El auge de la compra online supuso, hace ya más de una década, un duro revés para las tiendas físicas, que veían en muchos casos cómo se convertían en "probadores" de lo que luego se compraba online. Una de las más perjudicadas fue El Corte Inglés, que tras la adquisición de Galerías Preciados en 1995 disponía de decenas de edificios en el centro de casi todas las capitales de provincia españolas.
Mucho ha llovido desde entonces, pero una de las formas de diversificación que mejor le ha funcionado a la compañía española ha sido la del alquiler. Subarrendar a terceros partes de sus tiendas, en ubicaciones potentes y con un alto tráfico de clientes, ha ido suponiendo un negocio al alza año tras año. Lo que primero fue algo puntual a ciertas marcas de lujo, se ha convertido en un verdadero negocio que, además, recientemente se ha extendido a peluquerías, ópticas o clínicas dentales.
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Este negocio supone ya un 6% de los beneficios del gigante del comercio con múltiples ventajas, entre ellas la ausencia de costes de personal y la generación de ingresos estables relativamente inmunes a los vaivenes de la economía y el consumo, que sobre todo soportan los arrendadores.
El alquiler de franjas llega a la televisión
Un modelo análogo acaba de nacer en la televisión estadounidense. Allí, los estragos del streaming llegaron antes y muchas grandes networks han acusado la rápida transformación de su modelo de negocio. CBS sorprendió cuando, hace unos meses, anunciaba la cancelación de su veterano 'Late Show' tras 33 años (22 con David Letterman y los últimos 11 con Stephen Colbert).
Una decisión con muchos tintes políticos (Paramount, dueña de CBS, acababa de ser adquirida por Skydance, un grupo más cercano a Donald Trump) pero desde luego también económicos: el late night estadounidense se ha trasladado esencialmente a las redes sociales, especialmente YouTube, donde los segmentos acumulan millones de visualizaciones más que en la television lineal. Sin embargo, la plataforma de Google monetiza mucho peor que la emisión tradicional, y hace inviable su producción, que requiere de un gran desembolso. Sólo el programa de Colbert empleaba a más de 200 personas.
La solución de CBS ha sido, desde luego, sorprendente. Ha alquilado la franja de emisión de su late night a la productora del empresario y cómico Byron Allen en lo que los americanos han denominado "time buy". Ahora, se emitirá el programa 'Comics Unleashed', pero no de una forma tradicional. Habitualmente, la cadena paga a una productora para que realice un programa y ocupe determinada franja. Esta productora cobra de la cadena, y es esta última la que tiene la decisión final sobre los contenidos del programa, que luego rentabiliza mediante anuncios y otras publicidades.
En este caso, el mecanismo funciona al revés: es la productora (el arrendatario) la que paga un fijo a la cadena por "alquilar" esa franja durante un determinado tiempo. La productora decide lo que emite y cómo lo emite, cubre todos los costes de producción, y se encarga también de rentabilizarlo, vendiendo sus propios anuncios o acciones especiales.

Para CBS es, en cierto modo, un alivio. No tiene que preocuparse más por la audiencia ni la producción de esa franja, y sabe de antemano lo que cobrará por ella durante todo este tiempo. La productora asume más riesgos, no sólo tiene que producir contenidos que sean atractivos para el público, también tiene que saber vender bien sus anuncios. La contraprestación, a cambio, pueden ser mayores ingresos si lo ejecutan con éxito. O si sus costes de producción son muy bajos.
Un modelo pionero pero con ciertos peligros
Este tipo de negocio es relativamente innovador en televisión y, aunque CBS lo presenta como una pequeña salvación a la televisión tradicional, también tiene sus riesgos. En nuestro país, este tipo de alquileres es relativamente desconocido. Sí es habitual que se alquilen frecuencias de canales enteros (como han tenido en la TDT Disney Channel o MTV, entre otros), pero los alquileres de franjas han estado básicamente limitados a algunos espacios de teletienda en cadenas menores o a horas intempestivas.
Tal vez lo más similar haya sido la emisión que, durante varios meses, acordaron la productora La Osa con Ten TV y su Canal Quickie, aunque este acuerdo no era exactamente igual, ya que Ten seguía siendo la responsable de conseguir la publicidad.
En Estados Unidos, el modelo está predispuesto a funcionar mejor, ya que allí las cadenas generalistas están estructuradas como una red de emisoras locales que se alquilan a una gran network y con programación local en parte del día, lo que facilita este tipo de subalquileres.
Un modelo así en la television española tendría sus peligros, sobre todo en una cadena generalista de primer nivel como es CBS en Estados Unidos. El late night es, dentro de lo que cabe, una de las franjas más "seguras", puesto que su influencia se ha ido diluyendo en los últimos años, y no tiene efecto arrastre. En cualquier otra franja, la audiencia del programa anterior acabaría afectando al que viene después, y esto es algo que las cadenas deberían asumir con mucho cuidado.
Está, por último, la percepción y la imagen de marca. La franja alquilada puede tener contenidos que no casen con la imagen de marca de la cadena y, aunque siempre pueden delimitarse por contrato, un programa que no pega con la identidad de una emisora acaba siendo perjudicial para la propia emisora.
No sabemos si los alquileres de franjas o "time buys" acabarán siendo la salvación de la televisión en abierto, pero desde luego sí parece un modelo que irá ganando popularidad en los próximos años por sus ventajas a la hora de garantizar cierta sostenibilidad en el sector audiovisual.