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ENTREVISTA ACADEMIA TV

Matías Prats: "A veces el periodismo se precipita por el desfiladero del sensacionalismo"

"Me he esforzado para no añadir nunca una interpretación personal ni una opinión del más mínimo sesgo. Mi posición ante la cámara ha sido de prudencia", afirma el conductor de 'A3N-2'.

Redacción Sábado 30 Octubre 2010 00:00

No se considera ni gurú, ni maestro, ni siquiera un ejemplo a seguir. Y sin embargo ha logrado lo más difícil en televisión, permanecer. Llegó con el color a la pequeña pantalla hace treinta y cinco años y sigue siendo uno de los profesionales más queridos por la audiencia y más respetados por la profesión. Sus claves: honestidad y aprendizaje.

Además, según el Índice de Imagen GECA 2010, Matías Prats es por sexto año consecutivo la personalidad televisiva con mejor imagen y más valorado de España, superando a Imanol Arias y Los Morancos y también es el mejor presentador de informativos desde que se tienen datos de imagen de GECA (año 2003).

FórmulaTV.com recoge la entrevista publicada en el último número de la revista de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión. (Texto: Sara Pulido / Fotos: Santi Burgos y A3TV)

¿Qué recuerdas hoy de aquella incipiente televisión en color en la que incluso llegaste a presentar un programa sobre el mundo agrario?

La verdad es que guardo un magnífico recuerdo de aquella época. Se titulaba 'El campo'. Qué experiencia tan enriquecedora y estimulante. Dábamos voz a los agricultores y no he conocido gente más sencilla y más directa en sus exposiciones. Aprendí muchísimo y acabé manteniendo una buena amistad con algunos de los invitados que pasaron por aquel estudio. En aquel tiempo, mi sueldo casi no existía pero en casa no faltaban naranjas, tomates o las mejores uvas de moscatel. Sí, lo confieso, nunca devolví esos regalos, al contrario, me los comí.

Aunque mi bautismo en televisión fue antes, en 1975, coincidiendo con el primer informativo en color en España. Se llamaba 'Redacción de noche' y tuve la fortuna de compartir estudio con grandes profesionales como Victoria Prego, Joaquín Arozamena o Isabel Tenaille... Todos ayudaron a aquél barbilampiño de larga melena. Tuve la inmensa suerte de llegar en un momento decisivo para los medios de comunicación. Fue la época en la que se produjo un drástico cambio de registro social y político. España se estrenaba en democracia y olvidaba definitivamente la dictadura. Y eso se tradujo en que nuestro país deseaba una imagen renovada de televisión. Y esa fue mi oportunidad.

La casualidad quiso que narrases, cuando se emitieron por televisión al día siguiente, las imágenes del asalto al Congreso el 23-F.

Estaba de guardia, bueno... estábamos todos, esperando una señal para poder salir a antena. A primera hora de la mañana me enviaron al estudio con urgencia para que comentara las imágenes que nos llegaban en directo desde el exterior del Congreso gracias a una cámara instalada en un balcón de un hotel cercano. Comienzo a narrar lo que observo y, de repente, aparece el inconfundible rostro de Tejero con su tricornio, fumando un cigarrillo en el patio. Cómo sería de chocante la escena que un jefe de Informativos bajó a decirme por señas que no podía ser verdad. ¡Pues sí –le dije a él y a los espectadores– Es Tejero! Pocas horas después y con la seguridad de que el hemiciclo estaba desalojado, di paso a la secuencia completa del asalto al Congreso.

La televisión jugó entonces un papel fundamental en la Historia de España...

Con el Gobierno y el Parlamento secuestrados, TVE, la única cadena de entonces, desempeñó un papel extraordinario, de emergencia. La clave estuvo en poder ofrecer el mensaje grabado del Rey. Ese fue el momento más decisivo, el más trascendente: la enérgica postura adoptada por Su

Majestad en contra de los golpistas. Posteriormente, las imágenes del asalto dejaron claro cómo se había producido todo.

Más tarde tuviste la fortuna de crecer personal y profesionalmente junto a uno de los grandes de la televisión en España, tu padre Matías Prats. ¿Qué rasgos de él te han marcado?

Mi padre fue el faro, mi guía durante muchísimos años y el ejemplo vivo al que seguir. Nunca intenté imitarle porque, afortunadamente, tengo sentido común y ví que era imposible. Me aparté voluntariamente de sus maneras, de sus formas y traté de adoptar un nuevo estilo que me permitiese salir indemne de la comparación. Mi padre fue para mí una escuela de vida, fue mi espejo. Era un tipo honesto, cabal, sencillo, humilde, enamorado de su trabajo y tenía unas aptitudes extraordinarias: era un personaje dotado para la literatura, un hombre culto que puso a

disposición de su trabajo, de la narración, ese caudal que tenía en su prodigiosa cabeza. Me enseñó a saber comportarme, a rechazar toda clase de envanecimiento, a ser fiel a mí mismo y a trabajar con equilibrio.

¿Has tenido otros maestros televisivos?

Por supuesto y he intentado aprender de todos ellos. Ten en cuenta que accedí a TVE todavía como estudiante en prácticas y mi bagaje era casi nulo. Recuerdo a David Cubedo, fue quien me examinó. A Pedro Macía, a Miguel Ors, quien me introdujo en el deporte. Al gran Jesús Hermida, cabeza privilegiada, incluido el tupé, y referencia indiscutible en la historia de nuestra televisión. Y tengo un recuerdo entrañable de todas las profesionales a las que tuve el honor de acompañar en la presentación de los informativos durante estos 35 años: Clara Isabel Francia, Rosa María

Mateo, Almudena Ariza, Ana Blanco, Olga Viza, Susanna Griso, Mónica Carrillo... Cuánto me enseñaron, lo que tuvieron que soportar, la de veces que les tocó salir al quite por mi culpa... Con todas guardo una cariñosa y estrecha relación. Traté de no ser desleal con ellas, que vieran en mí a un amigo y además, algo muy importante, les hice reir muchas veces.

En su familia la saga periodística continúa. Tu hijo Matías ha seguido fielmente sus pasos...

El chaval Matías es muy vocacional. Aunque tiene la dificultad añadida de ser "hijo de y nieto de". Se abren muchas puertas, es verdad, pero también es cierto que se cierran otras, a veces, las propias. Pero hasta ahora, lo está gestionando muy bien. No le he querido influir, ni mucho menos, él mismo se ha ido enamorando de esta profesión. Cuando empezó a trabajar en la radio, con apenas 19 años, sólo le pedí una cosa, que terminase sus estudios. Y lo hizo, así que no le puedo reprochar nada. Ahora traza su propio camino.

Llevas más de treinta años en la información televisiva y sigues contando con el respaldo de los telespectadores. Una posición privilegiada y nada habitual en un medio difícil. ¿Qué balance haces de tu trayectoria?

La verdad es que nunca me imaginé llegar hasta aquí. Y todavía me sorprende la aceptación y la confianza que varias generaciones de espectadores han depositado en mí. Empecé tan joven y de forma tan precipitada que apenas pude asimilar lo que me estaba pasando. De repente, me encontré al frente de un informativo, comentando unos Juegos Olímpicos, acompañando a los Reyes en sus viajes o viviendo en directo la primera noche electoral de nuestra democracia... Desde mis comienzos, tengo la inmensa fortuna de haber estado unido a la información, sin paréntesis. Siempre he tenido una tarea que desarrollar, una cita diaria con los espectadores. Siempre tuve la suerte de estar vinculado a un programa, en una cadena o en otra, el caso es que he continuado con vida. El porqué de esa confianza habría que preguntárselo a los espectadores que incluso me han permitido salir indemne de algunas cosas que me podían haber marcado negativamente. No puedo perseguir más. He sido un tipo con suerte.

Uno de los momentos claves en tu trayectoria televisiva, ya en Antena 3, fue la narración de los atentados del 11-S. ¿Cómo lo recuerdas?

Fue y será el informativo más largo, impactante y cruel al que me habré enfrentado nunca. Más de diez horas en el estudio sin abandonar mi posición ante la cámara, sin un solo corte de publicidad, algo sin precedente en una cadena privada, atónito ante las imágenes y noticias que se sucedían. El Pentágono ardiendo, las Torres Gemelas derrumbándose, la Casa Blanca y el Capitolio de Washington a merced del pánico. Los símbolos de Norteamérica saltando por los aires y con ellos su orgullo y la invulnerabilidad que los amparaba. En medio del horror la fuerza de las imágenes se correspondía con la tragedia real. Fue crucial en el desarrollo de nuestro trabajo aquel día la aportación del inolvidable Ricardo Ortega, corresponsal de la cadena en Nueva York y la manera en que se involucraron todos mis compañeros de informativos en Antena 3.

Ese fue el más largo, pero ha presentado más de siete mil informativos. ¿Cómo deben contarse las noticias en televisión?

Con solvencia. La comunicación tiene que ser sincera y leal con los espectadores. Transmitir la realidad tal como es. Basta con contar lo que ocurre limpiamente, con orden y rigor. Un informativo también es un programa de televisión y, como tal, debe entretener, ser interesante y ameno.

¿Hay exceso de sensacionalismo?

Con la excusa de las exigencias de la encarnizada lucha por la audiencia, a veces el periodismo olvida sus señas de identidad y se precipita por el desfiladero del sensacionalismo. Si hay cadenas que eligen esa vía no soy quién para coartar la libertad de cada cual para expresarse. Después, está el espectador para elegir dónde o por quién desea ser informado. Al final, la gente se identifica con un informativo, una forma de transmitir las noticias y suele mostrarse fiel con el paso de los años, a no ser que te equivoques y les defraudes.

Precisamente abrió una sección para dar la buena noticia del día...

Sí, duró apenas un mes y medio y tuvimos que hacer un esfuerzo enorme para encontrarla. La gente me dice por la calle: "Matías, hay que ver que cantidad de calamidades y desgracias nos tenéis que contar, qué sufrimiento...". Es lo que hay, ¡qué le vamos a hacer! Intento encontrar el lado más simpático –si es que lo hay– de una noticia. La mayoría de las veces es tarea imposible. Además, buscar con calzador ese mensaje positivo podría ser imprudente. De todas maneras seguiremos esforzándonos en ello aunque sea sin sección.

¿Y qué buena noticia te gustaría dar?

Llevo treinta y cinco años en el medio y aun estoy esperando que se abandone definitivamente la violencia. Pero no quiero ponerme muy trascendente. Si tuviese que elegir una buena noticia, por original y diferente, me gustaría que el Guadalquivir, a su paso por Villa del Río, en Córdoba, (que es el pueblo de mi padre) recuperara los miles de peces que tenía hace treinta años y que nosotros disfrutábamos con nuestras cañas. Menudo pescador que estoy hecho. Es a lo único que gano a Lorenzo Milá.

Hablando de otro "río" como la audiencia –que hoy discurre por diferentes afluentes debido a la multiplicidad de canales– ¿qué debe hacer la televisión informativa para no perder espectadores?

Pues ya que venimos del río, te diré que este tema me desborda. Va todo tan deprisa. Las audiencias de las grandes cadenas se han ido atomizando. Tenemos que ir acostumbrándonos a las audiencias de un solo dígito como sucede en Estados Unidos. Con la aparición de multitud de canales, cada uno va buscando dónde le pueden ofrecer la programación más acorde con sus gustos. Nosotros, en Antena 3, no hemos perdido nuestras señas de identidad que son las clásicas de trabajar con la dedicación más absoluta, tratando de buscar siempre lo realmente interesante. Hay que hacer un trabajo diario riguroso que te permita sentirte satisfecho al terminar tu informativo.

Como periodista deportivo ha estado presente en muchos Mundiales. ¿Qué se le pasó por la cabeza cuando España se convirtió en Campeona del Mundo?

Me acordé mucho de mi padre porque había estado en todos los mundiales desde 1950 y como máximo logro había quedado aquel gol de Zarra que dió tanta vida a las dos familias, a la del goleador y a la nuestra. Parece mentira que con la calidad y la categoría que siempre han tenido los jugadores de la Selección, mi padre se fuera de esta vida sin verles ganar un Mundial. Entre él y yo nos habíamos hecho todas las grandes citas y ¡cuántas veces estuvimos tan cerca del éxito final! Siempre faltó algo, un remate, un gol, o sobró una falta, un descuido, un error arbitral... Me

habría conformado con una gran final y me acordé de él. Fue un momento extraordinario que llenó de alegría al país y sirvió para que todos nos identificásemos con un equipo que tiene un comportamiento más allá de lo deportivo, exquisito y cercano.

¿Qué destacaría de su etapa profesional en deportes?

El deporte me ha dado siempre enormes satisfacciones. En la narración me he sentido cómodo y relajado. Jamás le he dedicado más horas seguidas al trabajo como en una competición deportiva. En los Juegos Olímpicos de EE.UU. tuve que levantarme, durante casi un mes, a las 3 la mañana y, como comprenderá, no me iba a ir a la cama sin seguir la competición, así que volví a casa con cinco kilos menos y los ojos en la nuca. Sin embargo, cuando haces las cosas con ilusión y en equipo y sabes que lo que transmites puede llevar la alegría a tu país, las horas de vigilia no pesan. Y en esas trascendentales citas percibes que la cadena para la que trabajas, también está compitiendo. Siempre me ha atraído hacer equipo. Tanto ahora en Antena 3, como en su día en TVE con 'Estudio Estadio', 'Sólo goles' o el 'Telediario', mi prioridad fue hacer una piña con los compañeros. No puedo rendir si no siento el apoyo de los demás.

¿Cómo cree que ha afectado la crisis económica a los profesionales del medio y a las redacciones?

Las privadas hemos tenido que hacer examen de conciencia y adaptarnos a las circunstancias. Lo bueno de estos últimos años es que hay más redacciones de informativos porque han nacido otras cadenas, hemos encontrado acomodo para más personas y vamos a tener la posibilidad de

ver como crecen. Cuando estabas solo en el espectro televisivo de nuestro país, no sabías lo que valías porque no podías compararte a los demás. Con la llegada de otras televisiones y otros compañeros te das cuenta de que hay que seguir aprendiendo siempre... La competencia nos hace mejores.

¿Te queda alguna asignatura pendiente en televisión?

Estoy satisfecho con mi trabajo y creo que lo que tenía que hacer lo he hecho; ahora debo estar atento para no defraudar. Tengo una constante vital que me preocupa y me lleva a ser cuidadoso, que es cumplir de la mejor manera posible con mis obligaciones como informador. El periodismo es un asunto serio que cuenta cosas serias a un público exigente que suele confiar en tí. Cuando las cosas se hacen bien, hasta en esta profesión, duran. Me he esforzado en no añadir nunca una interpretación personal ni una opinión del más mínimo sesgo. Mi posición ante la cámara ha sido de prudencia, he tratado tan solo de informar. Soy consciente de que permanecer en esta labor es algo complicado, así que trato de cumplir con mi obligación de la mejor manera posible. Esa es una asignatura de la que siempre estoy pendiente.

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