Serie relacionada
La casa de 'Rafaela y su loco mundo' ya ha abierto sus puertas. La indescriptible comedia de Atresplayer, que lanza un nuevo episodio cada domingo desde el 15 de febrero, recupera el humor chanante para una causa tan absurda como hipnótica. Entre sus filas, tanto delante como detrás de las cámaras, se encuentran referentes de la talla de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Carlos Areces o el creador Aníbal Gómez, pero también estrellas ajenas, a priori, al movimiento manchego.
De hecho, desde una constelación exterior llega precisamente la protagonista, Ingrid García-Jonsson, que se mete en la piel de una adolescente entregada a aventuras desbocadas junto a sus amigas. Con motivo del estreno, hemos podido hablar con la actriz, que viene de dejar huella en Netflix con su interpretación de Yurena en 'Superestar'.

Miranda! (Benidorm Fest): "No queremos sobreensayar ni obsesionarnos para permitirnos una pizca de frescura"
Ku Minerva (Benidorm Fest): "Hay conflicto con el vestuario porque mis expectativas eran altas y no funciona"
Rosalinda Galán: "El Benidorm Fest 2026 va a ser la Super Bowl española; yo soy la Rihanna flamenca"
Benidorm Fest 2026: Primeras impresiones de los participantes tras ensayar sobre el escenario
Selena Leo: "Jamás en la eternidad se va a repetir un reencuentro de Sonia y Selena"
Mayo (Benidorm Fest 2026): "Si queríamos trabajar con Sergio Jaén, teníamos que prescindir de mi equipo"
¿Cómo definirías 'Rafaela y su loco mundo?
Para mí es una serie de risas y pensada para hacer reír. Creo que es algo que ahora mismo quizás no tenemos tanto, ya que siempre hay comedias con mensaje, pero algo que esté pensado como la broma por la broma... Ya no estamos tan acostumbrados. Además, es una serie que se atreve a fantasear y a imaginar mundos muy diferentes y cosas que obviamente no vemos en nuestro día a día, pero que creo que como adolescentes nos hubiera encantado vivir.
Sobre esa fantasía, que está presente desde el primer plano de la serie, ¿cuál fue tu reacción al descubrirla en los guiones?
Me parecían tan divertidos que no podía parar de leer. Los he tenido que comentar en voz alta, no podía quedármelos para mí sola. Era como, 'Mira lo que pone aquí'. Se lo iba contando a la gente. Me salté el acuerdo de confidencialidad como una rata porque tenía muchas ganas de compartirlo. Además, tenía mucha curiosidad sobre cómo lo íbamos a hacer; en el papel muchas veces es incluso más complicado seguir la trama o pillar todos los detalles, así que sentí mucha compasión por Ernesto, que tenía que darle una estructura y una forma a eso, pero creo que lo ha hecho genial.
Es importante que luchemos por nuestra voz y por nuestra singularidad
¿Cómo te preparas y te mentalizas para un papel como el de Rafaela y para participar en un proyecto así?
Yo ya conocía al grupo, pero me daba mucho respeto trabajar con ellos porque son personas muy graciosas y ya se conocen de hace muchos años. Ellos son una máquina muy engrasada a la hora de currar, y no tenía que meterme ahí y no molestar, sino conseguir que mi pieza encajara en ese engranaje. Por tanto, pensé que lo mejor que podía hacer era ir hiperpreparada, me aprendí el texto como si fuera un padrenuestro. Lo llevaba muy currado. Lo había ensayado para hacerlo de 25 maneras diferentes y para entrar a tiempo con los chistes; lo que no quería era fallar. Luego también hay un trabajo de modulación de voz para darle un toque más infantil, inspirado en dibujos animados. Entonces, estuve viendo muchos dibujos, como 'Pippi Calzaslargas' y una serie de 'Supermodelos', para ir pillando también ese tono que tiene el personaje de Rafaela, que es una adolescente muy de cartoon. Ensayé mucho y me lo pasé muy bien. Yo entreno todas las cosas con mi coach, Inés, y ahí estábamos las dos practicando. Para mí las escenas me salían bien cuando conseguía que ella se riera.
Y ya en el rodaje, ¿te costó dejarte llevar y abrazar este tono tan absurdo y meta?
No, la verdad que no me costó nada. Porque aparte de ser las personas más graciosas de España también son unas personas bellísimas. Yo me sentí muy parte del grupo desde el minuto uno. Además, Ernesto confiaba mucho en mí. Nunca sentí que no fuera mi sitio, y eso obviamente te ayuda a tirarte a la piscina y a probar todo lo que se te ocurra.

¿Cómo fue el proceso de colaboración con Ernesto y con Aníbal en el rodaje?
Fue muy bien. Yo tuve una reunión con Aníbal antes de empezar a preparar el personaje para saber un poco qué se había imaginado y por dónde lo llevaba. Y ahí ya vimos que estábamos en sintonía. Con Ernesto no ensayamos, así que le iba mandando notas de audio para ver un poco por dónde imaginaban el personaje. Y a la hora de rodar ya se fue conformando a medida que esto iba avanzando. También como Ernesto y Aníbal lo tenían muy claro... Es más fácil cuando alguien sabe lo que quiere.
Lo más complicado era encontrar un equilibrio, porque yo soy actriz, no soy cómica. Entonces, creo que abordo el trabajo desde un sitio diferente a ellos. En ese sentido, Rafaela es la que tira del carro de estas amigas para que la serie avance, lo cual me tranquilizaba porque es algo a lo que yo estoy más acostumbrada. Igual si me hubieran pedido comedia a tope desde el principio y hacer lo que hacen Joaquín, Carlos o Aníbal, no hubiera podido.
¿Qué es lo que más has disfrutado de este microcosmos chanante? ¿Cómo ha sido vivirlo desde dentro?
Yo he disfrutado mucho de estar con ellos y de escucharles, así como de verles trabajar y escuchar sus batallitas y anécdotas. Eso siempre es muy divertido, la verdad. Es una oportunidad genial para aprender un montón de cosas. Y ellos son muy generosos, lo que más disfruté fue el aprendizaje y su compañía. Yo me levantaba muy feliz sabiendo que por las mañanas iba a verles currar.
La serie había pasado por otra plataforma, pero en la última fase dijeron, 'Qué locura es esta'
Una vez terminado todo ese proceso, ¿cómo ha sido la experiencia de ver la serie?
Estoy muy contenta. Ha quedado mucho mejor de lo que esperábamos. Al final, allí íbamos tan rápido, saltando de un capítulo a otro, que no teníamos muchísimo tiempo para pensar. Había una cosa vertiginosa que creo que también está en la serie, pero creo que eso en una serie como 'Rafaela' funciona muy bien y nos ha favorecido.
Además, hay mucho trabajo por parte del equipo: están muy bien el arte, la fotografía, el vestuario... Hay una apuesta formal muy interesante y muy atrevida. Aparte, también ha sido muy grato ver, para empezar, que te crees que seamos adolescentes. Compras directamente que son chavalas viviendo aventuras y no estás todo el rato planteándote, 'Pero este señor, ¿qué hace?'. Al revés. Haber conseguido llegar al código, que creo que era muy arriesgado, ha sido muy guay.
En la serie hay chistes sobre su propio presupuesto. ¿Fue un rodaje especialmente exigente a la hora de aprovechar cada euro, porque se nota que hay mucho trabajo a nivel técnico y artístico?
Eso tiene más que ver con producción, pero te diría que sí. Y sobre todo que yo sentía que todo el equipo tenía mucha ilusión por hacerlo bien. Es algo que a veces no pasa porque hay gente que está más para llevarse el dinero y ya, pero aquí todo el mundo estaba dando el 100% y queriendo hacer la mejor serie posible.

¿Hubo algún momento en especial en el que pensaras, 'No sé cómo podemos estar haciendo esto'? Por ejemplo, el blanqueamiento en el segundo episodio, que imagino que puede ser algo complicado de asimilar para un ejecutivo.
Hay que pensar que algún ejecutivo habrá con corazón y con sentido de humor, que es algo que Atresplayer ha demostrado en este caso, y que de pronto saben ver más allá simplemente de los números. Pero sí, muchos días decíamos, '¿Cómo puede ser que nos estén dejando hacer esta cosa tan graciosa y que no venga el orco del aburrimiento o de la corrección a pararnos los pies?'. Estamos muy agradecido por la apuesta que ha hecho la plataforma por darle libertad a Aníbal y al resto del equipo.
Creo que esta serie ya había pasado por otra plataforma, pero justo cuando pasó por la última fase y llegó a Estados Unidos dijeron, 'Qué locura es esta'. Creo que aquí han sido muy valientes porque, tal y como están las cosas ahora, que todo el mundo sigue un algoritmo y quiere contentar a todos los públicos, es muy guay que de repente se metan en algo así, que es una serie que creo va a gustar a mucha gente, pero que a priori el algoritmo puede estallar cuando mete los parámetros.
Tanto 'Rafaela' como 'Superestar' siguen esa línea de libertad y originalidad. Como actriz, ¿qué te aportan esos proyectos que se sienten tan únicos? ¿Y qué crees que le aportan a la industria?
A mí principalmente es algo que me inspira. Y me da muchas ganas de trabajar y de seguir haciendo cosas. Siento entusiasmo cuando participo en cosas de este tipo porque noto que estoy haciendo algo especial y único. Y eso obviamente me hace sentir muy bien más allá del riesgo que pueda haber, de si luego se ve o no. Creo que es importante que luchemos por nuestra voz y por nuestra singularidad y que proyectos de este tipo existan, porque no todos somos iguales, nos pueden gustar cosas diferentes. No a todos nos tiene que gustar lo mismo.
Me gustaría que la gente que vea 'Rafaela' sienta que está viendo algo especial, y que eso también les haga sentir bien. Que valoren la estima que nosotros les tenemos como público, ya que muchas veces parece que se trata al público como si fuera una masa poco inteligente, a la que le das cualquier cosa y se la come, y no es así. Al final la masa está formada por muchos individuos que merecen ser vistos y una ficción que les guste y que también te ponga a prueba como espectador y te obligue a estar atento o que te haga pensar cosas diferentes. Ya tenemos el móvil y las redes sociales para freírnos el cerebro. La ficción tiene que invitarte a dar un paso más allá, a soñar y, en este caso, a reírte a carcajada abierta.
No creo que pueda estar toda la vida haciendo cosas raras
Al igual que una serie así es un riesgo para quien la financia, también lo es para ti. ¿Sientes que estás en un punto en tu carrera en el que puedes encadenar más estos proyectos o alejarte de lo que no te aporta tanto?
A mí me interesa la ficción normal también, pero es que no me llega. Me encantaría hacer algo normal. Me encantaría hacer un papel que diga, 'Ah, vale, sé hacerlo', y que no esté aquí en mi casa comiéndome la cabeza por dónde le entro. Pero tal y como se ha dado la vida, estoy haciendo este tipo de papeles ahora mismo, y estoy feliz porque me lo paso muy bien. Es verdad que a mí me gusta abordar el trabajo desde un sitio de diversión. Es muy difícil ser actriz, así que no quiero sufrir con la profesión. Sin embargo, no es una decisión consciente. Yo trabajo donde me llaman. No puedo elegir, por lo menos todavía no.
Trabajos como estos no hay muchos. Yo no sé si jamás podré volver a hacer algo así. He tenido mucha suerte estos últimos años y no sé si volverán a aparecer estos unicornios ni si se seguirán haciendo. Son oportunidades que que no hay que rechazar, pero no creo que pueda estar toda la vida haciendo cosas raras. Hasta Tilda Swinton, que es un referente interpretativo en cuanto a riesgo, también hace de vez en cuando un papelito un poco más normal.
¿Y por qué crees que no te llegan ese otro tipo de papeles?
No lo sé. Supongo que la gente verá en mí algo extraño o que confiarán en mí para este tipo de cosas, mientras que para las otras confían en otro tipo de actriz. Yo también sé que aquí en España no tengo un perfil normal: tengo mucha pinta de extranjera y eso a veces me juega a favor y otras en contra. No soy solo española, pero tampoco soy sueca. Entonces, igual eso es lo que genera que pueda encajar en cosas un poco más diversas, pero la verdad es que no sé. No sé qué ve la gente en mí. Espero que vean una buena actriz y alguien que te salva cualquier cosa, pero prefiero no pensarlo. Si empiezo a pensar en cómo me ven los otros, creo que actuaría para ellos, y en ese sentido soy muy egoísta. Yo interpreto para mí, para pasármelo bien, sabiendo que luego, así, el público se lo va a pasar bien conmigo.