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'The Good Fight', como 'The Good Wife', traza sus tramas pegada a la actualidad y lee mejor que ninguna otra serie actual los tiempos que vivimos, los tiempos de Trump, hasta el punto de que en alguna ocasión se ha adelantado a los acontecimientos. En su segunda temporada, el drama de CBS All Access sigue la misma senda, poniendo el foco en la imprevisibilidad, el caos y las mentiras.
Un mundo loco, loco

Cuando Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos, algo se rompió. Ya nada es verdad del todo (ni mentira del todo) y las reglas han cambiado, tal vez, para siempre. Diane Lockhart (Christine Baranski) no encaja en este "nuevo mundo" de ciclos de noticias fugaces que le hace sentir como un dinosaurio por no ser capaz de leer las cosas que suceden a su alrededor a una velocidad de vértigo. Ni siquiera se había dado cuenta de que su trabajo podía correr peligro, y que precisamente era alguien de dentro de su propia firma, en concreto Barbara Kosltad (Erica Tazel), la que le quería echar.
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Porque si en la primera temporada de 'The Good Fight' parecía que la antigua socia de Lockhart Gardner había conseguido rehacerse en su nueva firma, Reddick, Boseman & Kosltad, del durísimo golpe de ver cómo sus sueños, así como su dinero, se esfumaban de un plumazo, en el primer episodio de la segunda temporada Diane parece haber vuelto a la casilla de salida. Y el problema es que parece que a la veterana abogada ya no le quedan ni fuerzas ni ganas de luchar.
Cambios, cambios y más cambios

Pero si algo marca el inicio de la nueva temporada son los cambios. El más importante viene de la mano de la última incorporación al reparto de la serie, Audra McDonald, la gran dama de Broadway, que retoma su papel de 'The Good Wife' como la fiscal Liz Reddik-Lawrence, hija del socio fundador de Reddick, Boseman & Kosltad y ex-mujer de Adrian Boseman (Delroy Lindo). Su personaje es despedido por culpa de un tuit en el que llama supremacista blanco a su jefe, el omnipresente Donald Trump, y se convierte en una 'agente libre' muy codiciada (y muy peligrosa).
Un juicio largo y complicado

El caso Ridell sigue coleando y, por lo que parece, esto no ha hecho más que empezar. Maia (Rose Leslie) sigue aparentando fragilidad pero poco a poco va perdiendo la ingenuidad de sus inicios. Consciente de que casi todo lo que recuerda de sus padres podría ser mentira, se mantiene fuerte gracias al apoyo de Lucca (Cush Jumbo), que se convierte en su sombra para evitar que caiga en las trampas de Madeline Starkey, la peculiar investigadora del FBI interpretada por Jane Lynch que insiste en jugar con su memoria para atrapar a su padre, que sigue fugado.
El arranque de la nueva temporada indica que el drama continuará siendo una versión condensada y mucho más ácida de 'The Good Wife'. Y de hecho, todo indica que la acidez va a ir a más porque el mundo de fuera, el real, parece que va a peor. La sombra de Trump es muy alargada, no nos libramos de él ni en los títulos de los episodios, que llevan la cuenta de los días que lleva el presidente en la Casa Blanca, ni en el "previosly on", ni en los explosivos títulos de créditos, y además habrá al menos un par de casos inspirados en sus continuas polémicas. Veremos si la cordura de Diane, Lucca o Colin es suficiente para poner un poco de orden al caos.