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El segundo invitado de este domingo de 'Viajando con Chester' es un hombre al que pocos reconocerán por su nombre, pero seguramente sí por sus vinos. Álvaro Palacios es un riojano que apostó por hacer su sueño realidad comprando unas viñas en Tarragona, cuyas uvas inspecciona manualmente y recoge con mulas.
El vino del Priorat, conocido como La Ermita, ha conseguido prestigio fuera de nuestras fronteras y se ha llegado a subastar. "Se ha subastado alguna vez, sobre todo al principio cuando era una cosa innovadora. Y La Ermita es solo un viñedo y ahora es escaso", ha comentado, asegurando que la primera vez dio para 1.4000 botellas.
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Además, ha afirmando que el precio de una de sus botellas ronda y sobrepasa los 1.000 euros. "Hay vinos que cuestan incluso 100.000 euros. Llegan a ser fondos de inversión. Esto sucede en Burdeos, invierten en cajas de vino y las dejan durante años en cajas a una temperatura perfecta", ha explicado.

"En la inversión del vino hay mucho snobismo"
Por otro lado, Palacios reconoce que mucha gente ha invertido en vino por moda, aunque cada vez ya menos. A su parecer, la gente probaba un vino provocando una situación intelectual en vez de disfrutarlo. Sin embargo, reconoce que el snobismo les ha venido bien a los viticultores: "Ha permitido que mucha gente pueda hacer vino y se pueda perfeccionar. Y por fin se pagan los vinos".
El exitoso viticultor se ha mostrado totalmente en contra de usar la tecnología para hacer vinos. Hay que trabajar al viñedo, entenderlo y darle cariño. Consiste en hacerlo de manera ecológica, manual y sin que haya químicos. En una hectárea de tierra cultivada ecológicamente puede llegar a haber una tonelada de lombrices y no hay que matarlas porque dan a la tierra una textura especial, limpia y natural.
"En el extranjero quieren vinos españoles"
Pepa Bueno no ha dudado en preguntar a Álvaro por qué tiene más renombre el vino francés en el extranjero en lugar del nuestro, cosa que también ocurre con el aceite. "Hay que tener autodefinición aunque esto ha cambiado mucho. Cuando yo empecé a salir fuera con la bodega de mi padre, en los restaurantes de países extranjeros había solo dos vinos españoles", ha explicando, asegurando que fuera están deseosos de tener productos de España.
"Los jóvenes han recuperado zonas de vinos que estaban olvidadas. Se está recuperando", afirma el viticultor, señalando que a los países agrícolas no hay que darles la espalda porque tienen mucha riqueza en sus tierras.
Por último, ha comentado que en su bodega, durante la recogida, hay unas 50 o 60 personas trabajando e inspeccionando grano a grano, lo que le permite tener un vino tan especial. "Mis trabajadores son gente de la zona y algún inmigrante. Antes de la crisis no encontrábamos ni a un tractorista", ha contado Álvaro.