GH palidece ante el Gran Ojo de la audiencia. El brillo que otrora emanara de la casa de Guadalix de la Sierra se ha ido apagando con el paso del tiempo y de aquel bombazo inicial ya sólo quedan los restos. Las arrugas que han ido inundando escandalosamente el rostro de su sempiterna presentadora pueden ser la señal inequívoca de que algo en 'Gran Hermano' se resquebraja.
Los números cantan. Mientras que las galas del programa en su primera edición superaron con relativa facilidad el 50% de cuota de pantalla -con cifras que puntualmente llegaron a los diez millones de espectadores-, esta séptima entrega tiene que contentarse con llegar al 25% y cuatro millones de seguidores en sus momentos más estelares. La audiencia ha ido apartándose año a año del fenómeno 'GH', y se ha acabado instalando en otras opciones más clásicas. La derrota de todos los jueves ante la serie 'Cuéntame cómo pasó' parece bien significativa de que 'Gran hermano' puede haberse convertido exclusivamente en un producto de jóvenes protagonistas para aún más jóvenes espectadores.
Los actuales datos de audiencia, que se podrían catalogar como buenos para espacios de bajo presupuesto, pueden resultar insuficientes en este caso ante los elevados costes de producción del programa. Y la situación es más grave si tenemos en cuenta a los diferentes espacios de Telecinco (magazines de mañana, tarde y noche) que históricamente han vivido a costa de la Casa y que ahora notan cómo la pérdida de audiencia del buque insignia hace daño también a sus propias audiencias.
Para intentar buscar una explicación a este declive convendría hacer un poco de historia. Todos recordarán que 'GH' supuso en sus comienzos una verdadera conmoción social. Tomado el nombre de la novela de George Orwell "1984" –con aquel escalofriante "El Gran Hermano te vigila", frase emblema de un poder estatal omnipresente -, la clave del éxito inicial del concurso radicó en algo tremendamente simple: el público podía contemplar, desde la impunidad y tranquilidad de sus hogares, lo que hacían a diario otras personas.
Aquello era apasionante, ni más ni menos que la consagración del mirar sin ser visto. A aquella pasión desatada contribuyeron también los propios concursantes, que dejando de lado las cámaras se comportaron tal y como eran. Y los había más inteligentes y más bobalicones, más divertidos y más sosos, más agresivos y más dóciles –no hay más que hacer un poco de memoria para identificar ejemplos muy evidentes de cada caso- pero todos ellos participaron sin cortapisas en el concurso, sin ponerse límites, cometiendo fallos o aciertos de forma natural y no premeditada. El resultado final fue por ello creíble y muy exitoso.
Pero los años han pasado y las nuevas generaciones de concursantes llegan ya resabiados a la Casa. Como tuvieron oportunidad de ver las ediciones anteriores, saben perfectamente cuáles fueron los errores que condenaron a sus predecesores y los logros que les auparon al triunfo. Y en su afán por vencer renuncian a ser ellos mismos. Es decir, actúan, maquinan, forman bloques de interés mutuo, manipulan.
En lugar de intentar convivir con los demás y compartir experiencias libremente, lo que acaban haciendo es comportarse como políticos en busca de pactos electorales. ¿Pero no se dan cuenta de que así vacían de contenido al concurso? Pues si nadie allí dentro tiene ningún don especial – nadie es cómico, ni músico, ni artista... - ¿qué es entonces lo que se le acaba ofreciendo a la audiencia? Nada con sifón, mentira podrida.
No estaría mal que los concursantes vieran, antes de entrar en la Casa, la película "El show de Truman". En ella el personaje interpretado de Jim Carrey muestra cuál es el patrón a seguir. Como no sabe que las cámaras le están grabando, se comporta tal cual es, y eso es precisamente lo que quiere ver el gran público. Y eso es, también, lo que se le está negando en las últimas ediciones de 'Gran hermano'.
Es quizás 'GH7' el caso más claro hasta el momento de la pérdida de contenido del formato. Para darse cuenta basta con hacer un leve repaso a los supervivientes. Ahí está Pepe, el auxiliar de vuelo, fino estratega, frío y calculador, claro exponente de ese empeño por concursar y no por ser uno mismo, por competir y no por convivir. Ni "lado oscuro" ni
edredoning. Él no se casa con nadie y utiliza a quien tiene a su alrededor en beneficio propio. Aunque ha conseguido pasar bastantes rondas, dudo que llegue mucho más lejos, pues suena a hueco. Después tenemos a Javi, el golfista, si cabe más astuto que Pepe, ya que parece mejor persona pero coquetea con "los malos" como lo hace con el "lado claro" – baste observar su último pacto con Jesús –, aferrándose a Raquel Abad como tabla de salvación para posibles naufragios. Ésta, por su parte es como la López, su tocaya. Son sosas, artificiales y bobaliconas, una comiéndose los roscos con Javi y la otra con las ganas de comérselos con Pepe. Ambas ocupan tan poco espacio vital dentro de la casa que si un buen día no apareciesen en antena creo que los espectadores no se darían ni cuenta. Mención aparte merece el cubano. Es agresivo, maleducado y sucio, y aunque se deja llevar por Pepe hay a veces algo fresco y auténtico en él. No le defiendo como persona, pero sí como personaje en la farsa de Gran Hermano. Los responsables del programa deben también tener muy claro que en él hay algo que vende, que hace coger audiencia y que engancha, pues Mercedes Milá le defiende siempre que puede y se han censurado imágenes en las que el joven hacía de las suyas.
Creo no equivocarme al decir que la noche de Reyes fue muy significativa. En tan señalada fecha tocaba, después de mucho tiempo, visita de los familiares de los concursantes. Las reacciones ante la misma fueron de lo más dispar. Mientras algunos se mostraron fríos y distantes – especialmente Pepe y Jesús -, otros parecieron sentirlo levemente - las Raqueles y Javi -. Sólo Dayron y Sara parecieron venirse abajo, desmoronándose ante las cámaras, mostrándose como lo que eran, jovencitos desamparados en la fría Casa. Sin duda, el encuentro con sus respectivos padres – en el caso de Dayron con vídeo de sus abuelas incluido - fue lo más emotivo de la gala. A mi juicio, ambos jóvenes, a los que añadiré a Javi por su gran astucia, se perfilan como favoritos para el triunfo, pues ellos representan lo poco verdadero que ha ofrecido el concurso y también, porqué no decirlo, tienen – los tres - el físico a su favor.
De cara a futuras ediciones, mucho tendrán que trabajar los responsables de futuras selecciones de 'GH' si pretenden levantar su vuelo y que el programa sea algo más que un producto de consumo para adolescentes. Si, como antaño, pretenden llegar también a un público más maduro, tendrán que esforzarse en reclutar personas que den más juego, transmitiendo realidad y no burdas interpretaciones.