director James Hawes componen un ágil relato de intriga, apoyado en la impresionante interpretación de Scott, y que desmonta el ideal del gurú tecnológico y visionario, la ilusión de conexión a través de las redes sociales y la fachada de positivismo que transmiten las compañías tecnológicas de este tipo.

"Rachel, Jack y Ashley Too": La muñeca iconoclasta

Ashley Too junto a Miley Cyrus en 'Black Mirror'

Ashley Too junto a Miley Cyrus en 'Black Mirror'

El carácter optimista que impregna a la quinta temporada culmina con este último episodio, quizá el más mediático de primeras por la presencia de Miley Cyrus. Sin embargo, a pesar de contar con un concepto interesante y un punto de partida atractivo, este cierre va mutando su tono y se diluye poco a poco. Aun así, no deja de ser una historia con un componente muy humano, en la que la tecnología interviene con más profusión y agresividad que en las anteriores, por lo que cumple con los estándares temáticos de 'Black Mirror' y no falla a la hora de sacar a relucir un tema controvertido: la explotación hasta la extenuación de los iconos juveniles por parte de la industria del entretenimiento.

Rachel (Angourie Rice) y Jack (Madison Davenport) son dos hermanas adolescentes que, a pesar de compartir habitación, se han convertido en dos extrañas tras la muerte de su madre. Cada una trata de superar el trauma de manera diferente, aunque el punto de encuentro entre ambos procesos de duelo es la pasión por la música. Jack pasa los días practicando las canciones favoritas de su madre, y la introvertida Rachel está obsesionada con Ashley O (Miley Cyrus), la última sensación del pop comercial. Cuando la cantante anuncia el lanzamiento de una muñeca robótica inspirada en ella, que escupe frases motivacionales y tiene la capacidad de mantener un diálogo, Rachel no puede esperar para hacerse con ella.

No obstante, la estrella del pop está más cerca de los tristes sentimientos de estas hermanas que de la rutilante vida perfecta que se le presupone. Fuera de cámara, Ashley tiene que enfrentarse a una existencia truculenta, harta de las imposiciones de la industria, que se personifica en la figura de su avariciosa tía. En primera instancia, ambas tramas tienen un poso de drama muy sugerente, pero poco a poco se abre la puerta a ramalazos de comedia más propios del arquetípico cine infantil. De hecho, a medida que se acerca a su desenlace, "Rachel, Jack y Ashley Too" parece cada vez más una perturbada película de Disney, con el retorcido toque característico de Brooker, pero sin el impacto emocional que se le podía presuponer al comienzo.

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