OPINIÓN

Crítica de 'Nasdrovia', la comedia de Movistar+ con aroma al mejor vodka ruso

Leonor Watling y Hugo Silva cambian de vida en la nueva apuesta original de Movistar+, producida en colaboración con Globomedia (The Mediapro Studio), que se estrena el 6 de noviembre.

Por Alejandro Rodera El 5 de Septiembre 2020 | 09:00

La máxima de priorizar la calidad sobre la cantidad se ha convertido en el emblema de los originales de comedia de Movistar+, como bien se ha demostrado durante los últimos años con el lanzamiento de auténticas joyas como ‘Vergüenza’, ‘Mira lo que has hecho’, ‘Vida perfecta’ o ‘Arde Madrid. Todas ellas comparten una pasión por la concreción de la que ya presumía hace una década ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’ y unos años después ‘El fin de la comedia’, dos de los tótems de la comedia televisiva alternativa, que impulsaron la estandarización de una ficción sin aditivos. La última heredera y deudora de aquellos hitos es ‘Nasdrovia’, una comedia directa que no se distrae artificialmente en ningún momento, y que se distingue rápidamente del resto de sus compañeras en la plataforma de Telefónica.

Hugo Silva, Luis Bermejo y Leonor Watling en 'Nasdrovia'

La protagonista de ‘Nasdrovia’ es Edurne (Leonor Watling), una abogada especializada en defender a clientes de la peor calaña, que, impulsada por la vorágine existencial de la crisis de los cuarenta, decide dar un giro radical a su vida: cerrar su bufete para abrir un restaurante ruso. Para acometer esa aventura recluta a su socio y exmarido, Julián (Hugo Silva), que tampoco se encuentra en su mejor momento. Y la chispa que prende esa mecha del cambio es el encuentro fortuito de ambos con Franky (Luis Bermejo), un imprevisible chef que comparte con ellos su pasión por la cultura rusa y que les plantea un proyecto aparentemente idílico.

Ese sueño se convierte en un quebradero de cabeza cuando un grupo de mafiosos visitan el local y hacen de él su nuevo santuario de distensión, el sitio perfecto para descansar después de una dura jornada de extorsión y demás prácticas ilícitas. De esta manera, Edurne y Julián se asoman de nuevo al umbral del crimen, como ya habían hecho en su época como letrados, solo que ahora lo hacen desde la clandestinidad de su restaurante y no bajo las luces de los juzgados. Y por si lo insólito de esta situación no quedara claro con multitud de escenas desternillantes, Edurne se dirige a nosotros directamente, derribando la cuarta pared que pisotearon antes Frank Underwood y la anónima protagonista de ‘Fleabag’.

Así se cimenta poco a poco, desde la primera secuencia, la complicidad entre el espectador y la protagonista, exquisitamente interpretada por Watling, que se crece a la hora de fijar su mirada en la lente de la cámara para comunicarse con nosotros sin intermediarios. En los dos primeros episodios de la serie, que son los que hemos podido ver, este recurso está introducido de la manera más orgánica posible, teniendo en cuenta su naturaleza de romper con las convenciones habituales, y suma a favor de la ya de por sí distinguida personalidad de ‘Nasdrovia’.

La distinguida (y peligrosa) clientela del Nasdrovia

Chupitos de calidad

La clave de ese sentido orgánico de la comedia reside en la apuesta por el costumbrismo por parte de los creadores de la serie: Miguel Esteban, uno de los tres cerebros tras ‘El fin de la comedia’, y Luismi Pérez y Sergio Sarria, dos veteranos de ‘El intermedio’ que coquetearon con el thriller policiaco en ‘Malaka’. Los tres han adaptado (libremente) la novela “El hombre que odiaba a Paulo Coelho”, escrita por el propio Sarria, y han visto trasladado su esfuerzo sobre el papel a la pantalla gracias al desempeño de Marc Vigil (‘El Ministerio del Tiempo’) tras las cámaras, que ha traducido a imágenes el tempo de ese humor costumbrista, pero no por ello lento o denso.

El resultado es una comedia sencilla, que aprovecha muy bien su premisa y la brevedad de sus episodios para golpear con más fuerza, y que además acierta al enfrentar dos culturas como la española y la rusa o, mejor dicho, la soviética. Del contraste entre ambas emerge una tensión que desemboca en constantes momentos divertidamente incómodos. Y esos instantes son los que engrandecen a ‘Nasdrovia’, cuyo mayor defecto a la larga, cuando terminemos de ver la temporada, podría ser que tan solo cuente con seis episodios, aunque, si nos fiamos de los mejores precedentes de la propia Movistar+, siempre vamos a preferir quedarnos con ganas de más a empacharnos de mediocridad.