Durante las últimas semanas ha pasado una cosa extraña en mi calendario televisivo. Dos de mis citas imprescindibles (de esas que te hacen decir no a otro plan si se presenta) han dejado de ser una experiencia placentera para convertirse en una obligación en cada ocasión más tediosa. Se trata de la ración semanal de 'House' y 'Sin rastro', que o bien han caído en la monotonía (el primer caso) o bien han palidecido ante un pasado ciertamente más glorioso (el segundo). La experiencia de 'House' es especialmente sangrante. Cierto que, a pesar de lo que han predicado algunos, la serie nunca ha destacado precisamente por la riqueza de sus guiones. Escribir diálogos graciosos para un actor en estado de gracia, en este caso Hugh Laurie, es una cosa. Desarrollar piezas compactas y equilibradas donde tema, estructura y emoción se conjugan con talento, otra muy distinta. Sin embargo, 'House' culminó su primera temporada con un capítulo memorable, 'Tres historias', y comenzó su segunda con otro de parecida altura, 'Autopsia'.
El paso de las semanas y los capítulos está demostrando que esas gotas de genio han resultado ser excepciones en una norma mediocre. Será la pérdida de la novedad, pero House se revela cada vez más con un arrogante y pedante idiota, los casos resultan insufriblemente aburridos (apuesto mi sueldo a que no es Lupus) y los personajes secundarios, que casi nunca se han elevado por encima de meras comparsas, resultan más planos que nunca. El episodio de estreno del martes por la noche, 'El sueño de los justos', fue un perfecto ejemplo de ello. ¿Fui la única que notó la increíble paradoja de que House justificara a la paciente por no contar a su novia que iba a dejarla antes de que ésta le diera la mitad de su hígado y al final la insultara por ello?. La diferencia entre una caracterización compleja y otra contradictoria es la misma entre un filete bien hecho y otro carbonizado. Se trata de no pasarse para complacer al comensal. Los arranques moralistas de House, en teoría y práctica un cínico, tienen tanto sentido como los peinados de Cameron, reducida por la incapacidad de los guionistas a un manojo de nervios.
El problema de 'House' es que, conforme su popularidad aumenta y se convierte en un fenómeno social, mayor es la sensación de que se trata del programa más sobrevalorado del momento. La serie ha impresionado al público con tres gracietas sin lograr elevarse del todo sobre su estructura de procedimental médico (la enfermedad como el criminal al que hay que descubrir). Incluso comparte el increíble sadismo de 'CSI' y la nauseabunda 'Mentes criminales', mostrando sin pudor la dolorosa y dilatada tortura de los pacientes. A este universo le sentaría estupendamente que el Dr. Macizo de 'Anatomía de Grey' se trasladara allí para impartir un seminario sobre los beneficios en la práctica médica de la promiscuidad sexual. Probablemente los ejecutivos de Cuatro estén a estas alturas decidiendo si nombran a sus primogénitos Hugo o Gregorio en honor a sus índices de audiencia, pero para mí el fenómeno 'House' ha dejado de tener gracia.
Comentarios de los lectores
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Es que ahora se puede intimar porque casi nadie recuerda esto sa_lokilla, pero... ssshhhh... :-). /// Caramba, un nuevo que ha dado con esto xD. Feliz 2009 syto ;-)
[ccorleone] 28/08/2008 - 15:48 Así es, y el que diga lo contrario es o bien porque que no ha visto nunca un capítulo completo o si lo ha visto no entiende nada de lo que ve.
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