Atrás quedaron los años en los que las megaestrellas de la música sacaban a algún afortunado anónimo del público a cumplir el sueño de vida apareciendo unos minutos en el escenario con ellas. Lo que se lleva ahora es sacar a famosos, preferentemente influencers o relacionados con el mundo de la televisión.
La moda es que cada concierto tiene que tener ahora una sección para lucir celebrities. El origen del fenómeno no está del todo claro, pero Sabrina Carpenter comenzó su "Short n Sweet Tour" "arrestando" a algún fan del público en cada concierto. Un día, la cantante arrestó al cómico de 'Saturday Night Live' Marcello Hernández, con quien había protagonizado un sketch en el programa. Hernández fue arrestado interpretando el personaje de Domingo, el mismo al que dio vida en el sketch.
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La aparición se convirtió en un fenómeno viral sin precedentes. A partir de ahí, adiós a los anónimos arrestados, hola a los famosos: Anne Hathaway, Nicole Kidman, Salma Hayek, Margaret Qualley, Ayo Edebiri, Corey Fogelmanis... en cada concierto un famoso distinto. Y en cada concierto, vídeo viral y réplica en todos los medios. Publicidad constante y gratuita mientras dura la gira.
El confesionario de Rosalía y la casita de Bad Bunny
El fenómeno funcionó tan bien que las réplicas paralelas se han dejado sentir por multitud de giras mundiales, como Charlie XCX, y también con artistas en español. El confesionario de Rosalía durante su Lux Tour ha recibido, entre otros, a Yolanda Ramos, Shannis, Soy una pringada o Guitarricadelafuente.
Y Bad Bunny ha traído a España su célebre "casita" dentro de la gira "DeBÍ TiRAR MáS FOTos", donde la sola presencia de Marc Giró o Lamine Yamal ha ocupado todos los medios, pero pero donde también pasaron, en otras ciudades de la gira, Penélope Cruz, Ricky Martin, Ana de Armas, Javier Bardem o Pedro Pascal.
En todos los casos, la liturgia es la misma. Puede parecer improvisada, pero son contenidos altamente pensados y preparados para TikTok por duración y formato. Esperan viralizarse por las grabaciones de los fans anónimos a las enormes pantallas que acompañan a los artistas en las giras, pero por detrás hay toda una realización de cámaras y, en la mayoría de los casos, un guion por detrás.
Sólo hay que ver el "arresto" a Nicole Kidman, que parece sacada del público pero en realidad lleva tiempo dentro de un perímetro de seguridad bien preparada (y maquillada) y con un par de cámara fijas para captar todos sus movimientos en las pantallas gigantes.
Las ventajas son infinitas y una relación win-win entre el cantante y la estrella invitada, que consiguen exposición en redes rápida y casi sin esfuerzo. De cara al público, para el que no asiste a la gira, presencia en redes sociales y medios gratuita y constante (como no se repiten, cada concierto se mantiene en la conversación con un celebrity nuevo), y para el que va a acudir, un aliciente de sorpresa, de saber quién será el que aparezca en escena acompañando la atracción principal.