Eduardo Casanova se ha erigido como uno de los directores de cine más polémicos y bizarros del panorama español. Ya lo demostró con "Pieles" y lo ha vuelto a confirmar con "La Piedad", un filme que habla de la tóxica relación entre una madre y un hijo, estableciendo una comparación entre la dictadura de Corea del Norte y su pueblo.
En una entrevista concedida a El Mundo, el actor y director habla de su mundo interior y de cómo este inunda sus obras cinematográficas. Aunque suene contradictorio, ya que Casanova es una persona abiertamente homosexual, asegura que "es muy motivador para escribir ver personajes tan repugnantes pero a la vez tan interesantes como toda la gente que pertenece a Vox". Sin embargo, habla desde un punto de vista únicamente estético, sus ideales y valores son rechazados por el actor de 'Aída'. "No quiero que nadie de Vox vea mi película ni me siga en Instagram, ni nada. Es más, preferiría que si alguien vota a Vox ni me salude por la calle", ha manifestado contundente.

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Otro de los conceptos importantes que rodean sus obras es la libertad, un concepto etéreo que a menudo ronda la vida de una persona homosexual, por inalcanzable. Casanova se ha resignado a lograrla, y es que asegura que "se vive mucho más tranquilo sometido sin estar expuesto constantemente a la frustración de no conseguir nunca ser libre del todo". Se trata de un concepto que para él podría ser inconquistable, de modo que asegura que sería estúpido perder el tiempo en intentar sentirlo: "El ser humano no sabe y no puede ser libre, siempre necesita pertenecer a algo".
La importancia de la orientación sexual en sus obras
En la entrevista, Casanova considera que abanderarte de una lucha social y llevarla a todos los rincones de tu vida acaba por resultar cansino. Ni un homosexual tiene que estar reivindicando su condición en cada cosa que haga, ni una mujer debe estar reclamando sus derechos constantemente: "Lo que no puede ser que es que las mujeres que dirigen ahora tengan que hacer siempre cine reivindicando sus derechos", reflexiona. "No a todas las personas LGBTIQ+ nos apetece hacer cine reivindicativo, aunque de alguna manera lo hagamos". Sin embargo, Eduardo Casanova asegura que "los maricones" están perfectamente cualificados para hacer cine de terror, "sobre todo porque sabemos muy bien lo que es el miedo".