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Tras hacerse con Desembarco del Rey y ante la desaparición de Aegon II (Tom Glynn-Carney), Rhaenyra Targaryen (Emma D'Arcy) parecía haber alcanzado por fin el objetivo que perseguía desde el inicio de la guerra: sentarse en el Trono de Hierro. Con Aemond fuera de la capital, todo apuntaba a que la guerra había entrado en una nueva fase.
Sin embargo, el tercer episodio de la tercera temporada de 'La Casa del Dragón', que ya se puede ver en HBO Max, demuestra que conquistar el Trono de Hierro era la parte sencilla. Gobernar un reino dividido, con las arcas vacías y múltiples frentes abiertos, se convierte ahora en el verdadero desafío para la reina.
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Desde los primeros minutos, la serie pone el foco en el enorme peso que supone la Corona. Rhaenyra intenta seguir el legado de Viserys (Paddy Considine) y mostrarse como una gobernante justa y prudente, muy alejada de las decisiones impulsivas que le reclama Daemon (Matt Smith). Mientras su marido insiste en responder con fuego y sangre, ella busca consolidar su autoridad mediante la diplomacia, aunque pronto descubre que cada decisión genera nuevos problemas.
Nada más sentarse en en Trono, la reina descubre que alguien ha vaciado las arcas de la corona, por lo que la falta de recursos económicos impide incluso organizar una gran coronación que legitime su reinado. A ello se suma el descontento del pueblo, la escasez de alimentos, la incertidumbre sobre el paradero de Aemond (Ewan Mitchell) y la presión constante de un Consejo que no siempre comparte su forma de entender el poder. Ni siquiera las audiencias con los ciudadanos resultan sencillas, dejando claro que el Trono de Hierro exige mucho más que vencer en el campo de batalla.

Una falsa victoria termina convirtiéndose en una peligrosa traición
El episodio reserva su mayor sorpresa para el desenlace. Todo comienza con la rendición de Ormund Hightower, que acepta hincar la rodilla ante Rhaenyra y entrega al príncipe Daeron Targaryen. La reina, convencida de haber neutralizado una importante amenaza para su reinado, incluso rechaza ejecutar al joven y decide enviarlo al Muro para que forme parte de la Guardia de la Noche, mostrando una vez más su intención de gobernar con moderación.
Sin embargo, la situación da un vuelco cuando Alicent (Olivia Cooke) no reconoce al supuesto Daeron durante el encuentro organizado por Rhaenyra. La revelación confirma que todo formaba parte de un elaborado engaño: el joven retenido en Desembarco es un impostor y el verdadero Daeron permanece junto a los Hightower, mientras Ormund (James Norton) aprovecha la maniobra para ganar tiempo y hacerse con el control de Tumbleton, mezclando a su ejército entre sus habitantes.
La noticia llega a través del testimonio de uno de los supervivientes que logra escapar de la ciudad, obligando a Rhaenyra a afrontar un nuevo dilema. Su primera reacción pasa por utilizar a sus dragones para arrasar la fortaleza, pero pronto comprende que esa decisión también supondría la muerte de numerosos inocentes. Una vez más, la reina se encuentra atrapada entre la necesidad de vencer la guerra y el deseo de no convertirse en la soberana despiadada que muchos esperan.
Con este episodio, 'La Casa del Dragón' prescinde de grandes batallas y muertes de importantes personajes para poner el foco en las consecuencias del poder. La guerra no se libra únicamente sobre los lomos de los dragones, sino también en los despachos, las decisiones políticas y las traiciones. Rhaenyra descubre que conquistar la capital no le garantiza conservar el reino y que el mayor enemigo de un monarca puede encontrarse tanto dentro de su propio Consejo como al otro lado del campo de batalla.